Luna Roja

Capítulo 87

El gran salón de la mansión Holler se sumió en un silencio atronador tras la declaración de Grace. Tomás, de pie al final del pasillo, con la mano aún extendida hacia Vanessa, parecía haberse convertido en una estatua de mármol. Su rostro, antes una máscara de triunfo, se descompuso en una mezcla de incredulidad, pavor y una furia apenas contenida. Sus ojos, oscuros y dilatados, estaban fijos en Grace, la mujer a la que creía confinada en las profundidades de su mazmorra, la prueba viviente de su crueldad y su secreto mejor guardado. El champán de la copa que sostenía en la mano comenzó a temblar, salpicando el suelo de mármol con gotas perladas.

Grace, ajena a la conmoción que causaba, avanzó unos pasos con una gracia implacable. Su mirada, gélida y resuelta, barrió el rostro de Tomás, deteniéndose apenas un instante para saborear su terror. Había pasado meses planeando este momento, cultivando aliados en las sombras, tejiendo una red de venganza silenciosa. Uno de sus cómplices, un técnico de audio y vídeo que Holler había contratado para la boda, aprovechó el caos para activar un proyector oculto. De repente, una pared entera del salón, donde antes colgaba un tapiz flamenco, se iluminó, revelando una gigantesca pantalla LED.

Un archivo de vídeo comenzó a reproducirse. La voz de Grace, serena y acusadora, llenó el salón, amplificada por el sistema de sonido.

—Señoras y señores, invitados de honor de Tomás Holler —comenzó Grace, su voz resonando con una autoridad que Helder jamás le había permitido tener—. Soy Grace Holler, y para la sorpresa de mi "ex-esposo", estoy muy viva. He venido hoy no solo para impedir esta farsa, sino para desvelar la verdadera cara del hombre al que se disponen a honrar.

En la pantalla, comenzaron a aparecer imágenes: documentos financieros, transferencias bancarias ilícitas, correos electrónicos cifrados que revelaban manipulaciones bursátiles y sobornos a políticos. Luego, grabaciones de audio: conversaciones de Tomás con socios sombríos, planeando el blanqueo de dinero y la extorsión a pequeños empresarios. La voz de Tomás era inconfundible, fría, calculadora, despiadada.

—Durante años, estuve casada con este hombre —continuó Grace, su mirada fija en un Holler lívido—. Fui testigo de sus crímenes, de su sed insaciable de poder, de su desprecio por la ley y la moral. Cuando intenté oponerme, cuando amenacé con exponerlo, él me encerró. Me mantuvo cautiva, aislada, esperando que me pudriera en la oscuridad. Él creyó que había silenciado mi voz para siempre. Pero Holler, subestimaste el poder de una mujer herida. Y el poder de la verdad.

Las revelaciones se sucedían sin tregua. Gráficos de empresas fantasma, testimonios anónimos de ex-empleados amenazados, incluso un breve vídeo borroso donde Tomás Holler aparecía en una reunión secreta con figuras del crimen organizado. La imagen de un Tomás impoluto y respetable se desmoronaba en mil pedazos, expuesta ante la crème de la crème de Londres.

El murmullo de los invitados se convirtió en un zumbido ensordecedor de incredulidad y horror. Algunos empezaron a levantarse, sus rostros pálidos, sus copas de champán olvidadas. La burbuja de prestigio y respetabilidad de Holler había estallado.

Tomás Holler, expuesto, humillado ante su propia corte, sentía que el suelo se abría bajo sus pies. Sus ojos, salvajes, se movían entre Grace y la pantalla, una vena latiéndole furiosamente en la sien. Había subestimado a su antigua esposa, había subestimado el resentimiento, el deseo de venganza. La rabia se apoderó de él, una furia hirviente que amenazaba con consumirlo.

Vanessa, de pie en el altar, observaba el espectáculo con una sonrisa que nacía lentamente en sus labios. No era una sonrisa de alegría, sino de victoria, de justicia. El peso de la boda forzada, el miedo, la resignación, todo se disolvía con cada revelación. Sintió un profundo alivio. Grace no había venido a rescatarla, sino a demoler a Holler, y al hacerlo, la había liberado.

Desde su posición oculta, Hugo sentía que un nudo de años se desataba en su pecho. La venganza. La justicia. Todo se estaba sirviendo en el banquete nupcial de Holler. Sintió un alivio que lo hizo respirar hondo por primera vez en días. Holler, el monstruo que había arruinado sus vidas, finalmente estaba cayendo. Pero el alivio era efímero; su misión aún no estaba completa.

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A varios kilómetros de allí, en un aeródromo privado al oeste de Londres, Ronaldo se preparaba para escapar. Había huido de la mansión de Holler horas antes, sintiendo el aire espeso de la traición y el peligro. Su plan era simple: desaparecer. Volar a uno de sus refugios más discretos en el Caribe, reagrupar sus fuerzas y planear su siguiente movimiento. La huida no era un símbolo de derrota, sino de una retirada estratégica, una interrupción temporal en su reinado.

—¡Preparen el jet! —ordenó con impaciencia al personal de tierra. Su rostro, surcado por el estrés, aún irradiaba esa arrogancia innata que lo caracterizaba. Se imaginaba a Holler y a los demás sumidos en el caos, mientras él, Ronaldo, se elevaba por encima de todo.

El jet privado, un elegante Cessna Citation, esperaba en la pista. El motor ya estaba en marcha, ronroneando como un depredador impaciente. Ronaldo subió la escalerilla, sin sospechar que su último movimiento ya había sido interceptado. Las órdenes de Tomás Holler, dadas en un ataque de paranoia la noche anterior, habían sido claras: "Elimina a todos los cabos sueltos. Ronaldo es un riesgo". Un técnico de mantenimiento, leal a Holler por razones que ni el mismo Ronaldo podría haber imaginado, había manipulado discretamente el sistema de combustible de la aeronave.

Ronaldo se instaló en el lujoso asiento de cuero, ajustándose el cinturón.

—¡Despegue! —ordenó al piloto, con una sonrisa de satisfacción.

El jet rugió y comenzó a rodar por la pista, ganando velocidad. Las luces del aeródromo se difuminaban en el ascenso. Por un instante, Ronaldo sintió el dulzor de la libertad, la emoción de la huida exitosa.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

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