Luna Roja

Capitulo 89

El caos reinaba en el gran salón de la mansión Holler. Gritos, sollozos y el estruendo de la policía irrumpiendo habían destrozado la atmósfera de opulencia. Vanessa, paralizada por la escena, sintió una oleada de náuseas y un instinto primario de huida. Con el corazón latiéndole salvajemente contra las costillas, y el vestido de novia que ahora se sentía como una mortaja, se giró y corrió. Corrió sin rumbo fijo, atravesando salones ahora desiertos, ajena al tumulto, hasta que el aire fresco de la noche la envolvió. Sus pies, descalzos sobre la hierba húmeda, la guiaron hacia los vastos jardines de la mansión, un laberinto de sombras y silencio que contrastaba brutalmente con el pandemonio que dejaba atrás.

Hugo, que había observado la escena desde un rincón, sintió una punzada de alarma al ver a Vanessa desaparecer entre la multitud. El alivio por la caída de Holler se vio eclipsado por la preocupación por ella. Sabía que, en medio de ese caos, ella sería vulnerable. Sin pensarlo dos veces, se escabulló del salón, su disfraz de camarero sirviendo ahora como un camuflaje inesperado. Siguió la dirección en la que la había visto correr, sus ojos escudriñando la oscuridad de los jardines.

Encontró a Vanessa acurrucada al pie de una fuente antigua, el blanco inmaculado de su vestido manchado de tierra y lágrimas. Su cuerpo temblaba, no solo por el frío de la noche, sino por la conmoción de todo lo vivido. Hugo se acercó con lentitud, sin querer asustarla, su corazón latiendo con una mezcla de ternura y urgencia.

—¡Vanessa! —susurró, su voz ronca de emoción.

Ella levantó la cabeza, sus ojos empañados por las lágrimas buscando la fuente del sonido. Al verlo, un grito ahogado escapó de sus labios.

—¡Hugo!

Se levantó de un salto, tropezando un poco, y corrió hacia él. Sus brazos la envolvieron con fuerza, atrayéndola hacia su cuerpo. El contacto fue eléctrico, un ancla en medio de la tormenta. Vanessa se aferró a él, enterrando su rostro en su hombro, permitiendo que el torrente de emociones la desbordara. Lágrimas de alivio, de miedo, de dolor y de un amor que había sido reprimido durante tanto tiempo, corrían libremente.

—Creí... creí que no te encontraría —murmuró entre sollozos, su voz quebrada.

—Siempre te encontraré, Vanessa —respondió Hugo, su propia voz teñida de emoción, sus brazos apretándola con una fuerza protectora—. Siempre.

Se separaron lo suficiente para mirarse a los ojos. La luz tenue de la luna bañaba sus rostros, iluminando las lágrimas en las mejillas de Vanessa y la determinación ardiente en los de Hugo. En ese instante, las palabras sobraban. La conexión entre ellos era palpable, un hilo invisible que los había mantenido unidos a través de la adversidad. Hugo acarició su mejilla, limpiando suavemente las lágrimas con el pulgar.

—Ya pasó, Vanessa —dijo, su voz un bálsamo—. Ya pasó.

Sus miradas se cruzaron, cargadas de un amor tácito, de un futuro incierto pero compartido. Y entonces, sin más vacilación, Hugo la besó. Fue un beso diferente a todos los anteriores: lleno de la urgencia de la salvación, de la dulzura del reencuentro, de la fuerza de un amor que había sobrevivido a las peores pruebas. Las lágrimas de Vanessa se mezclaron con los labios de Hugo, un testimonio salado de todo lo que habían superado. En ese abrazo apasionado, bajo el manto estrellado de la noche londinense, encontraron consuelo y la promesa de un nuevo comienzo.

Lejos, al borde del jardín, oculta en las sombras de un bosquecillo de setos, Magda observaba la escena. Su expresión, como siempre, era impasible, pero sus ojos reflejaban una profunda melancolía. La visión de la felicidad de Vanessa y Hugo era un recordatorio agridulce de su propia soledad y del precio que había pagado...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

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