Luna entre nosotros

La vigilia eterna

La luna renacida colgaba en el cielo como un ojo plateado de aprobación, bañando el claro donde las manadas unidas celebraban su victoria con un festín de caza fresca y relatos que se entretejían como raíces de un árbol ancestral. Fuego crepitante iluminaba rostros exhaustos pero radiantes: Kael alzaba su copa de hidromiel encantado hacia Aiden, reconociendo en él no solo a un igual, sino a un hermano forjado en batalla; Elara compartía risas con los jóvenes lobos de la manada original, sus ojos ámbar suavizados por la camaradería nacida del caos. Luca, sentado en el regazo de Aiden con una manta tejida de pieles sobre los hombros, sentía el calor de su compañero filtrarse en su piel, un bálsamo contra el frío residual del abismo.

Pero la euforia era frágil. La anciana sabia, reclinada contra su bastón que aún pulsaba con ecos del ritual, advirtió en voz baja: "El primordial duerme, no muere. Sus pulsos residuales llaman a guardianes dormidos en otros reinos. Nuestra unión debe convertirse en vigilia eterna". Los pergaminos desplegados confirmaban sus palabras: mapas estelares marcaban sitios lejanos donde sombras similares se agitaban, y profecías hablaban de un "humano de luz lupina" —Luca— como clave para un sello definitivo.

Los días siguientes transcurrieron en un torbellino de consolidación. Las manadas establecieron un consejo rotativo: Aiden y Kael como co-alfas, Elara como exploradora jefe, y Luca como mediador humano, su perspectiva fresca esencial para equilibrar instintos bestiales con razón estratégica. Entrenamientos conjuntos forjaron lazos: duelos amistosos donde Aiden enseñaba a guerreros rivales técnicas de transformación controlada, y Luca organizaba sesiones de sanación emocional, usando cuentos de su mundo humano para exorcizar traumas del abismo.

En las noches, Luca y Aiden se retiraban a una cueva privada elevada, un nido de musgo y pieles donde su amor florecía sin barreras. "Has cambiado todo", susurró Aiden una noche, sus labios rozando el cuello de Luca mientras lo atraía más cerca. "De bestia solitaria a guardián con un corazón humano latiendo en el mío". Luca respondió con un beso profundo, sus manos explorando las curvas familiares de Aiden, su unión un ritual privado que renovaba su fuerza. "Somos el puente", jadeó Luca entre besos, "y ningún abismo nos romperá".

Sin embargo, la paz se quebró en la tercera luna. Exploradores regresaron heridos de una frontera norteña: un nuevo miasma, más sutil, susurraba promesas de poder ilimitado, corrompiendo lobos solitarios en renegados. Elara capturó a uno, un antiguo aliado de Kael, cuyos ojos rojos balbuceaban de un "Señor de las Grietas", entidad aliada al primordial. Interrogatorios revelaron un plan: fracturar la alianza desde dentro, usando dudas sembradas como veneno.

La crisis culminó en un consejo de emergencia bajo tormenta. Kael acusó a un traidor menor en su manada; Aiden defendió unidad con un rugido que sacudió las rocas. Luca intervino, proponiendo una prueba de visiones compartidas —inspirada en el duelo con Elara— donde todos revelarían miedos profundos. El círculo brilló con verdades crudas: Kael confesó miedo a perder control como su padre; Elara, un amor perdido al abismo; Aiden, terror a fallarle a Luca. La catarsis purgó la duda, exponiendo al verdadero infiltrado: un renegado disfrazado que huyó al exponerse.

Fortificados, el consejo lanzó una purga: patrullas conjuntas barrieron fronteras, sellando grietas menores con elixires mejorados. Luca y Aiden lideraron la carga final contra una grieta principal, su sincronía perfecta —Aiden desgarrando barreras etéreas, Luca inscribiendo runas de luz con sangre compartida—. El Señor de las Grietas implosionó en un estallido de estrellas, su eco un lamento que reverberó hasta el núcleo primordial.

Meses después, con el bosque reverdecido y manadas fusionadas en una sola super-manada, Luca y Aiden se pararon en el saliente rocoso original. Aiden, en forma humana, hincó una rodilla: "Casa conmigo bajo esta luna eterna. Sé mi compañero, mi luz, mi alfa en corazón". Luca, lágrimas brillando, aceptó con un beso que selló no solo su unión, sino el destino de su mundo.

La super-manada aullando en coronación nupcial, vigilantes eternos contra sombras dormidas, prueba de que el amor —humano, lupino, unido— es el sello más poderoso contra la oscuridad primordial.




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