Luna Roja

Capítulo 78

Mientras Emma y Hugo sellaban su pacto de desesperación, Ronaldo, en la intimidad de su suite, se sumergía en las entrañas de la oscuridad de Tomás Holler. Horas de investigación implacable, buceando en bases de datos encriptadas, archivos gubernamentales y sus propios contactos en el submundo, comenzaron a dar frutos. La fachada de hombre de negocios impecable de Holler se agrietaba bajo el escrutinio.

Nombres, transacciones, propiedades. Muchas propiedades. Una de ellas, una mansión en el corazón de Londres, se destacaba. No la había vinculado directamente con Holler antes, pero la red de empresas fantasma y testaferros terminaba siempre allí. Era la dirección de la mansión donde se encontraba Vanessa, la que Holler había preparado para la boda.

Una sonrisa cínica se extendió por el rostro de Ronaldo. Holler lo había subestimado. Pensaba había cortado todos sus lazos. Pero Ronaldo no era de los que se rinden. Había encontrado un hilo, un cabo suelto. Y lo tiraría hasta desentrañar todo el entramado. Su supervivencia dependía de ello.

Con una determinación fría, Ronaldo se puso en marcha. No envió a sus hombres; esto era demasiado delicado. Esto era personal. Y potencialmente, su única salvación.

La mansión Holler se alzaba majestuosa bajo la luz de los faroles, un monumento de piedra y hierro forjado en medio de un jardín impecable. A pesar de la inminente boda, un aura de opresión flotaba en el aire. Vanessa, sentada sola en el inmenso salón principal, con los preparativos de la boda fluyendo a su alrededor como un río incomprensible, sentía cómo la arena del reloj se escurría. Su búsqueda en el estudio de Tomás había sido inútil. Magda había sido liberada y la vigilaba de cerca, su mirada fría y acusadora.

De repente, la puerta principal se abrió con un murmullo de voces. Varios empleados de la mansión se apartaron con reverencia nerviosa. Y allí, enmarcado por el umbral, apareció Ronaldo. Vestido impecablemente, con su usual aplomo arrogante, sus ojos recorrieron el salón hasta detenerse en ella.

Vanessa se levantó de un salto, la incredulidad y la furia borrando cualquier rastro de miedo. Su boca se abrió, pero las palabras se ahogaron en su garganta. ¡Ronaldo! ¿Qué hacía él aquí? ¿Cómo la había encontrado? La sorpresa fue amarga, casi insoportable.

Ronaldo, por su parte, le dedicó una sonrisa lenta y enigmática. No era una sonrisa de alegría, sino de satisfacción cínica, de un depredador que había rastreado a su presa.

—Vanessa —dijo, su voz un murmullo suave pero penetrante que resonó en el amplio salón—, qué agradable sorpresa encontrarte. A estas alturas, casi pensaba que no llegaría a tiempo para tu boda.

🦋

Mientras el drama se desarrollaba en la mansión, muy por debajo de la superficie, en la prisión improvisada de Tomás Holler, Gael luchaba contra sus cadenas. La oscuridad era casi total, solo rota por una pequeña rendija que dejaba entrar un fino hilo de luz de vez en cuando. La humedad penetrante y el frío constante le habían entumecido los huesos, pero su mente permanecía febril.

Había pasado horas, quizás días, en un estado de semiinconsciencia, pero la imagen de Emma, su preocupación, su amor, actuaban como un faro en la niebla de su dolor. No podía rendirse. No podía dejar que Tomás Holler se saliera con la suya.

Sus muñecas estaban atadas con gruesas cuerdas a un anillo de metal anclado a la pared. Las piernas, igual. Había intentado de todo: estirar, morder, tirar con fuerza bruta. Nada. Pero ahora, con la desesperación dándole un empuje de adrenalina, había notado algo. Uno de los hilos de la cuerda de su muñeca derecha estaba deshilachado, expuesto. Y cerca, en la pared de piedra, sobresalía una pequeña astilla de metal oxidado, afilada por el paso del tiempo.

Con una paciencia agonizante, Gael comenzó a frotar la cuerda contra la astilla. El dolor era inmenso, el metal rasgaba su piel, pero se obligó a ignorarlo. Hora tras hora, el roce constante, lento, desgastaba las fibras. Sus músculos gritaban, sus hombros ardían, pero la imagen de Emma, su sonrisa, su cabello, lo mantenían en movimiento.

Finalmente, con un crujido sordo, una de las cuerdas cedió. Gael cayó hacia un lado, sus manos ahora magulladas y ensangrentadas, pero libres de la atadura. Una oleada de euforia, breve pero intensa, lo invadió. Había logrado un primer paso.

Sus manos, aunque doloridas, comenzaron a trabajar en las ataduras de sus piernas, esta vez usando sus propios dientes para romper los hilos más débiles. La oscuridad era su aliada, la única. Cuando finalmente se liberó por completo, sus músculos se quejaron, rígidos y atrofiados. Se arrastró por el suelo, explorando la pequeña celda. Las paredes eran de piedra sólida, la puerta de hierro macizo. No había ventanas.

Pero había un plan. Una idea, aunque apenas un susurro en su mente, comenzó a tomar forma. Había un pequeño hueco en la parte inferior de la puerta, por donde le pasaban un plato de comida. Era demasiado pequeño para él, pero si lograba encontrar algo... un objeto punzante, una herramienta improvisada... Podía intentarlo. Gael se recostó contra la pared, su mente ya trabajando en su escape, cada fibra de su ser concentrada en la supervivencia.

🦋

—¿Qué haces aquí, Ronaldo? —la voz de Vanessa, aunque baja, vibraba con una furia contenida mientras se acercaba a él, los ojos centelleando con reproche. Los pocos sirvientes que quedaban en el salón se retiraron discretamente, percibiendo la inminente tormenta.

Ronaldo sonrió, una mueca de desdén. —Estoy aquí por negocios, querida Vanessa. ¿Acaso creías que la vida se detiene porque tú juegues a la damisela en apuros?

—¡Negocios! —escupió Vanessa, la ira estallando—. ¡Tú nos traicionaste! Nos entregaste a Tomás. A Hugo, a Gael... ¿A qué has venido? ¿A regocijarte en tu victoria con tu nuevo amo?

La sonrisa de Ronaldo se desvaneció, reemplazada por una expresión más dura, más fría. —Traición es una palabra fuerte, Vanessa. Yo diría... reevaluación de alianzas. Tomás Holler es un hombre de poder, y el poder, como el dinero, es el único Dios verdadero en este mundo. Las lealtades personales son un lujo que no puedo permitirme, ni tú tampoco, si eres inteligente.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 10.01.2026

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