Luna Elegida

Capítulo 8

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REYNA

La mazmorra está fría, oscura y un olor a podrido inunda cada estúpido rincón. Una pequeña abertura en el techo que da al exterior, escupe rayos de sol. Todavía es de día, deben ser las cinco de la tarde. Llevo horas metida aquí. Mi vestido ha adquirido un tono marrón en los ribetes de mis pies. Mis músculos pesan y duelen. La sangre sigue pegada en mi boca, he intentado limpiarme, pero solo lo he arruinado más.

Y ese sabor permanece en mí mente.

El rey Devon sabía delicioso.

—¿Hay alguien hay? —hablo, cansada de tratar de defenderme. —¿Hola? Yo no he herido al rey. Alguien está ahí afuera y pretende matarlo. ¡Tienen que hacer algo!

—¡Cállate, estúpida vampira! ¡O te abro las compuertas y te tiro al sol! —grita enfurecido uno de los guardias.

Que trató tan desagradable.

Además, el hechizo no se ha disipado. Todavía puedo estar a la luz del sol sin tener quemaduras mortales. Así que si me tira como él dice, no sucederá nada. Al contrario, tal vez pueda huir.

Ellos creen que yo fui la quien intentó matar a Devon, pero eso no es cierto. Puede que me volviera un poco ansiosa cuando su sangre se esparció, pero no es justo. A él le clavaron una flecha de plateada, yo ni sé donde se consigue ese arma. Ni vi nada inusual en el bosque. A lo mejor como me estaba besando...

Me estaba besando.

Y me estaba encantando ese beso.

¡No puede ser!

¿Él está muerto?

¡No puede estar muerto!

Es un rey Alfa, los reyes licántropos son casi inmunes, hay pocas cosas que puedan destruirlos. Una simple lanza hecha de plata no le matarán. Solo están exagerando, si el atentado hubiera sido con otra elegida, no estaría aquí. En una mazmorra. Y acusada de posible asesinato.

Una rata se pasea por mis pies con libertad, no me asusta, vi muchas como estás en las minas de Vampyr. De hecho, Diove quería una rata como mascota, pero papá dijo que no, que eran unos roedores y que necesitamos matarlas para beber su sangre y alimentarnos.

—Oye, tu. Tienes que averiguar si el rey está vivo —le digo a la rata.

El roedor me examina un segundo, después me ignora y olisquea el trozo de pan tirado a mi lado. Le pego una patada, el animal chilla y abandona mi celda para ingresar en la de otra persona.

Estoy de muy mal humor.

No siento las muñecas, unos grilletes me mantienen apresada de los pies a la cabeza. Uno en mis muñecas. Otro en mi vientre que me aplasta contra la pared de piedra, otro en los tobillos. Otro en el cuello. No puedo moverme un solo centímetro y es frustrante.

—¿De verdad has intento matar al rey?

Es la voz de alguien, pero no lo reconozco. Viene de las celdas cercanas.

—Yo no he matado a nadie —respondo seca.

—¿Y por qué te han encerrado aquí entonces?

—Una confusión.

La persona se ríe.

Creo que es una mujer.

—Una confusión...Los guardias no te encierran por confusiones. Algo debiste hacer. Te conozco, sé quién eres —asegura ella.

Intento mover mi cabeza para ver si puedo reconocerla, pero todo está oscuro en su celda.

—¿Quién soy? Según tú —cuestionó burlándome.

—Reyna Larsson, la elegida. Te vi en televisión antes de que me encerraran, eres una vampira. Dijiste que los licántropos son asesinos. Ten cuidado, mi gente puede enfadarse y arruinarte la vida.

Trago saliva.

—Sobre eso..

—Los verdaderos asesinos son otros —afirma, tiene la voz pesada. Como si estuviera cansada de estar aquí, como si llevara semanas enteras.

La rata chilla en otro lugar, alguien me confirma que la ha capturado.

—¿Cómo dices?

Un guardia aparece en el pasillo de las mazmorras, pasa por mi celda y se introduce en ella abriendo los candados. Creo que es mayor, porque tiene el tono de persona ya cansada de la edad.

—Que los asesinos no se dejan ver tan fácilmente. No todos los monstruos tienen colmillos afilados y gruñen.

El guardia se posiciona delante de mí, empieza a quitarme los grilletes de las piernas. La mujer no dice nada más, creo que tiene miedo.

—¿Vas a sacarme? ¡Te dije que yo no era...

Lanzó un chillido de dolor.

No me está quitando el grillete el tobillo, sino quitándolo de la pared donde está clavado para tirar de él. Me ha lastimado una pierna. No entiendo que está haciendo, hace lo mismo en mi cuello, en mis manos. Las cadenas pesan cuando vuelve a tirar de mi, sacándome de esa esquina por la fuerza. No puedo andar, porque me arrastra tan fuerte con las cadenas, que no puedo moverme.

Mi vestido se levanta al ser arrastrada por los pasillos de la mazmorra, utilizo mis manos para que no me lleven golpes de las piedras del suelo. La tela de la falda de mi vestido se rasga, mi tiara hace mucho que ha dejado de estar en mi cabeza. Me sube por unas escaleras, bueno, no me sube, me tira para que salte los peldaños. Con dificultad subo, no sin que me lleguen arañazos en los brazos por la pared robusta.

No entiendo. No entiendo nada. ¿Donde me lleva? ¿Me va a sacar de aquí?

🌙

No me han liberado.

Me están torturando.

La plaza de la ciudad se extiende a mis espaldas, un grupo de licántropos está observando la escena desde abajo de mi posición. Las elegidas están sentadas esperando mi final. La madre del rey sentada en el trono que debería ser mío. ¡Ese trono debería ser mío! Pero voy a morir. Devon no está en su lugar, no hay rastro de él. Nadie me ha dicho si ha muerto, pero se supone que sí.

Es de noche, la luna se enrosca en el cielo con algunas nubes grises flotando al compás. El aire huele a chamuscado, son las ramas que hay bajo mis pies, sus llamaradas se alzan ferozmente pretenden consumirme.

Todos están expectantes, están esperando mi muerte.

Siento el flash de unas de las cámaras del reality, reproduciendo todo mi dolor. Esos hijos de puta no respetan nadan. ¡Me van a matar en livo! Dioses, mi familia debe estar viéndome en la televisión. ¡Mis pequeños hermanos tienen que estar desconsolados!




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