Luna Roja

Capitulo 92

Mientras Emma y Gael se enfrentaban a su propia pesadilla, Tomás Holler aguardaba en su "celda de lujo" en la delegación. La ironía de su situación, un magnate encerrado, no se le escapaba, y su furia bullía bajo la superficie de su aparente calma. Sabía que esta no era una prisión normal, sino una detención preventiva mientras sus abogados movían sus hilos.

La puerta de su celda se abrió con un chasquido. Entró Magda, su figura elegante e imponente, inmutable incluso en un entorno tan hostil. A diferencia de las demás visitas que había recibido, su rostro no mostraba ni lástima ni juicio, solo una resolución férrea.

—Tomás —dijo Magda, su voz resonando con una autoridad que pocos se atrevían a desafiar. Se sentó en la silla frente a él, cruzando las piernas con aplomo.

Holler la miró, y un atisbo de alivio, casi imperceptible, cruzó su rostro. —Magda. Pensé que no vendrías.

—¿Y dejar que mi hijo se pudra aquí? —respondió Magda, levantando una ceja—. Ni en un millón de años. Sé lo que está pasando, y sé quién está detrás de esto. Grace está actuando por despecho, y lo que se le ha hecho es una afrenta intolerable.

Tomás se levantó y caminó hacia ella, su voz bajando a un susurro. —Gracias, madre. Sabía que podía contar contigo. Todos me han abandonado, pero tú… tú siempre has sido la única.

Magda tomó su mano, su agarre firme y reconfortante. —Siempre. Nuestro secreto, nuestra fuerza. Nadie debe saberlo, Tomás. La ventaja es nuestra. Pero por ahora, concéntrate. No te preocupes por la policía ni por esas acusaciones absurdas. Los contactos de Grace no son nada comparados con los nuestros. Voy a sacarte de aquí. Para eso soy tu madre, para protegerte, y para proteger lo nuestro.

Holler asintió, una confianza renovada brillando en sus ojos. —Sé que lo harás. Te doy los nombres de los contactos más importantes que tengo. El senador Davies, el juez Thorne, y el general Petrov. Ellos le deben más de un favor. Usa su influencia. Destruye a Grace y a quien sea que la apoye. Haz que Vanessa pague también por esto. Quiero que lo pierdan todo.

Magda asintió lentamente, una chispa fría en sus ojos. —Considera que ya está hecho. Nadie se atreve a dañar a un Holler y salir impune. Especialmente a mi hijo.

El pacto entre madre e hijo, forjado en secreto y alimentado por el poder, se selló con una mirada de complicidad y una promesa tácita de venganza implacable.

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De vuelta en el motel, la intimidad de Vanessa y Hugo continuaba, un bálsamo para sus almas maltrechas. Acostados en la cama, envueltos en la tenue luz de la lámpara de noche, conversaban en voz baja, compartiendo sus miedos y esperanzas.

—¿Crees que Holler pagará por todo lo que ha hecho? —preguntó Vanessa, su cabeza apoyada en el pecho de Hugo.

—Lo espero —respondió él, acariciándole el cabello—. Grace no es una mujer que perdone fácilmente. Y con todas las pruebas que expuso… su imperio está condenado.

El televisor de la habitación, que habían encendido sin mucho volumen, emitía un noticiero nocturno. De repente, una voz grave y urgente captó su atención.

—*Interrumpimos nuestra programación habitual para una noticia de última hora* —anunció la presentadora—. *Fuentes de aviación confirman que un jet privado se ha estrellado hace unas horas en las afueras de Londres. Los restos del aparato están siendo investigados. Lamentablemente, no hay supervivientes.*

Ambos se incorporaron un poco, la tenue paz de la habitación disipándose. Vanessa entrecerró los ojos para leer el subtítulo que aparecía en la pantalla.

—*Identificado uno de los ocupantes del jet: Ronaldo Bossi* —leyó la presentadora, su voz solemne—. *El conocido magnate y empresario, con conexiones en el mundo, ha fallecido en el accidente.*

Un silencio gélido llenó la habitación. Vanessa y Hugo se miraron, sus ojos reflejando el mismo shock, la misma incredulidad. Ronaldo. Muerto.

—No puede ser… —murmuró Vanessa, con un escalofrío.

Hugo asintió lentamente, sus labios apretados. La noticia era tan repentina, tan brutal, que les costaba procesarla. El hombre que había sido una sombra constante en sus vidas, un peón en el juego de Holler, y un manipulador por derecho propio, había encontrado un final violento y repentino. No había justicia ni perdón en ello, solo una cruda finalización. El peso de esa revelación se posó sobre ellos, recordándoles que incluso después de la tormenta, el mundo seguía girando con sus propias e implacables reglas. El precio del silencio de Ronaldo había sido su vida...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

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