Luna: Escritura de Pesadilla

Un mundo de posibilidades

El Lector permanecía inmóvil en medio de aquel campo de batalla. Llevaba un casco demasiado grande para su cabeza, que le resbalaba constantemente sobre un ojo. El Viejo y el Nuevo colgaban a ambos lados de su cintura, balanceándose de un lado a otro cada vez que daba un paso. Y entre sus manos sostenía un rifle que Luna le había entregado minutos antes con una sonrisa completamente inocente.

No sabía cómo había terminado sosteniendo un arma.

No sabía por qué había estallado una guerra.

Y, sobre todo, no sabía por qué había aceptado participar.

Frente a él, un enorme tanque avanzaba lentamente entre los estantes. No era un tanque cualquiera: estaba construido por completo con libros apilados y encuadernados unos sobre otros. Las páginas hacían las veces de placas de blindaje, y hileras de tomos formaban las ruedas que giraban despacio sobre el suelo de madera.

Y encima del tanque, de pie y firme, estaba Luna. Llevaba el mismo casco que todos los demás, aunque lo había decorado con una estrella recortada en papel pegada en el frente. Debajo de la nariz se había dibujado un enorme bigote negro con tinta. Sostenía un megáfono entre las dos manos.

—¡¡¡AVANCEN, MIS VALIENTES SOLDADOS!!! —bramaba.

Cientos de libros marchaban detrás del tanque. Algunos llevaban pequeñas banderas de papel. Otros portaban armas improvisadas hechas con reglas, plumas y fragmentos de cubiertas. Y algunos más simplemente avanzaban rodando por el suelo con determinación.

—¡¡¡NO DEJEN QUE LOS REBELDES RECUPEREN AL TOMO REVOLUCIONARIO!!!

—¡¡¡SÍ, SEÑORITA LUNA!!! —respondían al unísono.

—¡¡¡POR LA HISTORIA!!!

—¡¡¡POR LA BIBLIOTECA!!!

—¡¡¡PORQUE NOSOTROS TAMBIÉN QUEREMOS SER IMPORTANTES ALGUNA VEZ!!!

Luna levantó una mano en alto.

—¡¡¡FUEGO!!!

El tanque abrió una especie de compuerta en su costado. Un tomo salió disparado como proyectil.

—¡BOOOOM!

El libro cayó a varios metros de distancia y estalló en una nube de páginas que se esparcieron por el aire.

El Lector se quedó mirando la escena, sin pestañear. El Viejo abrió lentamente sus páginas.

—Creo que acaba de preguntarse qué demonios estamos haciendo aquí.

El Nuevo asintió.

—No creo que sea una pregunta. Creo que es una crisis existencial.

Otra explosión sacudió el suelo.

—¡BOOOOM!

Un grupo de libros salió volando por encima de ellos. Uno pasó girando cerca de la cara del Lector. Otro aterrizó sobre un estante y se quedó quieto. Un tercero cayó de pie, se sacudió el polvo y siguió corriendo como si nada hubiera pasado.

El Nuevo observó el caos a su alrededor.

—¿Todo esto empezó realmente porque la señorita Luna encerró al Tomo Revolucionario?

El Viejo guardó silencio unos segundos mientras otra explosión sacudía el aire.

—Según lo que he podido reconstruir… sí.

—¿Y todos estos libros han declarado la guerra solo porque quieren liberarlo?

—Exactamente.

—¿No podían simplemente hablar con ella y pedirle que lo dejara salir?

El Viejo ladeó sus páginas con resignación.

—Estamos hablando de libros.

El Nuevo se quedó pensativo.

—Ah. Ya entiendo. Tiene sentido.

A lo lejos, varios estantes enteros avanzaban lentamente por el suelo, deslizándose como si flotaran. El Nuevo los miró con los lomos entreabiertos de par en par.

—¿Esos estantes están… navegando?

—Sí.

—¿Pero por qué?

—Porque alguien decidió que son barcos.

El Nuevo permaneció en silencio un buen rato.

—¿Y funcionan?

—Aparentemente sí.

Los estantes atravesaron un espacio abierto entre las columnas como si surcaran un océano invisible. Desde sus bordes, decenas de libros lanzaban tomos a modo de proyectiles hacia el otro lado del campo de batalla.

—¡¡¡A BABOR!!! —gritó uno desde lo alto.

—¡¡¡¿QUÉ SIGNIFICA ESO?!!! —preguntó otro, confundido.

—¡¡¡NO TENGO NI IDEA, PERO SUENA MUY MILITAR!!!

El Lector se llevó lentamente una mano al rostro. El Nuevo lo miró.

—Creo que está avergonzado de estar aquí.

—Yo también —admitió el Viejo.

—Pero todavía no hemos visto lo peor —añadió el Viejo mirando hacia el cielo.

—¿Qué podría ser peor que todo esto?

Un zumbido comenzó a escucharse sobre ellos.

BRRRRRRRRRRR…

Ambos levantaron la mirada. Un avión surcaba el aire entre los estantes, construido enteramente con decenas de libros unidos entre sí. El Nuevo abrió sus páginas por completo.

—No.

El Viejo no apartó la vista.

—Sí.

El avión realizó un giro imposible y comenzó a descender. Desde su vientre empezaron a caer pequeños libros que estallaban al tocar el suelo.

—¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!

El Lector se agachó por instinto. Luna levantó el megáfono desde lo alto de su tanque.

—¡¡¡ESO ES, HARUKA!!!

El Nuevo se quedó rígido.

—Espera. ¿Haruka…?

El Viejo siguió la estela del avión.

—Sí.

—¿Esa es quien creo que es?

—Exactamente.

El avión pasó nuevamente sobre sus cabezas. Asomada por una de las escotillas apareció una figura. Era Haruka. Llevaba unas enormes gafas de aviador sobre los ojos y un pañuelo rojo que ondeaba al viento detrás de su cabeza. En cada mano sostenía una pequeña ametralladora hecha con plumas estilográficas.

—¡¡¡NO PERMITIRÉ QUE DESTRUYAN MI BIBLIOTECA!!! —anunció con voz firme.

RATATATATATATATATATA.

Una lluvia de proyectiles de tinta cayó sobre las posiciones rebeldes, tiñendo de negro las cubiertas de los libros que intentaban avanzar.

El Nuevo permaneció inmóvil. El Viejo tampoco dijo nada. El Lector alzó lentamente la cabeza. Los tres observaron cómo Haruka realizaba otro giro y regresaba a toda velocidad, imperturbable y serena como siempre, disparando tinta a diestra y siniestra.

—¡¡¡HARUKA SE HA UNIDO A LA GUERRA!!! —anunció Luna entusiasmada desde el tanque.

Haruka inclinó levemente el avión.



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En el texto hay: terror, fantasia oscura, cósmico

Editado: 07.09.2026

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