Los días posteriores a su regreso del Umbral estuvieron cargados de un silencio tenso. La manada se mostraba unida pero vigilante, consciente de que algo oculto comenzaba a moverse en las sombras del bosque y más allá. Cada miembro se preparaba para lo inevitable, fortaleciendo vínculos y poniendo a prueba sus habilidades.
Luca, aunque humano, sentía un cambio interno. Ya no era sólo un observador; se transformaba con cada experiencia, aprendiendo a interpretar las señales, a escuchar los susurros del viento y a responder con valentía cuando la oscuridad se aproximaba. Su relación con Aiden se fortalecía, sosteniéndolo en momentos de duda y miedo.
Una noche, mientras la manada mantenía una guardia silenciosa, Luca escuchó un ruido diferente, un paso que no pertenecía a ninguno de los conocidos. Sigilosamente alertó a Aiden y juntos avanzaron hacia la fuente del sonido. En un claro entre la maleza, encontraron un símbolo tallado en un árbol: una marca antigua, oscura, que nadie había visto antes.
Aiden frunció el ceño al contemplar la señal.
—Esto no es solo advertencia. Es un desafío.— dijo con voz grave.
Luca sabía que la sombra que acechaba no sólo buscaba confrontar a la manada, sino romper la frágil paz que ellos habían construido.p
Ambos se hicieron una promesa de un enfrentamiento que pondría a prueba no solo sus fuerzas sino la profundidad de su amor y lealtad.
La promesa que sellaron esa noche bajo la tenue luz de la luna era más que palabras: era un juramento grabado en sus almas, una fuerza silenciosa que los sostendría cuando la oscuridad se desatara del todo. Pero no tardaron en comprender que el desafío que los esperaba no respetaba pactos ni corazones.
Esa misma noche, mientras la manada descansaba en el refugio, un aullido rasgó el aire, diferente a cualquier otro que hubieran escuchado. No era ni el llamado de la manada ni el eco lejano de algún animal salvaje. Era un sonido que llevaba en sí mismo un mensaje: la amenaza había llegado y buscaba romper su unidad.
Luca y Aiden se miraron, tensos pero unidos. Sabían que debían actuar con rapidez, con la colaboración de todos, porque aquella era una batalla que trascendía lo físico: era una lucha por preservar la esencia misma de su comunidad y su amor.
El claro donde se había tallado la marca se convirtió en el punto de encuentro. Allí, bajo un manto de árboles centenarios, los miembros más fuertes se reunieron en un círculo de defensa mientras los jóvenes aprendices recibían instrucciones para proteger a los más vulnerables.
La noche se volvió una sinfonía de susurros, pasos y miradas alertas. Aunque la oscuridad parecía prensar el bosque con sus garras invisibles, dentro del círculo la luz de la lealtad y el coraje ardía intensa, mostrando que ninguna sombra podría extinguir lo que han construido juntos.
En los momentos de calma relativa, Luca sostuvo la mano de Aiden, encontrando en ese gesto la fuerza para enfrentar lo que sea que viniera.
—No importa cuán oscuro sea el camino —murmuró Luca—, con tú a mi lado, siempre habrá una luz.
Aiden asintió, y en sus ojos brillaba la certeza de que aquella promesa sería el escudo que los protegería en la tormenta.
Mientras el viento soplaba más fuerte entre las ramas, un ímpetu incontrolable se levantaba en el horizonte. El enfrentamiento sería inevitable, pero la manada, y sobre todo su amor, estaba listo para desafiarlo sin temor.