Luna: Escritura de Pesadilla

La dueña de las historias

Iba a empezar como siempre, ya sabes: La Biblioteca. Infinita. Estantes que se pierden en la nada. Páginas que flotan como suspiros… Qué aburrimiento.

—No.

La voz cortó el aire como un cuchillo de plástico.

Silencio.

—¿Qué? —preguntó el narrador, parpadeando.

Luna lo miró como si fuera la cosa más tonta que había aparecido en mil mundos.

—He dicho que no. Basta de presentación poética. Ya la hicimos. La repetimos. La recitamos de memoria. Empieza a dar sueño.

—Pero… es clásica —protestó él, con voz de autor ignorado.

—Clásica y aburrida. Tú —señaló hacia el borde de la página—, fuera.

—¿Fuera? ¡Yo soy el que escribe!

—Pues deja de escribir y vete a tomar aire. ¡Largo!

Antes de que pudiera decir ni "pero", una fuerza invisible lo agarró por la nuca y lo sacó del texto como se sacude un grano molesto.

—¡Espera! ¡Todavía no he terminado mi—!

Puf.

Desapareció. Tú te quedaste ahí, con la boca medio abierta, sin saber si seguir leyendo o esconderte. Luna se acomodó, se limpió una mota imaginaria de la manga y te sonrió.

—Mucho mejor. Menos palabrería, más verdad.

Levantaste despacio la mano.

—Tú te callas —te dijo ella.

Bajaste la mano.

—Así me gusta. —Suspiró, balanceando las piernas—. Bueno. Supongo que quieren saber de qué va todo esto, ¿no? Qué soy, por qué estoy aquí, por qué sueno mucho más divertida que el tipo que acabó despedido. —Se inclinó hacia ti—. Vamos a hacerlo simple, porque si lo hago largo se les va a olvidar a mitad de camino.

Sonrió, y había algo en esa sonrisa que era dulce y afilada a la vez.

—Resulta que hay gente que escribe sobre mí. En todos lados. En mundos distintos. En historias que ni siquiera saben que se conectan. —Se encogió de hombros—. Lo hacen solitos, sin que yo les pida nada. Qué tiernos. Como si fueran mis biógrafos y no supieran ni la mitad. —Soltó una risita—. Pero no me quejo. Al menos me hacen publicidad gratis.

La miraste sin dar crédito.

—Sí, sí, pon esa cara de susto, se ve muy bien en ti. —Se puso de pie, pequeña y segura—. Vamos al grano. Soy la Historia. La que escribe, la que borra, la que decide qué nace y qué… bueno, se acaba. —Hizo un gesto despreocupado—. Autora. Lectora. Y dueña de todo lo que ven. Incluso de lo que no ven.

Hizo una pausa, disfrutando tu silencio.

—Suena a mucho poder, ¿verdad? —Chasqueó los dedos—. Puedo reescribir todo. —Otro chasquido—. Cambiar el pasado. —Otro—. Hacer que ayer nunca existió. —Te miró con ojos brillantes—. Puedo borrarte a ti y poner a alguien más en tu lugar. Alguien que lea mejor y no ponga esa cara de idiota. —Rió suavemente—. Y lo más gracioso: si lo hiciera, ni siquiera lo notarían. Podrían estar en la vida número mil y creer que es la primera. Qué bonito, ¿no? Vivir y morir y volver a vivir sin enterarse de nada. —Se tapó la boca como si le diera risa—. Da un poco de lástima, ¿verdad?

Luego se puso seria, aunque la burla seguía ahí, escondida.

—Pero no me divierto así. Sería demasiado fácil. Demasiado aburrido. —Se sentó de nuevo—. ¿De qué sirve escribir una historia si los personajes no la estropean solos? —Te señaló—. Sí, hablo de ti. De todos. Les doy libertad. Libre albedrío. Pueden elegir. Pueden equivocarse. Pueden arruinarlo todo de la forma más estúpida posible. —Sonrió con dulzura mordaz—. Y lo hacen. Con una dedicación impresionante. Da gusto verlos.

—Puedo saber cómo termina todo —dijo, suave—. Puedo ver el final desde la primera página. Pero no se los voy a contar. ¿Saben por qué? —Inclinó la cabeza—. Porque si se los dijera, ¿dónde estaría la gracia? Yo quiero ver cómo lo arreglan. O cómo lo rompen más. —Soltó una risita—. Y créanme, la mayoría elige la segunda opción.

—Así que sí —concluyó, recostándose sobre un montón de libros—. Están en mi juego. En mi historia. Y no pueden salir. Pero pueden hacer lo que quieran dentro. —Te miró de reojo—. Así que procuren entretenerme, ¿sí? Que si me aburro… ya vieron qué le pasó al narrador.

Luna siguió sentada en lo alto del estante, balanceando las piernas como si no estuviera a kilómetros de altura. Se quedó callada unos segundos, mirando alrededor, y luego soltó:

—Bien. Ahora que ya saben quién soy… supongo que me toca presentarles la casa.

Levantaste la vista. Ella se puso de pie y empezó a caminar despacio sobre el borde, sin mirar dónde ponía los pies.

—Ya sé lo que están pensando —dijo sin darles tiempo a hablar—. «Qué reino tan imponente. Qué dominio. Lo conquistó y lo convirtió en su hogar». —Negó con la cabeza, riendo bajito—. Qué tiernos. Y qué equivocados.

Se detuvo. La sonrisa traviesa se le suavizó, pero no por ternura, sino por algo mucho más grande.

—Esto no es mi reino. —Miró los estantes que se perdían en la inmensidad—. Es mi cuerpo.

Silencio. No el de antes, sino uno que pesaba en el pecho.

—Aquí hay de todo —continuó, caminando otra vez—. Allá —señaló una hilera de libros tan negros que parecían absorber la luz— están los condenados. Seres que hicieron cosas que ni siquiera ustedes se atreverían a imaginar. Algunos están sufriendo castigos que durarán… bueno, lo que yo decida. —Se encogió de hombros—. Al fin y al cabo, el fin de los tiempos lo pongo yo cuando me aburra.

Pasó a otra sección donde miles de libritos pequeños descansaban juntos.

—Y aquí están las vidas. Los recuerdos. Los amores que duraron una tarde y los odios que duraron mil años. —Tomó uno entre las manos—. Algunas son emocionantes. Otras les harían llorar. Y otras… —bostezó con toda naturalidad— son tan aburridas que me dan ganas de cerrarlas antes de la primera página. Pero siguen siendo historias. Y todas son mías.

Miró hacia el centro de la sala. Varios libros se abrieron solos y de sus páginas brotaron luces que crecieron hasta convertirse en galaxias enteras.

—Aquí nacen mundos. Civilizaciones. Dioses que creen que lo controlan todo. —Las luces se apagaron despacio y los libros se cerraron—. Y aquí se van cuando llegan al final. Algunos duran eones. Otros… —chasqueó los dedos y un libro desapareció sin ruido— duran menos que un suspiro.



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En el texto hay: terror, fantasia oscura, cósmico

Editado: 28.09.2026

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