Luna entre nosotros

Espejismos y verdades

Tras el abrazo frente al espejo, el silencio dentro de la cámara parecía un espacio suspendido entre el presente y el pasado. La luz azulada de los cristales jugaba con las sombras, reflejando rostros, manos entrelazadas y recuerdos fragmentarios que ninguno de los dos podía evitar confrontar.

Luca sintió cómo el peso de las generaciones anteriores caía sobre sus hombros con una mezcla de asfixia y determinación. No era solo la maldición de la manada ni el legado de Aiden: también era el futuro que juntos podrían decidir forjar, si lograban comprender la verdad completa.

Aiden rompió el silencio con una voz cargada de sinceridad.

—Este espejo muestra lo que llevamos dentro, no sólo lo que queremos ver. Y la verdad puede doler, pero también liberar.

Luca asintió y extendió la mano para tocar la superficie espejada. Al instante, el cristal vibró bajo sus dedos y el reflejo comenzó a transformarse, revelando escenas que no comprendía al principio: un anciano misterioso, símbolos tallados en piedra, rituales a la luz de la luna, y una figura oscura cuyo aura emanaba un poder frío y opresivo.

—Ese es el origen —dijo Aiden—. Un ancestro que buscó controlar la manada usando magia prohibida, encadenando a nuestra sangre a una maldición que perdura. Conforme aprendamos más, más difícil será mantenernos intactos.

La sensación de vulnerabilidad creció, pero también lo hizo la confianza entre ambos. Se miraron, sabiendo que no estaban solos; que su unión era el ancla frente a la tormenta.

Decidieron seguir adelante, dejando el espejo atrás para explorar un corredor que descendía en espiral hacia lo profundo de la cueva. El aire se volvió más frío y denso, como si cada paso los acercara no solo a un lugar físico, sino a un secreto enterrado en las profundidades del tiempo.

Las paredes estaban cubiertas de grabados antiguos —lobos, lunas, cadenas rotas— y cada símbolo parecía narrar una parte de la historia que debían entender para romper la maldición. Luca se agachó para tocar una inscripción y pudo sentir una leve vibración, como si la piedra reconociera su presencia.

Aiden le susurró al oído:

—Esto no es solo historia. Es poder. Y puede ayudarnos o destruirnos.

En un recodo del túnel encontraron un altar pequeño, y sobre él, un libro encuadernado en cuero oscuro. Lo abrieron con cuidado, y las páginas mostraban un lenguaje críptico, dibujos que mezclaban la vida humana y la lupina, con anotaciones que hablaban de sacrificios, pactos y esperanzas.

Luca leyó en voz alta algunos fragmentos, tratando de descifrar el significado. Cada palabra era una puerta, una pieza del rompecabezas que se complicaba a cada instante.

La realidad de la maldición era más compleja y oscura de lo que cualquiera había imaginado.

Sintieron un temblor en la tierra y un ruido sordo que venía desde lo profundo; la cueva parecía despertar, recordándoles que el pasado no se enfrentaba impunemente.

Aiden agarró la mano de Luca con fuerza.

—Debemos estar preparados para todo —dijo, con una mezcla de miedo y coraje—. Esta noche será decisiva.

Salieron del Umbral cuando las primeras luces del alba comenzaron a filtrarse, y la luz del día pareció un bálsamo para sus almas agotadas. Pero sabían que la verdadera prueba apenas comenzaba.




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