Sobre la cumbre de invierno, tallado en roca fría,
con la paciencia del tiempo que en la piedra confía,
avanza paso a paso, sin prisa ni temblor,
con la mirada puesta en su propio lucero.
Lleva el peso del mundo sobre espaldas serenas,
sus raíces son hondas, firmes, siempre llenas
de un honor silencioso, leal hasta el final,
y un humor que despierta cuando hay confianza y paz.
Es arquitecto de sueños, ambicioso y realista,
con la ética por guía, su camino es una pista
hacia metas seguras, paso a paso, sin error,
Capricornio es cimiento, es esfuerzo y es valor.
Pero en su torre altiva, a veces anida el hielo,
la terquedad es muro, es un pesado celo.
Tan serio que olvida que la vida es también
un río que se lleva lo rígido, amén.
Puede encerrar su afecto tras un gesto severo,
como si el corazón fuera un invierno entero.
Mas no te equivoques, tras la apariencia austera,
late un fuego callado que espera su primavera.
Pues el que nace cuando enero muerde el viento,
y el mundo es blanco y frío, un taciturno aliento,
guarda bajo la nieve, en un rincón ardiente,
un sol de amistad fiel, sorprendentemente caliente.
Así es Capricornio, de contrastes moldeado,
frío por fuera a veces, por dentro un fuego cuidado.
Un abrazo certero cuando el camino es largo,
la roca más constante bajo cualquier amargo.