Luna Roja

Capitulo 74

El grito ahogado de Emma se perdió en el silencio sepulcral del apartamento. Cayó de rodillas, las manos temblándole, el corazón latiéndole desbocado contra las costillas. Anthony McBeen yacía inmóvil, sus ojos abiertos y fijos en un punto distante del techo, el doble agujero en su pecho una marca indeleble de la violencia que había irrumpido en su vida. El olor a sangre y pólvora, mezclado con la fría esencia de la muerte, se aferraba al aire.

El teléfono de Emma, con la pantalla agrietada, descansaba junto a su rodilla. Instintivamente, su mente gritó por ayuda, por el número de emergencia. Pero la llamada de Vanessa resonó en su cabeza: "No puedes confiar en la policía aquí, Emma. Tomás tiene contactos en todas partes." La cruda realidad se estrelló contra ella. Estaba sola. Completamente sola, en la escena de un asesinato.

Un escalofrío helado, más allá del miedo, la recorrió. Si la habían encontrado a McBeen, si lo habían silenciado así, ¿qué les impediría encontrarla a ella? ¿O a Gael? ¿O a Hugo? Su mente, a pesar del shock, comenzó a funcionar con una lucidez aterradora. Necesitaba pruebas. Necesitaba información.

Sus ojos, aún empañados por las lágrimas no derramadas, buscaron desesperadamente entre el caos. Muebles volcados, libros desparramados, cajones abiertos y vaciados. La imagen de Gael, la voz de Vanessa, fueron los anclajes que la mantuvieron cuerda. Tenía que hacerlo. Por ellos.

Con un esfuerzo hercúleo, se arrastró por el suelo, evitando mirar directamente el cuerpo inerte de Anthony. Su mirada se posó en una mesita auxiliar junto a un sofá volcado. Allí, milagrosamente intacto, o al menos visible, yacía un teléfono móvil. No era el suyo, el que se le había caído, sino el de McBeen. Un modelo más antiguo, pero funcional.

Con manos que temblaban tanto que apenas podía controlarlas, Emma lo alcanzó. La pantalla estaba bloqueada, pero al intentar deslizar el dedo, se encendió mostrando la huella digital de Anthony. Un destello de esperanza. McBeen, en su prisa o su confianza, no lo había asegurado con un código.

La galería de fotos de McBeen. Su vida digital, abierta ante ella. No había tiempo para remordimientos. Tenía que buscar. Mensajes, llamadas recientes, documentos. La respiración de Emma era superficial, sus ojos se movían rápidamente por la pantalla. No quería ver lo que había sucedido, pero tenía que hacerlo.

De repente, lo encontró. En la lista de contactos, un nombre resaltaba: "Hugo M. (Contacto de Emergencia)". Un resquicio de luz en la oscuridad. Con una mezcla de alivio y terror, Emma se detuvo. Registró el número en su propio teléfono, el suyo propio y agrietado, casi por instinto, antes de que pudiera dudar. Ahora, con el número de Hugo guardado, la siguiente fase de su plan, nacida de la desesperación, cobró forma.

Abrió la aplicación de mensajes en el teléfono de McBeen, como si hubiera sido él quien lo enviara. "Hugo, soy yo, Anthony. Tenemos un problema. Necesito verte. Urgente. Ven al parque de los Tilos, detrás de la Biblioteca Pública, en una hora. No falles. Hay algo grande. No me llames."

Emma pulsó "Enviar". Después de un momento, el mensaje fue entregado. Soltó un suspiro tembloroso, consciente de la audacia y el peligro de su acción. Luego, cerró el teléfono de McBeen y lo dejó caer suavemente al suelo, junto a un cojín. No podía dejar pruebas. Y ella... tenía que irse. La escena era demasiado peligrosa. Con una última mirada al cuerpo de Anthony, Emma se levantó y salió del apartamento...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 10.01.2026

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