La voz de Ronaldo, al otro lado de la línea, estaba cargada de una mezcla de furia y frustración, apenas contenida.
—¿Buenas noticias? ¡Ese idiota de Hugo! ¡Ha volado mi palacio por los aires! ¡Ha escapado! ¡Mis hombres están heridos, el edificio está en llamas! ¡Una jodida masacre!
Un silencio gélido se instaló en la habitación. Tomás Holler se quedó inmóvil, su rostro transformándose lentamente. La irritación se convirtió en incredulidad, luego en una furia hirviente que le quemaba los ojos. La vena en su sien comenzó a palpitar furiosamente.
—¿Que ha escapado? —preguntó Tomás, su voz apenas un susurro venenoso, pero con una fuerza que hizo temblar el aire.
—Sí, escapó. ¡Saltó por una jodida ventana, se descolgó por los andamios! ¡Y mi propiedad está ardiendo! —rugió Ronaldo, la desesperación palpable en su tono.
Tomás Holler apretó el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. El fracaso era un sabor amargo en su boca, un insulto personal a su impecable control. Había subestimado a Hugo, y la humillación era intolerable.
Colgó sin decir una palabra, la respiración agitada. Se volvió hacia Gael, y el terror en los ojos del joven se intensificó. La calma sádica de Tomás se había desvanecido, reemplazada por una rabia primordial.
—Así que tu amigo es un perro rabioso —siseó Tomás, acercándose de nuevo a Gael, esta vez con una expresión puramente homicida—. Un perro que se cree inmune. Pues voy a enseñarle. Voy a enseñarle lo que le ocurre a los perros que muerden. Y tú, Gael, vas a ser mi mensajero.
La mirada de Tomás cayó sobre una caja de herramientas llena de instrumentos aún más ominosos. El verdadero tormento apenas comenzaba.
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En el ala de servicio de la mansión Holler, donde los pasillos eran más estrechos y la luz tenue, Vanessa, envuelta en una determinación fría, ejecutaba su plan. No estaba sola. Detrás de ella, dos de los guardias personales de Holler, dos hombres curtidos llamados Leo y Marco, avanzaban con Magda a rastras. Estos hombres, cansados de las atrocidades de Tomás y convencidos por la promesa de Vanessa de una nueva era , habían jurado lealtad a la futura "señora" de la casa.
Magda, sus ojos inyectados en sangre y su rostro contorsionado por la ira, luchaba con la ferocidad de un animal acorralado.
—¡Suéltame, traidores! ¡Tomás os matará! ¡Os colgará de la entrada! ¡Vanessa, zorra, me las pagarás!
Vanessa caminaba por delante, sin inmutarse por los gritos y maldiciones de Magda. Su voz era tranquila, pero tenía un filo de acero.
—No, Magda. Tomás no hará nada. Porque no sabrá que esto está pasando. Y si lo sabe, no estará en posición de castigar a nadie.
Leo y Marco arrastraron a Magda hasta una habitación pequeña y sin ventanas, que solía ser un antiguo cuarto de almacenamiento. No era una mazmorra, pero era lo suficientemente aislada como para que sus gritos no llegaran a los oídos de Holler. La arrojaron dentro.
—¡Me pudriré aquí antes de que esto termine! —gritó Magda, intentando levantarse, pero la puerta de acero se cerró con un sordo golpe, y el sonido de un pestillo deslizándose resonó en el pasillo.
Vanessa se acercó a la puerta, su expresión grave.
—No te pudrirás, Magda. Simplemente reflexionarás. Es hora de que el imperio de Tomás Holler se tambalee. Y tú, con todos tus secretos, serás un peón en su caída.
Se giró hacia Leo y Marco.
—Asegúrense de que nadie se acerque a esta puerta. Bajo ninguna circunstancia. Si Holler pregunta por Magda, díganle que está "indispuesta". Que se ha encerrado por su cuenta.
Los hombres asintieron, sus rostros tensos. Habían cruzado un umbral, y no había vuelta atrás.
Mientras los guardias se quedaban vigilando, Vanessa extendió la mano y recogió el teléfono móvil de Magda del suelo. Había caído durante la refriega. Lo miró, la pantalla iluminándose. Magda, en su rabia, había olvidado habilitar el desbloqueo facial. Deslizó el dedo por la pantalla y abrió el teclado.
Marcó un número conocido. Emma.
Con el corazón latiéndole fuerte. El teléfono comenzó a sonar. Sabía que estaba arriesgando todo, pero no había otra opción. La guerra había comenzado, y necesitaba aliados. Necesitaba que Emma supiera la verdad. El futuro de Hugo, de Gael y de ella misma dependía de esta llamada...