Luna Roja

Capitulo 73

Caminó a paso rápido por las calles iluminadas por farolas, el sonido de sus botas resonando en el asfalto. El barrio al que se dirigía era elegante, edificios de piedra gris y apartamentos lujosos. La ansiedad crecía con cada paso, un peso opresivo en su pecho.

Finalmente, llegó a la dirección. Un imponente edificio de apartamentos con una fachada clásica. Emma encontró el número del apartamento de McBeen en el panel de intercomunicadores y, con el corazón latiéndole como un tambor de guerra, subió por la escalera principal.

Al llegar al rellano del quinto piso, la vio. La puerta del apartamento de Anthony McBeen estaba abierta. No simplemente sin cerrar, sino *forzada*. La madera del marco estaba astillada alrededor de la cerradura, claramente violentada. Un escalofrío helado recorrió la espalda de Emma. Su respiración se atascó en su garganta.

La penumbra del rellano no le permitía ver bien dentro, pero percibió una oscuridad inquietante, un silencio antinatural que emanaba del interior. Cada fibra de su ser le gritaba que corriera, que no entrara. Pero la imagen de Gael, la voz asustada de Vanessa, la impulsaron hacia adelante. Tenía que saber.

Empujó la puerta con la punta de su pie, abriéndola un poco más. Un gemido amortiguado escapó de su garganta al vislumbrar el interior. El apartamento estaba en un caos absoluto. Muebles volcados, cojines esparcidos por el suelo, papeles desparramados como hojas en un vendaval. La lámpara de pie estaba rota, su pantalla rasgada, y el silencio, ese silencio ominoso, lo inundaba todo.

Emma avanzó, con pasos lentos y temblorosos, sus ojos fijos en el desorden, buscando alguna señal, alguna explicación. El olor a metal y a algo más, algo denso y enfermizo, llenaba el aire. Sus ojos recorrieron la sala, los destrozos.

Y entonces lo vio.

En el centro del salón, boca arriba, con los brazos extendidos y una mirada petrificada de sorpresa y horror en su rostro, yacía Anthony McBeen. Su camisa blanca estaba empapada en un carmesí oscuro que se extendía en dos manchas horribles sobre su pecho. Dos agujeros negros, pequeños y perfectos, marcaban el lugar donde la vida había sido brutalmente arrancada de él.

Emma ahogó un grito. El sonido no salió. Sus piernas cedieron bajo ella, y cayó de rodillas al suelo frío, las manos temblándole incontrolablemente. El teléfono se le resbaló de los dedos y cayó con un golpe sordo en el suelo, su pantalla rota reflejando el rostro de Emma, pálido y desfigurado por el horror. La imagen de Anthony, los dos disparos en su pecho, se grabó a fuego en su mente. Era real. Todo era real. Y ella, de alguna manera, estaba ahora en el centro de ello, completamente sola...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 10.01.2026

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