Luna Roja

Capitulo 86

El mundo de Gael se detuvo. La palabra "embarazada" flotó en el aire, alterando la gravedad misma de su existencia. Sus ojos se abrieron, la sorpresa reemplazando instantáneamente el alivio. Un hijo. ¿Un hijo de ellos? La idea era tan inmensa, tan inverosímil en medio de la guerra que libraban, que por un instante su mente se quedó en blanco. Luego, un torrente de emociones lo embargó: el miedo por la vida que venía en camino, la responsabilidad abrumadora, y, debajo de todo eso, una indescriptible oleada de alegría. Un pequeño brote de esperanza en el desierto de su desesperación.

Se quedó sin palabras, incapaz de procesar la magnitud de la noticia. Solo pudo rodear a Emma con sus brazos, abrazándola con una fuerza tierna, como si quisiera protegerlos a ambos del mundo exterior. Las lágrimas, que había retenido durante tanto tiempo, finalmente cayeron, mezclándose con las de Emma. Su reencuentro no era solo la unión de dos amantes, sino el nacimiento de una nueva promesa, un futuro que ahora les obligaba a luchar con más ferocidad que nunca.

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De vuelta en la mansión Holler, el ambiente se cargaba de anticipación. Vanessa, en la suite nupcial, se preparaba para su entrada triunfal, o para su marcha al patíbulo, según lo viera. Magda, con una expresión pétrea, ajustaba los últimos pliegues de su velo, cada movimiento una sentencia.

—Es hora, mi señora —anunció Magda con su voz monocorde.

Vanessa se miró al espejo por última vez, sus ojos fijos en el reflejo de la novia. La desesperación había dado paso a una fría resignación, pero el mensaje de Grace le había inyectado una minúscula dosis de expectación. ¿Qué sorpresa? ¿Sería una liberación, o un truco más del destino?

La música nupcial, una imponente marcha de orquesta, comenzó a sonar en el gran salón. Las puertas se abrieron. Vanessa, con el corazón encogido, comenzó a caminar por el pasillo central, sus pasos lentos y pesados, como si cada zancada la llevara a un abismo. Los ojos de los invitados la siguieron, una mezcla de admiración y envidia en sus miradas.

En la primera fila, Tomás Holler la esperaba al final del pasillo, una sonrisa de triunfo grabada en su rostro. Sus ojos, oscuros y calculadores, la devoraban. Detrás de él, el oficiante, un hombre con la solemnidad de un juez y el rostro de un verdugo, se preparaba para sellar el pacto.

Desde su escondite, entre un seto de rosas y la esquina del salón, Hugo vio a Vanessa. Su corazón se encogió con un dolor lacerante. El vestido blanco, el velo, la luz en sus ojos que no era de felicidad sino de angustia. Era la mujer que amaba, a punto de entregarse al hombre que odiaba. Un torbellino de emociones lo invadió: rabia, tristeza, y una furia incontrolable. ¡Tenía que detenerlo! Sentía la necesidad visceral de gritar, de irrumpir en la ceremonia, de arrancar a Vanessa de las garras de Holler. Sus puños se apretaron, sus nudillos se blanquearon.

La ceremonia avanzaba con una rapidez mortífera. El oficiante recitaba las palabras sagradas, la retórica del amor y la unión sonando hueca en el opulento salón.

—Vanessa, ¿aceptas a Tomás Holler como tu legítimo esposo, para amarlo y respetarlo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Vanessa levantó la mirada hacia Tomás, sus ojos velados. El salón contuvo la respiración. Hugo, con el alma en vilo, estaba a punto de irrumpir. Un grito ahogado se formó en su garganta.

Vanessa abrió la boca, el "sí" a punto de escapar de sus labios, un eco de su destino sellado.

Pero justo en ese instante, el gran portón principal de la mansión, que había estado herméticamente cerrado, se abrió de golpe con un estruendo que hizo eco en todo el salón. Todos los ojos se giraron hacia la entrada.

Allí, parada en el umbral, con una presencia imponente que detuvo cada respiración, estaba Grace Holler. No era la mujer demacrada y asustada que Vanessa había liberado de la mazmorra. Llevaba un elegante traje de noche negro, su cabello oscuro recogido en un moño sofisticado, y sus ojos, antes velados por el miedo, ahora ardían con una fría determinación. Su rostro, marcado por cicatrices invisibles, proyectaba una fuerza inquebrantable.

Un silencio sepulcral se apoderó de la sala. Tomás Holler, con la copa de champán aún en la mano, se quedó helado, su sonrisa de triunfo desdibujándose en una mueca de incredulidad y furia.

Grace miró directamente a Tomás, luego a Vanessa, y su voz, fuerte y clara, resonó en el silencio, rompiendo la solemnidad de la ceremonia como un trueno.

—¡Me opongo a esta unión! —declaró, sus palabras resonando en cada rincón del salón. —¡Tomás Holler no puede casarse, porque ya está casado! Y tengo las pruebas para demostrarlo...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

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