Luna: Escritura de Pesadilla

Un nuevo mundo parte 2

El pequeño cuarto permanecía en silencio. Tras la carrera, todos habían aprovechado aquel refugio para recuperar el aliento. El Lector estaba sentado recostado a la pared, respirando aún con dificultad, mientras sus piernas temblaban levemente bajo su peso. El Viejo y el Nuevo permanecían cerca de él, en silencio.

Esteban, sentado frente al grupo, revisaba con calma algunos objetos que llevaba consigo. Y en una pequeña mesa, apartada del resto, Luna tomaba té. Haruka estaba a su lado, sirviéndole otra taza con la misma tranquilidad de siempre.

—Ahhh… —Luna sostuvo la taza entre sus manos y suspiró con evidente satisfacción—. Mucho mejor.

Haruka sonrió suavemente.

—Me alegra que le agrade, señorita Luna.

Esteban los observó unos segundos, luego miró al Lector.

—¿Es normal que ellas dos estén así de tranquilas?

El Lector no respondió. Ni siquiera supo qué hacer. El Viejo fue quien habló.

—No intente entenderlas.

Esteban parpadeó.

—¿Perdón?

—Intentar comprender lo que hacen o dicen no tiene sentido —explicó el Viejo—. Simplemente… déjelas estar.

El Nuevo intervino de inmediato.

—Aunque admito que sí es bastante inquietante.

Miró a su alrededor, inspeccionando cada rincón del cuarto.

—Según lo que sabemos de este nivel, cualquier habitación que no sea la meta al final del recorrido debería ser peligrosa.

Esteban asintió sin dejar lo que hacía.

—Normalmente sí.

El Nuevo pareció conforme.

—Entonces estamos de acuerdo…

—Pero este cuarto es diferente —lo interrumpió Esteban.

El Nuevo se quedó callado un instante.

—¿Diferente?

—Lo construí yo.

Silencio absoluto.

El Viejo abrió lentamente sus páginas.

—¿Usted lo creó?

—Sí.

El Nuevo lo miró con los lomos abiertos de par en par.

—¿Usted hizo esta habitación… aquí?

—Exactamente.

El Viejo y el Nuevo intercambiaron una mirada. Ninguno lograba comprenderlo. Esteban simplemente se encogió de hombros.

—No se preocupen por eso.

—¿Cómo que no nos preocupemos? —reclamó el Nuevo—. ¡Estamos en un lugar infinito lleno de criaturas que quisieron darnos caza, y ahora estamos descansando en una habitación que usted dice haber creado de la nada!

Esteban sonrió con sencillez.

—Yo me entiendo.

El Viejo guardó silencio unos segundos.

—Definitivamente este lugar no tiene lógica alguna.

—¿Recién se da cuenta? —le dijo el Nuevo.

Esteban se levantó despacio.

—Pero hay algo que sí deberían saber antes de seguir.

Todos guardaron silencio.

—Este cuarto no es una salida.

El Lector alzó la mirada.

—La única forma de salir de este nivel —continuó Esteban— es terminar la carrera.

El Nuevo cerró sus páginas lentamente.

—¿Entonces tenemos que volver?

—Sí.

—¿Al corredor?

—Sí.

—¿Donde están… todas esas cosas que nos perseguían?

—Sí.

El Nuevo permaneció inmóvil.

—No me gusta este lugar.

El Viejo suspiró.

—A nadie le gusta.

Esteban miró hacia la puerta.

—Pueden descansar lo que necesiten. Pero tarde o temprano tendremos que volver y continuar.

El Lector miró sus propias piernas. Tan solo de pensar en volver a correr, empezaron a dolerle de nuevo.

En ese instante, Luna apartó su taza y levantó la vista. Recorrió al Lector de arriba abajo, asintió para sí misma, y sonrió.

—Bueno… esto le vendrá muy bien.

El Lector la miró con desconfianza.

—¿Por qué lo dice? —preguntó el Nuevo.

Luna señaló al Lector con un gesto tranquilo.

—Está un poquito gordito.

El Lector se quedó rígido. El Viejo cerró los ojos. Esteban se llevó una mano a la boca para no reírse. Haruka tomó un sorbo de té con calma y luego dijo:

—Señorita Luna…

—¿Sí?

—Creo que podría expresarlo de una manera más amable.

Luna ladeó la cabeza.

—¿Como qué?

—Podría decir que necesita mejorar su condición física.

Luna sonrió de inmediato.

—¡Eso! —lo miró fijamente—. Necesitas mejorar tu condición física.

El Lector la miró sin pestañear. El Nuevo comentó en voz baja:

—La verdad… creo que prefería "gordito".

Luna soltó una risita.

—¡No es para tanto!

El Lector señaló la puerta con gesto indignado.

—¿Sabe qué hay detrás de esa puerta, verdad? —preguntó Esteban por él.

—Sí —respondió Luna alegremente.

—¿Y aun así dice que es bueno para él?

—¡Es ejercicio! —exclamó ella como si fuera lo más obvio.

El Viejo intervino:

—Señorita Luna… considerando que lo que hay detrás son criaturas dispuestas a alcanzarlo y dañarlo…

Luna sonrió con brillo en los ojos.

—Precisamente.

Esteban soltó una carcajada.

—Al menos hay algo positivo en todo esto.

El Lector lo miró sin entender.

—La próxima vez que salgamos —dijo Esteban señalando la puerta—, correrá con una motivación de sobra.

El Lector dejó caer la cabeza contra la pared con resignación.

Luna volvió a llevarse la taza a los labios.

—Una pesadilla saludable.

El Viejo y el Nuevo exclamaron al unísono:

—¡¡¡SEÑORITA LUNA!!!

Tras varias horas de descanso, finalmente volvieron a salir.

La puerta se abrió. La alarma volvió a resonar con fuerza por todo el corredor. Las luces rojas comenzaron a parpadear bañándolo todo de aquel tono carmesí. Y la carrera volvió a comenzar.

El Lector intentó mantener el paso junto a los demás, con el Viejo y el Nuevo sujetos firmemente a cada lado de su cintura. Pero apenas habían recorrido unos cientos de metros cuando sus piernas empezaron a fallarle. El aire le faltaba, el pecho le ardía y cada zancada se sentía más pesada que la anterior.

Unos metros más adelante, Luna corría con la misma tranquilidad de siempre. Haruka avanzaba con una elegancia y compostura que parecían imposibles en un lugar como aquel. Y Esteban… Esteban corría como si estuviera disfrutando de un paseo tranquilo por un parque. En una mano llevaba una especie de lanza improvisada, construida a partir de una enorme pinza perteneciente a alguna entidad; de vez en cuando la movía con soltura para apartar a cualquiera que se acercara demasiado.



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En el texto hay: terror, fantasia oscura, cósmico

Editado: 07.09.2026

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