Luna Roja

Capítulo 84

Hugo, sentado en el asiento del conductor de su coche aparcado, con la cabeza entre las manos, sintió un escalofrío cuando su teléfono vibró. Había llevado a Emma al hospital, dejándola en manos de los médicos. La angustia de verla desmayarse, y la frustración de que el tiempo se agotaba, lo tenían al borde de un ataque de nervios. El número en la pantalla era desconocido. Dudó por un instante, pero algo le impulsó a contestar.

—¿Sí? —dijo con voz tensa.

—Hugo. Soy Gael.

El nombre resonó en el coche, disipando la oscuridad del momento. Hugo se quedó sin aliento.

—¿Gael? ¡No puede ser! ¿Estás bien? ¿Dónde estás?

La voz de Gael era baja, cansada, pero firme. —Estoy libre. Logré escapar de Holler. Estoy en Londres.

Un suspiro de alivio, profundo y liberador, escapó de los labios de Hugo. Era como si un peso gigantesco se hubiera levantado de sus hombros. La esperanza, que había estado a punto de extinguirse, se encendió con una fuerza renovada.

—¡Dios mío, Gael! ¡Qué alivio! Voy a buscarte ahora mismo. Dime dónde estás y voy.

—No —la voz de Gael fue categórica—. No hay tiempo para eso. Necesito que te concentres en Vanessa.

Hugo frunció el ceño, la alegría inicial se mezclaba con una nueva preocupación. —Pero... estás solo, después de todo lo que pasaste.

—Lo sé —interrumpió Gael—. Pero Vanessa está en el corazón de la bestia, a horas de casarse con Holler. Ella es la prioridad ahora. ¿Cómo está Emma?

Hugo dudó, el brillo de preocupación en sus ojos. —Emma... ella está en el hospital. Se desmayó. Está bien, pero...

Gael no le dio tiempo a terminar. —Bien. Necesito que la cuides. Ve a por Vanessa. Estoy bien, me las apañaré. Pero ella te necesita. ¿Entiendes?

Hugo respiró hondo, la lógica implacable de Gael perforando su ansiedad. Gael siempre había sido el más centrado, el que veía el objetivo final.

—Entendido, Gael. Iré a por Vanessa. Pero prométeme que te mantendrás a salvo.

—Lo haré. Y tú también. Mantén tus ojos abiertos, Hugo. Esto no ha terminado.

La llamada se cortó, dejando a Hugo en el silencio del coche, pero con una dirección clara. Gael estaba libre. Emma estaba a salvo, aunque con una noticia que la había conmocionado. Ahora, todo su ser se enfocaría en Vanessa. El tiempo se agotaba.

.

🦋

.

En la suntuosa suite nupcial de la mansión Holler, Vanessa se encontraba de pie frente al espejo de cuerpo entero, con la espalda rígida, observando su reflejo. El vestido de novia, una creación de encaje blanco marfil y seda, caía en cascada alrededor de su figura, ciñéndola y dándole una apariencia etérea, casi fantasmal. Joyas de diamantes brillaban en su cuello y muñecas, cada una de ellas un grillete más a su prisión dorada. El velo, un delicado tejido de tul, estaba cuidadosamente dispuesto sobre su cabello.

No se reconocía. La mujer que la miraba desde el espejo era una extraña, una marioneta vestida para un sacrificio. Sus ojos, antes llenos de fuego y determinación, ahora albergaban una desesperación profunda, un abismo de resignación. Dentro de unas horas, sería la señora de Holler. El destino, pensó, había sido sellado, su futuro aplastado bajo el peso del imperio de Tomás. Se sentía vacía, como un lienzo en blanco a punto de ser manchado por un destino ajeno.

Magda, con su habitual inexpresividad, supervisaba los últimos detalles del peinado de Vanessa. Sus movimientos eran precisos y fríos, como los de una máquina.

—Está preciosa, mi señora —dijo Magda, sin una pizca de emoción en su voz.

Vanessa no respondió, la voz ahogada en su garganta por la magnitud de la tragedia inminente.

Un imperceptible parpadeo llamó su atención. Provenía de un pequeño, elegante compacto de plata que descansaba en su tocador, un "regalo de la familia" que Magda había dejado allí esa mañana. Era un objeto inofensivo, aparentemente. Pero ahora, una diminuta luz azul parpadeaba en su borde. Con el corazón martillándole, Vanessa se acercó y lo tomó. El parpadeo se intensificó. Al abrirlo, no solo vio su pálido reflejo, sino que en un borde del espejo, una pantalla microscópica se activó, mostrando un mensaje. Era de un número desconocido, pero el remitente era claro: *Grace Holler*.

El mensaje era breve y escalofriante:

No he olvidado tu favor, Vanessa. Y yo, Grace, nunca olvido un favor o una deuda. Ten preparada una gran sorpresa para el señor Holler. Será el día más memorable de su vida. Disfruta de la boda...

Vanessa sintió un escalofrío recorrer su espalda. Los dedos se le entumecieron alrededor del compacto. Grace. La exesposa de Holler, la mujer que ella misma había liberado de la mazmorra. ¿Qué sorpresa? ¿Un rescate? ¿Una venganza? La ambigüedad del mensaje la dejó perpleja, pero una pequeña chispa de esperanza, teñida de un miedo incontrolable, se encendió en su pecho. El destino quizás no estaba tan sellado como creía. Pero, ¿a qué precio?...



#3139 en Novela romántica
#299 en Thriller

En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 10.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.