Luna Negra

Capítulo IV La Traición de Darek

Capítulo IV

La Traición de Darek

La nieve comenzó a derretirse cuando Kaela regresó al límite del territorio del Norte.

No cruzó la frontera.

Aún no.

Observó desde las sombras cómo la manada vivía bajo una calma artificial. Demasiado orden. Demasiado silencio.

—El Pulso está activo —susurró la sanadora a su lado—. ¿Lo sientes?

Kaela asintió.

Era como un zumbido bajo la piel. Una presión en el pecho. La misma sensación que había tenido la noche de la ejecución.

No era miedo.

Era imposición.

Esa noche, interceptaron a un mensajero.

No lo mataron.

Lo escucharon.

Y lo que reveló fracturó la última duda que quedaba.

No hubo conspiración.

Nunca la hubo.

El padre de Kaela había descubierto que el Alfa Supremo alteraba el Pulso Lunar mediante un ritual prohibido durante la Luna Negra. Planeaba reunir pruebas. Advertir a las otras manadas.

Darek lo supo.

Y eligió callar.

No por lealtad al Alfa.

Por miedo.

El Alfa Supremo había amenazado con destruir por completo a la Manada del Norte si surgía rebelión.

Darek eligió sacrificar a uno… para salvar a muchos.

Pero el cálculo fue imperfecto.

Porque creó a Kaela.

Tres noches después, Darek acudió solo al antiguo mirador de piedra.

Sabía que ella vendría.

—Has crecido —dijo sin volverse.

Kaela emergió de entre los árboles.

Ya no era la adolescente del Gran Claro.

—Tú también —respondió—. Pero no en la dirección correcta.

El viento movió sus capas en direcciones opuestas.

—Si no lo hacía, nos habrían masacrado —dijo Darek—. El Alfa Supremo ya desconfiaba de tu padre. Necesitaba una demostración de control.

—¿Y elegiste su sangre?

—Elegí supervivencia.

Kaela avanzó un paso.

—Elegiste miedo.

Silencio.

Por primera vez, Darek parecía cansado.

—No puedes derrotarlo —dijo finalmente—. Controla el Pulso. Durante la Luna Negra, su voluntad se amplifica. Las manadas lo sienten como si fuera ley natural.

—Entonces romperé esa ley.

Los ojos de Darek mostraron algo nuevo.

Esperanza.

—Si lo haces —murmuró—, el Norte te seguirá.

—No —corrigió Kaela—. El Norte despertará.

No lo mató.

Aún no.

Porque necesitaba algo más poderoso que venganza.

Necesitaba prueba pública.

Y Darek sería parte de ella.




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