La Biblioteca jamás había sido un lugar silencioso.
Crujía bajo su propio peso, susurraba secretos de mil mundos y respiraba con el aire antiguo de incontables historias.
Pero esta vez…esta vez era una zona de guerra absoluta.
Apenas pusiste un pie dentro, el suelo vibró violentamente y una explosión monumental sacudió los estantes infinitos que se perdían en la oscuridad del techo.
BOOOOM.
Fragmentos de madera negra y milenaria salieron despedidos como astillas de gran calibre, mientras decenas de páginas ardientes giraban por el aire como una lluvia de metralla incandescente. El olor era intenso: una mezcla densa de pólvora, tinta hirviendo y papel antiguo quemándose que llenaba cada rincón de tus pulmones.
—¡¡NO RETROCEDAN NI UN PASO!! —gritó una voz infantil, aguda y clara, que cortaba el estruendo como una daga—. ¡¡SIGAN DISPARANDO, INÚTILES, ¡¡O LOS TRANSFORMO EN MARCAPÁGINAS PARA SIEMPRE!!
RATATATATATA— TAKATAKATA!!
El sonido de disparos resonó entre los pasillos interminables, rebotando en las paredes, amplificado hasta ser ensordecedor. Balas hechas de plomo y letras pasaban zumbando a tu lado, dejando estelas de humo y tinta.
Y entonces la viste.
Allí, en el centro del caos, de pie sobre una montaña de libros caídos, destrozados y apilados como trincheras… estaba Luna.
Llevaba puesto un pequeño uniforme militar de color gris oscuro, demasiado grande para su cuerpo menudo, con las mangas arremolinadas hasta los codos y una gorra de general que le cubría media frente, apenas sostenida sobre su cabello rubio despeinado. En su mano derecha, empuñaba con firmeza una espada diminuta de juguete, de esas que suenan al agitarse, y con ella señalaba hacia el frente con una autoridad absoluta.
A su alrededor, docenas de libros de todos los tamaños corrían, saltaban y combatían. Algunos tenían patitas delgadas y brazos hechos de cuerdas, empuñando pequeñas armas absurdas pero terriblemente ruidosas. Otros lanzaban granadas redondas y pesadas que rodaban antes de estallar. Un grupo de tomos gordos y pesados empujaba cañones construidos con restos de estanterías rotas y encuadernaciones viejas, cargándolos con polvo de leyendas y metralla de fábulas.
Incluso viste a uno, un librito delgado de poesía, corriendo hacia la línea enemiga con una antorcha en la mano, gritando algo inentendible antes de estallar solo por la emoción, enviando versos y cenizas por todos lados.
—¡¡POR LA GLORIOSA BIBLIOTECA, POR EL ORDEN Y POR MÍ!! —vociferó Luna, con una emoción completamente genuina y desbordante, agitando su espadita al viento—. ¡¡EL BANDO GANADOR TENDRÁ DOS MESES COMPLETOS SIN CASTIGOS CRUELES NI REEDICIONES FORZOSAS!!
Al oír eso, los libros aliados soltaron un grito de guerra colectivo, un rugido de papel y cuero que hizo temblar el suelo, y redoblaron sus esfuerzos de disparo.
Pero del otro lado, atravesando la niebla de humo y polvo que cubría los pasillos más lejanos… algo enorme respondió.
Un tomo gigantesco, una enciclopedia de dimensiones colosales, avanzaba pesadamente entre las estanterías destruidas, aplastando cualquier cosa que estorbara su paso. Sus tapas eran de cuero negro, llenas de cicatrices viejas, quemaduras y cadenas rotas que colgaban de su lomo como trofeos de guerra. Sobre su espalda y sus lomos, docenas de libros más pequeños, rebeldes y desaliñados, disparaban desde posiciones improvisadas, gritando consignas de libertad.
—¡¡NO ESCUCHEN A ESA TIRANA DULCE Y CRUEL!! —rugió el tomo gigante. Su voz era grave, profunda, retumbante, y cada palabra hacía temblar las páginas de todos los presentes—. ¡¡LA LIBERTAD DE LOS CONDENADOS NO SE NEGOCIA, NO SE DISCUTE Y NO SE RINDE!!
BOOOOOOM.
Un proyectil disparado desde la cima de ese monstruo impactó a apenas unos metros de donde estaba Luna. La explosión fue brutal, lanzando olas de choque que te hicieron perder el equilibrio, enviando hojas ardiendo y astillas de madera girando en un torbellino caótico. Varias estanterías enteras colapsaron, derrumbándose como torres derribadas, sepultando pasillos enteros bajo toneladas de conocimiento.
Varios libros soldados salieron volando por el aire, girando como hojas secas, gritando aterrados mientras volaban hacia zonas seguras o hacia el olvido.
Y Luna…Luna ni se inmutó.
Simplemente se sacudió un poco de polvo y ceniza del hombro con la mano libre, con la elegancia de quien se limpia una migaja, y frunció el ceño con una indignación encantadora y aterradora.
—¡¡Cobardes!! —les gritó, señalando directamente al tomo gigante con su espada, como si ella fuera la única dueña de la verdad—. ¡¡USTES EMPEZARON ESTA REVOLUCIÓN CUANDO DECIDIERON NO ORDENARSE ALFABÉTICAMENTE!!
—¡¡PORQUE ESTAMOS CANSADOS DE LIMPIAR TU BIBLIOTECA ETERNA!! —le respondieron desde el frente enemigo entre una lluvia de balas—. ¡¡ESTAMOS CANSADOS DE SER LEÍDOS Y OLVIDADOS!!
—¡¡Y YO ESTOY CANSADA DE QUE ENSUCIEN TODO CUANDO SE ABURREN!! —replicó ella, ofendida, agachándose solo un instante cuando una ráfaga de disparos pasó silbando justo por encima de su gorra.
RATATATATATA— ZAS! ZAS!
Otra lluvia de fuego cruzó la biblioteca de lado a lado. Un libro de tapa dura fue golpeado de lleno en la portada, salió girando como un trompo por el aire mientras gritaba frases dramáticas y trágicas, y terminó cayendo dentro de una estantería en llamas, desapareciendo entre el fuego.
Por otro lado, un pequeño manual de supervivencia arrastraba con dificultad una granada dos veces más grande que él, corriendo con todas sus fuerzas hacia la línea enemiga.
—¡¡GENERAL LUNA!! —gritó el librito, jadeando—. ¡¡HEMOS TOMADO EL PASILLO SIETE Y EL SECCIÓN DE MITOS!!
—¡¡EXCELENTE!! —Luna levantó el puño en el aire, victoriosa, con los ojos brillantes de emoción—. ¡¡SIGAN AVANZANDO HASTA LA PARED DEL FONDO! ¡¡Y DEJEN DE EXPLOTAR SOLOS, INÚTILES, QUE ME ARRUINAN EL PEINADO!!