La mañana siguiente a la ceremonia amaneció con un frío que calaba hasta los huesos. La lluvia había empapado el bosque y el suelo estaba cubierto de hojas resbaladizas, pero la determinación de Luca no menguó. Aiden lo observaba con una mezcla de orgullo y preocupación, consciente de que lo que les esperaba no era solo una prueba física, sino una confrontación con sus propios miedos y secretos más profundos.
El mapa antiguo aún descansaba sobre la madera rugosa de la mesa de la cabaña, sus símbolos brillando tenuemente con la luz de la mañana. Luca lo repasó varias veces, memorizando los caminos y cruces que los llevarían hacia el Umbral, un lugar nombrado con reverencia y temor por la manada. Se decía que solo quienes tuvieran la voluntad inquebrantable y el corazón valiente podrían atravesarlo sin perderse en la oscuridad que lo habitaba.
—No importa lo que encontremos —dijo Luca, mirando a Aiden a los ojos—. No voy a retroceder. Estoy contigo, hasta el final.
Aiden asintió, sus músculos tensos pero su mirada llena de ternura.
—Entonces salgamos ya. La luna tendrá que guiarnos en la parte final del camino, pero el día es nuestro primer paso.
Prepararon lo necesario: una pequeña mochila con comida, un cuchillo ancestral que Aiden llevaba como talismán, y una linterna antigua que había pertenecido a un antepasado de la manada. El silencio entre ellos era cómplice, lleno de palabras no dichas pero profundamente sentidas.
El trayecto los llevó primero a través de senderos reconocibles, luego se adentraron en zonas donde la vegetación era densa y caprichosa, como si quisiera ocultar algo. Aiden guiaba con destreza, usando instintos que superaban la lógica y anticipando peligros ocultos. Luca dependía de esa guía, pero también comenzaba a confiar más en sus propios sentidos, que parecían afinados por la cercanía de la luna y el vínculo con Aiden.
Al caer la noche, llegaron al borde de un acantilado donde el viento ululaba y la neblina formaba cortinas fantasmales. Allí estaba el Umbral, marcado por una formación rocosa que parecía una puerta natural, cubierta de musgo y símbolos tallados con precisión antigua. Una sensación de reverencia y temor se instalado en sus corazones.
—Esto es lo que nos divide del origen —murmuró Aiden—. Más allá de esta puerta, todo puede cambiar.
Respiraron, y juntos cruzaron la línea que marcaba el inicio del Umbral. El mundo pareció transformarse: el aire se volvió más denso, los sonidos más distantes y sus propios latidos resonaban en sus oídos como tambores de guerra y paz simultáneamente.
Caminando por el sendero estrecho y sinuoso, comenzaron a recibir visiones difusas: fragmentos de recuerdos antiguos que parecían tanto de la manada como personales. Luca vio imágenes de Aiden convertido en lobo bajo lunas pasadas, luchas internas y momentos de soledad profunda. También imágenes propias, de miedos escondidos y deseos prohibidos que nunca había admitido.
Aiden le tomó la mano, y fue ese contacto humano el ancla que lo mantuvo firme frente a la caída en la oscuridad. Sabían que el Umbral no solo era un lugar físico, sino un espacio donde sus almas serían puestas a prueba.
Después de lo que pareció una eternidad, llegaron a una cámara natural, iluminada tenuemente por cristales que emitían una luz suave y azulada. En el centro, un espejo antiguo reflejaba no solo su imagen sino sus verdaderas esencias: la dualidad de humano y lobo, de debilidad y fuerza, de miedo y deseo.
Luca se acercó y vio en el reflejo no solo su rostro, sino fragmentos del pasado de Aiden y de la maldición que pesaba sobre la manada. Una historia de traición, de poder oscuro sembrado en generaciones anteriores, de una lucha por la libertad y la aceptación.
—¿Esto es real? —preguntó Luca, con la voz entrecortada.
Aiden asintió.
—El Umbral nos muestra lo que debemos enfrentar. Para liberarte a ti y a mí, y a todos los que han sufrido, tendremos que aceptar la verdad completa, por dolorosa que sea.
Ambos se abrazan frente al espejo, conscientes de que ese momento era solo el preludio de una batalla mayor: la lucha por romper cadenas antiguas y escribir un nuevo destino.