Luna Roja

Capitulo 88

De vuelta en la mansión, la tensión era insoportable. Las revelaciones de Grace habían agotado la paciencia de Tomás. Su imperio se desmoronaba ante sus ojos, su reputación hecha añicos, y la mujer que lo había amado y traicionado se pavoneaba en su salón. La furia se convirtió en locura.

Con un grito gutural, Tomás Holler sacó una pequeña pistola plateada de su chaqueta, un arma de respaldo que siempre llevaba consigo. La apuntó directamente a Grace.

—¡Me has arruinado, perra! —rugió, su voz distorsionada por la rabia—. ¡Pagarás por esto! ¡Voy a acabar contigo aquí y ahora!

Un grito colectivo de horror se elevó entre los invitados. El pánico cundió. Grace, sin embargo, se mantuvo inmutable, sus ojos fijos en los de Tomás, desafiándolo hasta el final.

Pero antes de que Holler pudiera apretar el gatillo, el gran portón de la mansión volvió a abrirse de golpe, esta vez con una fuerza y autoridad inconfundibles. Un escuadrón de la policía metropolitana irrumpió en el salón, con armas en mano y chalecos antibalas.

—¡¡¡POLICÍA!!! ¡¡¡Manos arriba!!! —La voz de uno de los agentes resonó, clara y tajante.

El caos fue total. Gritos, empujones, el sonido de sillas volcándose mientras los invitados intentaban escapar. Los agentes rodearon a Tomás en cuestión de segundos. Él luchó, forcejeando con una ferocidad desesperada, pero fue rápidamente reducido. La pistola le fue arrebatada de la mano, y las esposas de metal chasquearon en sus muñecas.

—¡Esto es una farsa! ¡Una conspiración! —vociferó Holler mientras lo arrastraban, sus ojos inyectados en sangre, todavía buscando a Grace. Pero su voz, que antes había dictado el destino de tantos, ahora era solo el chillido impotente de un hombre derrotado.

Vanessa, en medio del pandemonio, sintió un temblor recorrer su cuerpo. La liberación era agridulce, mezclada con el miedo residual y la adrenalina. Su mirada nerviosa barrió el salón, pasando por los invitados en pánico, los policías que aseguraban la escena, hasta que sus ojos se encontraron con un par de orbes familiares.

Hugo.

Estaba allí, entre la multitud, un poco más apartado, su disfraz de camarero desordenado, pero su mirada inconfundible. En sus ojos, Vanessa vio no solo alivio, sino una promesa silenciosa, una determinación que le dijo que él siempre había estado allí para ella. Un pequeño atisbo de esperanza, puro y verdadero, se encendió en su corazón destrozado. La tormenta había pasado, pero la batalla aún no había terminado...



#5011 en Novela romántica
#618 en Thriller

En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.