Luna Elegida

Capítulo 6

REYNA

—Ahora son princesas, no pueden actuar como puercos sin inteligencia. Así que agudicen sus oídos y escuchen con atención. Una norma esencial de una princesa es que jamás se mete en asuntos de política, religiones o dioses. Abran el primer apartado del libro Cómo ser la mejor princesa para que empecemos con la lección de hoy.

Es lunes.

Es el día siguiente al encuentro que tuve con el rey Devon en la hora del desayuno. Desde entonces no he vuelto a hablar con él. Tampoco ha llamado a ninguna de las elegidas para cumplir con sus citas. Como primer día de la semana, las puertas de la academia de princesas de las elegidas se han abierto para nosotras. Hay cámaras en cada esquina del aula.

La academia está al lado del palacio de las elegidas. Mucho más alejado que el palacio del rey, tienes que caminar por un sendero lleno de flores silvestres y musgo, la piedra resbala tus pies si intentas ir más deprisa. Para llegar al claro del bosque donde se localiza la academia, tienes que pasar por un arco de flores. Es una estructura ruda, de piedra caliza y con emblemas y estatuas de licántropos en todas partes. Numerosas ventanas. Casi de tres pisos. Con una azotea.

Solo llevo unas horas aquí, y quiero irme.

Es un aburrimiento.

—El primer capítulo trata sobre el despertar de la corona. No todas las princesas nacen en castillos —explica la profesora Emery.

Tengo entendido que es una licenciada en la educación de futuras princesas.

En este lugar te enseñan, aprendes y te inculcan cosas sin sentido que solo te servirán para aparentar ser una princesa sensacional. Pero hay cosas muchos más valiosas que están escondidas, mucho más importantes que identificar si eres una princesa o no.

A mí no me interesa ser una princesa.

Me interesa ser la reina.

Quiero el poder.

Estoy harta de vivir con miedo.

—¿Alguna vez han sentido un calor dentro del pecho? —pregunta la profesora.

Una de las elegidas levanta la mano con una sonrisa eufórica, se trata de Melissa Merluso. La sirena. Su vestido me trastoca la visión, la tela brilla demasiado cuando el sol descansa en la prenda. Su cabello hoy está recogido en una forma extraña, jamás había visto ese peinado. Supongo que en su región está de moda. No le queda mal, solo que yo estoy tan acostumbrada a la normalidad que no valoro la nueva tendencia.

—Hable, princesa Melissa.

—Yo siento justamente eso, cuando ceno arenques y están un poco pasados. ¡Uy, eso sí que me da ardor! Y después viene la bomba...

Una oleada de risitas perturba el espacio.

La sonrisa de la profesora Emery se evapora al instante. Un grupo elegidas se están burlando de la sirena, no solo eso, sino que la están insultando y llamándola asquerosa. Los músculos empiezan a hervir de la rabia. No puedo con las injusticias. No ha sido nada malo para que estén riéndose.

—Con razón huele tan mal —murmura una elegida.

—Imagínate si es la elegida del Rey, en la noche de bodas lo asesina con el olor a pescado cuando le levante la falda —se burla otra.

Están detrás de mí, por lo que no las puedo ver. Pero estas palabras me parecen suficiente para intervenir.

—También me pasa cuando bebo sangre de lagarto. Esos bichos si que están ácidos, no lo recomiendo, después da diarrea. Oh sí, una diarrea muy extrema. Recuerdo que cuando trabajaba en la mina no tenía ningún animal a la mano para comer, así que opté por exprimir al lagarto que pasaba por las rocas. Dos horas después, cagada extrema.

Escucho una el sonido de arcada y sonrío. Ahora las burlas y muestras de asco se dirigen a mí. Justo donde quiero que este, porque yo si puedo poner a todas estas malhabladas en su lugar. Me doy la vuelta ignorando las facciones horrorizadas de la profesora, observo a mis compañeras fingiendo tranquilidad.

—¿Qué pasa? ¿Nunca tuvieron diarrea? —les pregunto.

—Que asco, por los Dioses.

—Creo que voy a vomitar.

—Las princesas también cagan. Y a juzgar por sus rostros, lo necesitan. Parecen que tienen un palo metido por el culo —escupo sin pensar.

—¡Basta, princesa Reyna! No voy a permitir ese tipo de vocabulario en mi clase.

Puede que todos los años que pase en la mina haya dañado mi vocabulario. Rodeada de mineros robustos y sin ningún tipo de educación, tuve que saber moverme en ese entorno y ser uno de ellos para que mi situación no mejorara.

Le echo un vistazo a Melissa, está aterrorizada la pobre muchacha. No sé porque, pero hay algo en su esencia que me gusta. Tiene un aura tranquila y dulce, no es como las demás. Me recuerda a mi hermana pequeña Diove, siempre fantasiosa y como un algodón de azúcar. Ni siquiera entiendo porque la defiendo, no debería hacerlo. No soy su amiga, pero la mirada que me regala, esa mirada de agradecimiento.

La profesora se desplaza hasta mi mesa con las cejas alzadas, atrapo un bolígrafo dorado en mis dedos y lo aprieto para calmar la ansiedad. Todo el mundo está observándome. Estoy segura de que para el reality esto debe ser un momento jugoso para exprimir. Así que les voy a dar uno que no puedan olvidar.

—¿Y qué se permite aquí?

Eso la enfurece.

—No siga por ahí, princesa Reyna —murmura entre dientes.

—Mejor enseñe a las crías de los licántropos a no asesinar. Todos tenemos alma, familia y una vida que solo será arrebatada por los Dioses cuando ellos nos reclamen. Enséñeles a no ser asesinos. A no masacrar reinos.

—Le pido que abandone mi clase, después hablaré con usted.

🌙

Mi primer día en la academia.

Y creo que ya me van a expulsar.

¿Qué donde estoy ahora? Bueno pues en el recibidor de la academia, en un banco al lado de un gran ventanal que da al inmenso bosque y al jardín exterior. Cuento las flores que hay mientras me lleno de aburrimiento esperando el regaño que se me viene encima. Es la hora del receso y aún no he tenido noticias de nadie, tan solo he esperado aquí como me indicaron.




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