Luna: Escritura de Pesadilla

Mundo 6: donde lo eterno se hizo presente

Lo primero que sentiste fue el dolor en la cabeza.

Un dolor sordo y pesado que te hizo abrir los ojos lentamente mientras todo el mundo parecía estar al revés.

Porque literalmente lo estaba.

Parpadeaste varias veces, confundido, intentando entender qué ocurría… hasta que sentiste la presión en tus tobillos.

Estabas colgando.

Suspendido boca abajo desde el techo de la Biblioteca por una gruesa cuerda oscura que te sujetaba firmemente de ambas piernas. Balanceándote apenas, lentamente, como un péndulo olvidado en medio del silencio infinito.

O al menos… casi silencio.

Debajo de ti se escuchaba algo.

Un sonido constante.

Rasgar.

Crujir.

Páginas moviéndose.

Letras vibrando.

Y una voz infantil tarareando suavemente una melodía completamente fuera de lugar, alegre, casi ridícula, que contrastaba de forma enfermiza con lo que sucedía a su alrededor.

Giraste un poco el cuerpo, como pudiste, intentando mirar hacia abajo.

Y ahí estaba ella.

Luna caminaba tranquilamente sobre un gigantesco tomo abierto que ocupaba buena parte del suelo entre los estantes infinitos de la Biblioteca. Era tan enorme que parecía más una plaza hecha de papel que un libro real. Las páginas se extendían metros y metros hacia ambos lados, cubiertas por incontables líneas de escritura negra que se movían lentamente, retorciéndose, como si estuvieran vivas y trataran de huir del tacto de sus pies.

Las letras vibraban.

Se arrastraban.

Susurraban.

Algunas incluso parecían intentar reorganizarse solas antes de ser aplastadas nuevamente por el zapato negro de Luna.

Ella caminaba entre los párrafos con las manos detrás de la espalda, observando cada línea con esa mirada crítica y aburrida de alguien que revisa la mercancía podrida en un mercado. A veces se inclinaba un poco, otras fruncían el ceño con desdén, otras simplemente soltaban una risita corta y seca, como si acabara de ver el chiste más malo del mundo.

Entonces, sin detenerse demasiado, apoyó todo su peso sobre una línea completa de texto.

Y las palabras comenzaron a cambiar.

Las letras se retorcieron bajo su suela como insectos aplastados, deformándose lentamente, gritando en silencio, hasta convertirse en frases totalmente distintas. El párrafo entero cambió de sentido frente a tus ojos, reescribiéndose a la fuerza.

Donde antes había una oración… ahora había otra.

Distinta.

Nueva.

Como si siempre hubiera sido así.

Sentiste un escalofrío que te recorrió la espalda entera.

A su lado corrían dos pequeños tomos oscuros, apenas del tamaño de gatos domésticos. Ambos tenían pequeños ojos dibujados en sus portadas y se movían apresurados detrás de Luna, tropezando entre las palabras, ayudándola como asistentes nerviosos y sumisos.

—Uf… qué desastre de redacción, de verdad —murmuró Luna, arrastrando la palabra con un aburrimiento exagerado, mientras pasaba el dedo índice por encima de una frase que temblaba visiblemente—. ¿Quién habrá escrito esto, ¿eh? Es todo tan… predecible. Tan aburrido. Tan… insípido.

Se detuvo y tiró de una palabra concreta.

La palabra se resistió.

Literalmente.

Las letras vibraron violentamente, chispeando, intentando volver a pegarse al texto original como si su vida dependiera de ello. Se podían ver los pequeños trazos agitándose, tratando de aferrarse a la hoja.

—Ay, no seas dramático… es solo un cambio —dijo Luna con una voz dulce y burlona, como si estuviera hablando con un niño llorón—. Deja de hacer ese ruido tan molesto, que me duele a mí más que a ti.

Hizo una seña con la mano. Los dos pequeños tomos se lanzaron inmediatamente sobre la palabra rebelde y comenzaron a tirar de ella junto con Luna, mordiendo y jalando, hasta arrancarla completamente del párrafo.

El sonido que produjo fue horrible.

Como carne desgarrándose.

Las letras chillaron, agudas y desesperadas, antes de deshacerse convertidas en ceniza negra que flotó en el aire un instante.

—¡Vaya! —exclamó ella, soltando una carcajada corta y fría—. Qué reacción tan exagerada por algo tan pequeño. Casi parecía que eso importaba de verdad, ¿verdad? —miró a sus pequeños ayudantes, que maullaron en respuesta—. Patético. Pero mucho mejor ahora, ¿no creen? Al menos así la trama avanza un poquito más rápido.

Continuó caminando, pisoteando sin cuidado párrafos enteros que se doblaban bajo sus pasos.

Unos pasos más adelante se detuvieron frente a una página completa. La observó unos segundos en silencio, ladeando la cabeza, con una sonrisita malvada jugando en sus labios… y luego simplemente la agarró desde una esquina con dos dedos, como si fuera una hoja de cuaderno arrugada.

La hoja tembló violentamente.

El libro entero vibró bajo tus pies, retorciéndose.

Las letras comenzaron a moverse desesperadas por toda la superficie, subiendo y bajando, tratando de escapar hacia los márgenes, como hormigas asustadas. Podías ver cómo formaban y deshacían palabras de súplica que se borraban al instante.

—Mmm… sí, sí… definitivamente sobra —decidió Luna, con esa calma que daba miedo—. Demasiado relleno. ¿Para qué tantos detalles? ¿Para qué tantos personajes secundarios que no van a aportar nada? Vamos a limpiar un poco todo esto…

Tiró.

La página apenas cedió, resistiéndose con una fuerza invisible. Luna puso los ojos en blanco, visiblemente molesta por la lentitud.

—En serio… la falta de colaboración de algunos es increíble —se quejó.

Los dos pequeños tomos se apresuraron a trepar por la hoja, empujando y jalando con todas sus fuerzas, mordiendo el borde del papel, hasta que finalmente—

CRRRRRAAK.

La hoja salió arrancada de cuajo.

El sonido resonó por toda la Biblioteca, profundo y estruendoso.

Durante un instante, los estantes infinitos parecieron estremecerse, como si todo el edificio hubiera sufrido un golpe.



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En el texto hay: terror, fantasia oscura, cósmico

Editado: 26.05.2026

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