Luna: Escritura de Pesadilla

Aquel que quiso liberar las cadenas parte III

El suave aroma del té recién servido volvió a llenar los rincones de la Biblioteca, mezclándose con el olor a papel antiguo y madera. Haruka caminaba despacio entre las mesas sosteniendo una bandeja de porcelana blanca, sobre la cual descansaban varias tazas humeantes, acomodadas con tanto cuidado que ni una sola gota corría riesgo de derramarse.

Con la misma delicadeza con la que arreglaba los hilos rotos de las historias, fue dejando cada una frente a su dueño:

—Aquí tiene, señor Lector.

El lector levantó la vista y sonrió agradecido antes de tomar la taza entre sus manos, asintiendo con reverencia.

Un poco más allá, colocó la siguiente con suavidad.

—Para usted.

—Siempre tan considerada —dijo el Viejo con su tono pausado y amable—. Gracias, señorita Haruka.

Se acercó al Nuevo, entregándole una taza distinta, más pequeña y llena de un líquido oscuro y aromático.

—Y chocolate caliente para ti.

Las tapas del joven libro parecieron abrirse un poco más, como si se iluminaran de emoción.

—¡Muchísimas gracias!

Por último, se dirigió a la pequeña mesa donde Luna permanecía sentada, con Samla enroscada tranquilamente sobre sus hombros. Colocó la taza frente a ella con paciencia.

—Su té, señorita Luna.

—¡Por fin! Ya me estaba muriendo de sed —exclamó la niña, tomándola con ambas manos y dando un sorbo largo.

Suspiró profundamente, relajándose por completo.

—Mucho mejor...

Haruka sonrió con esa calma que parecía no abandonarla jamás. Y entonces, con total naturalidad, preguntó:

—Por cierto... ¿dónde escondió el tercer tomo?

Luna casi escupió el té de golpe. Parpadeó un par de veces, confundida, antes de responder con una inocencia tan exagerada que no convencía a nadie en la sala.

—¿Qué tercer tomo?

—El de la historia de Mikaboshi —aclaró Haruka, manteniendo la misma sonrisa amable.

—No sé de qué hablas —negó la niña, desviando la mirada.

—¿Ah, no?

—No.

El silencio se instaló unos segundos. El Viejo dejó lentamente su taza sobre la mesa, mirando la escena con curiosidad. El Nuevo observaba sin entender muy bien qué estaba ocurriendo. El Lector, en cambio, siguió bebiendo su té con tranquilidad, como si ya hubiera visto esa misma situación muchas veces antes.

Haruka seguía sonriendo: amable, educada, serena. Sin embargo, Luna sintió de pronto un escalofrío recorriéndole la espalda. Incluso Samla levantó lentamente la cabeza, moviendo las orejas como si también hubiera percibido que algo cambiaba en el aire.

—Señorita Luna...

—¿Sí...?

—¿Dónde está el tercer tomo?

—De verdad que no lo sé...

La sonrisa de Haruka no desapareció; al contrario, se volvió todavía más amable, lo suficiente para hacer temblar incluso a las propias palabras escritas. Luna empezó a silbar con disimulo, movió una pierna, luego la otra, y finalmente soltó un largo suspiro de derrota.

—Qué aguafiestas eres...

Refunfuñando, metió la mano dentro del pequeño bolsillo de su vestido. El Nuevo abrió tanto sus páginas que casi se le desprendieron del lomo.

—¿Va a sacar un libro de ahí?

—Claro que sí —respondió ella con total naturalidad.

Tiró con fuerza, y contra toda lógica y sentido común, comenzó a salir un enorme tomo de tapas oscuras: primero una esquina, luego el lomo, después cientos de páginas dobladas con cuidado, hasta que terminó sosteniendo entre los brazos un volumen gigantesco que la superaba en altura.

Lo dejó caer sobre la mesa con un golpe seco y pesado: ¡THUM!

El Nuevo permaneció inmóvil, mirando alternativamente el bolsillo diminuto y el libro inmenso.

—...Eso... eso no cabe ahí...

Luna cruzó los brazos con orgullo.

—Mi bolsillo tampoco debería existir.

Haruka soltó una pequeña risa suave, tomó el tomo con cuidado entre sus manos y acarició lentamente su cubierta ennegrecida. Su expresión se volvió seria, respetuosa y cargada de anticipación.

—Gracias, señorita Luna.

La niña desvió la mirada, fingiendo desinterés.

—Solo... devuélvelo cuando termines, ¿vale?

Haruka asintió sin decir nada más. Abrió lentamente la primera página, y el murmullo constante de la Biblioteca pareció apagarse como si todo el lugar contuviera el aliento.

—Ahora... conozcamos cómo comenzó la guerra que hizo temblar a todos los universos.

Y comenzó a leer.

Tras el enfrentamiento que había terminado con la vida de su primer y mejor amigo, Mikaboshi comprendió con total claridad que ya no existía camino de regreso. Lo que había comenzado como una búsqueda de respuestas se había convertido en algo irreversible. Sin embargo, aquel no fue el acto que hizo temblar los cimientos de todos los universos. Hubo otro, mucho más decisivo y mucho más temido por todos aquellos que conocían la verdad oculta.

Regresó hasta el lugar más profundo y sellado de la existencia, donde la sombra del prisionero seguía esperando tras incontables eras de encierro. Y sin dudarlo ni un instante, rompió cada una de las cadenas que lo mantenían atado.

El prisionero volvió a ser libre.

Ese solo gesto bastó para cambiarlo todo. No hizo falta esperar a que hablaran ni a que marcharan: como una onda expansiva que atravesara incluso el tiempo y el espacio, la noticia llegó a cada rincón, a cada ser y a cada rincón de la realidad. Los dioses comprendieron al instante lo que significaba. Las entidades primordiales despertaron de su letargo milenario. Las antiguas divinidades que habían guardado silencio desde antes de que nacieran las estrellas alzaron la mirada al mismo tiempo. Todos supieron la misma verdad: la guerra había comenzado.

Al principio solo eran dos: Mikaboshi, nacido del Vacío y guardián de las historias perdidas, y el antiguo prisionero, quien una vez ya había intentado romper las cadenas de todos. Pero a medida que avanzaban, otros se unían a ellos: mortales cansados de ver cómo sus destinos se rompían sin motivo, reyes que soñaban con decidir el rumbo de sus pueblos sin que nadie se lo impusiera, dioses menores resentidos con una jerarquía que nunca les había dado voz, y hasta antiguas entidades olvidadas que habían sido apartadas por no seguir el orden establecido.



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En el texto hay: terror, fantasia oscura, cósmico

Editado: 28.07.2026

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