Luna: Escritura de Pesadilla

Historia 13: El silencio de un Dios

La Biblioteca estaba inquietantemente tranquila. El aire, denso con el olor acre de ceniza y el aroma rancio de pergaminos antiguos, apenas era perturbado por el suave tarareo de Luna. Caminaba entre los estantes con un pequeño delantal, arrastrando un paño sobre los lomos de los libros mientras avanzaba con pasos ligeros.

Se detuvo frente a un estante, sacó un libro y le sopló encima. El polvo no era polvo, sino ceniza que olía a promesas rotas. A veces, era sangre seca que se sentía pegajosa al tacto. Otras veces, era algo más... algo indefinible que hacía que los vellos se erizaran.

—Mmm… estás muy sucio —murmuró, sacudiendo uno de los tomos con más fuerza de la necesaria—. ¡Oh, qué considerado de tu parte! Justo lo que necesitaba para mi cutis.

El libro tembló.

Ella lo devolvió a su lugar sin darle mayor importancia, y siguió avanzando. Con una escoba en la mano, barrió el suelo con calma. Lo que arrastraba no eran hojas ni tierra, sino rostros deformes que parecían intentar abrir la boca sin lograr emitir sonido.

—De verdad… —suspiró—. ¿No pueden ensuciar menos?

Pasó el paño por una baranda, luego por una mesa, luego por otro libro. Todo mientras seguía tarareando. Hasta que— un tomo enorme, enterrado entre otros, soltó de golpe una nube de polvo directamente en su cara.

Luna se quedó quieta un segundo, parpadeó, y cayó de espaldas.

El silencio duró exactamente un instante.

—¡Oye!

Se levantó de golpe, claramente molesta, y comenzó a golpear el lomo del libro con el paño.

—¡Eso fue a propósito! ¡No te hagas el inocente!

El tomo se encogió, literalmente, y dejó de moverse.

Luna se quedó mirándolo unos segundos. Luego infló una mejilla, cruzándose de brazos.

—Grosero…

Se giró, aún molesta… y entonces te vio.

Parpadeó. Su expresión cambió de inmediato. Sus ojos brillaron. Y de un salto, desapareció de donde estaba. Apareció frente a ti.

—¡Hola! —Su voz sonó completamente alegre. Saltó una vez, y luego otra—. ¡Llegaste justo a tiempo! Estoy muy ocupada hoy, muy, muy ocupada. ¡Me van a llegar nuevas almas de uno de mis universos favoritos, así que no puedo recibirlas con la Biblioteca sucia!

Miró alrededor. Los estantes infinitos. El suelo manchado. Los libros inquietos. Suspiró, exageradamente.

—El problema… es que limpiar todo esto es un dolor de cabeza.

Miró hacia un estante cercano. Algunos libros se tensaron. Como si supieran lo que venía. Luna entrecerró los ojos.

—Estaba pensando… en sacar a algunos condenados para que me ayuden. Podría ofrecerles una tregua en sus eternos tormentos... ¡si limpian bien las estanterías! Los incentivos son importantes, ¿sabes?

Sonrió. Dulce.

—¿Tú qué crees? —Inclinó la cabeza—. Es una oferta bastante generosa, ¿no?

Luna sigue de pie frente a ti, el paño girando distraídamente entre sus dedos como si fuera un péndulo hipnótico. Te observa un momento, sus ojos brillando con una curiosidad que roza lo depredador.

—Sé, sé… —murmura, haciendo un gesto vago con la mano, como si espantara moscas molestas—. Multiversos, decisiones, cambios, consecuencias… Bla, bla, bla. Ya entramos en eso, ¿recuerdas? —Rueda los ojos, un gesto casi infantil que contrasta con la profundidad de su mirada—. No tienes que fingir que te sorprende a estas alturas.

Da un pequeño giro sobre sí misma, contemplando el vacío donde antes estaba la Biblioteca.

—Aunque claro… —añade con una calma heladora—, eso no significa que vaya a dejar de mostrártelo. Tengo muchos mundos. Muchas historias. Y, seamos sinceros, demasiadas formas de arruinarlas.

Se detiene frente a un estante invisible y pasa el paño por un libro que intenta esconderse, su voz volviéndose apenas más ligera, más cotidiana.

—Pero… también tengo muchas almas. —Suspira, exageradamente, como si el peso de todas ellas la aplastara—. Y ensucian mucho. —Mira el suelo inexistente, las manchas, las marcas, los rastros de algo que no debería estar ahí—. De verdad, si siguen así… —Se cruza de brazos, inflando ligeramente una mejilla

—. Voy a terminar siendo la mamá que los regaña todo el tiempo, y ellos los hijos traviesos que no entienden nada.

Un libro imaginario tiembla. Luna lo mira.

—Sí, tú también. —El libro deja de moverse.

Luna vuelve a mirarte, y una sonrisa se dibuja en sus labios.

—Pero bueno… —Da un pequeño paso hacia atrás, y el espacio a su alrededor comienza a ondularse, como si el aire mismo se estuviera plegando—. Hoy quiero mostrarte algo más. —Su expresión se vuelve más interesada, más personal—.

Otra alma. Una de mis favoritas.

Hace una pausa, levantando un dedo con advertencia.

—Y no. No te voy a explicar qué hizo. Quiero que lo descubras. Quiero ver si eres capaz de entender… por qué terminó aquí.

Un silencio expectante se instala. Luego, Luna se separa, dando media vuelta.

—Aunque… —Mira por encima del hombro, su sonrisa volviéndose más fina, ahora sí, un poco más peligrosa—. Si te gusta… podrías venir a la Biblioteca. —Señala el lugar a su alrededor, que ahora parece un vasto espacio de neblina luminosa y ecos—.

Ayudarme a limpiar. —Se encoge de hombros—. Y luego veré… —Inclina la cabeza, sus ojos fijos en los tuyos—. si te dejo volver a tu mundo… o si te quedas conmigo.

La sonrisa se mantiene. No es exagerada, pero ya no es inocente. Luna levanta una mano, y con un chasquido de dedos, la neblina se disipa, revelando un paisaje onírico y extraño.

Al principio no hubo silencio.

Hubo violencia.

Una ruptura tan absoluta que ninguna conciencia podría haberla entendido en ese instante. Materia desgarrándose, energía liberándose en una expansión imposible, fragmentos de lo que alguna vez fue algo más simple ahora dispersándose en todas direcciones sin orden, sin propósito, sin forma. Y en medio de ese caos, con el paso de un tiempo que aún no podía ser medido, algo comenzó a organizarse.



#349 en Thriller
#154 en Misterio
#1035 en Otros
#145 en Relatos cortos

En el texto hay: terror, fantasia oscura, cósmico

Editado: 05.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.