Luna Roja

Capitulo 93

El reencuentro de Vanessa y Emma era un bálsamo necesario en el torbellino de sus vidas. Después de la noticia de la muerte de Ronaldo, Hugo había comprendido que Vanessa necesitaba a su mejor amiga más que nunca. La había llevado a la modesta casa de Gael y Emma, un santuario de normalidad que contrastaba con los escenarios de sus recientes dramas.

Cuando Emma abrió la puerta, sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver a Vanessa. Un grito ahogado de sorpresa y alegría se escapó de sus labios. Sin mediar palabra, se lanzaron la una a la otra, fundiéndose en un abrazo tan fuerte que les cortó la respiración. Las lágrimas brotaron sin control, empapando sus hombros mientras sollozaban, liberando meses de angustia, miedo y soledad.

—¡Vanessa! ¡No puedo creer que seas tú! —exclamó Emma, apartándose un poco para verla mejor, sus manos todavía aferradas a los brazos de su amiga. Su rostro, aunque un poco más pálido de lo habitual, irradiaba una luz renovada.

—¡Emma! Estás aquí. Estás a salvo —respondió Vanessa, las palabras atrapadas en su garganta por la emoción. Recorrió con la mirada a su amiga, notando el brillo en sus ojos y una dulzura en su semblante que antes no recordaba.

Hugo y Gael observaron la escena con una mezcla de ternura y alivio. Era evidente que esta reunión era crucial para ambas. Una vez dentro, sentadas en el sofá, con tazas de té caliente en las manos, el ambiente se tornó más tranquilo, aunque no menos emotivo.

—Hay algo que tengo que decirte, Vanessa —comenzó Emma, su voz bajando a un tono suave, mientras miraba a Gael, quien le ofreció una sonrisa alentadora. Llevó una mano a su vientre, una gesto casi imperceptible pero cargado de significado.

Vanessa la observó con curiosidad, el corazón latiéndole con una premonición.

—Estoy embarazada, Vanessa —reveló Emma, sus ojos llenos de una mezcla de alegría y una sutil sombra de preocupación.

Un silencio se apoderó de la sala. Vanessa procesó la noticia, y de repente, una amplia sonrisa iluminó su rostro. —¡Emma! ¡Eso es increíble! ¡Felicidades! —Se abalanzó sobre ella para abrazarla de nuevo, esta vez con más delicadeza—. ¿Desde cuándo? ¿Cómo estás?

Emma le contó la historia, omitiendo deliberadamente la cruda verdad sobre el alto riesgo del embarazo y las sombrías advertencias del doctor Miller. Habló de los pequeños malestares matutinos, de la emoción de Gael, del futuro que estaban comenzando a construir juntos, lejos de las sombras de Holler. Quería compartir la alegría, no la angustia. No quería cargar a Vanessa con esa preocupación, no ahora que acababa de escapar de su propia pesadilla.

Vanessa, ajena a la verdadera magnitud de la situación, se regocijaba con la noticia. Hugo, al ver la genuina felicidad en el rostro de Vanessa, también se acercó para felicitar a la futura madre y al orgulloso padre.

—¡Esto merece una celebración! —exclamó Vanessa, con un entusiasmo contagioso—. ¡Un bebé! ¡Es una esperanza en medio de todo esto!

Gael sonrió, sintiendo un nudo en la garganta al ver la inocente alegría de su amiga. Emma, por su parte, se aferró a esa fachada de optimismo, guardando su secreto a buen recaudo, al menos por ahora. La noche se llenó de risas y planes futuros, una burbuja de felicidad que protegía a Emma de la dura realidad que le esperaba.

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Mientras la esperanza florecía en un rincón de Londres, la guerra se gestaba en otro. Magda, con la cabeza alta y la expresión gélida, se adentró en la mansión Holler. El lugar, antes epicentro de poder y lujo, ahora parecía un mausoleo, con sus vastos salones sumidos en un silencio tenso. En el gran salón, donde el caos había estallado días atrás, encontró a Grace.

Grace estaba de pie junto a la imponente chimenea de mármol, sus manos cruzadas, observando la habitación con una determinación de acero. Su mirada se encontró con la de Magda, y una chispa de desafío cruzó sus ojos.

—Magda —dijo Grace, su voz fría y mesurada—. No esperaba verte por aquí. Aunque, considerando las circunstancias, supongo que es comprensible.

—¿Comprendes qué, Grace? —replicó Magda, deteniéndose a unos pasos de ella, sus ojos clavados en los de Grace—. ¿Que estoy aquí para recordarte que este es el hogar del señor Holler?

Grace sonrió, una sonrisa sin alegría. —Ya no lo es. He iniciado los trámites para tomar posesión de esta propiedad. Y no solo de esta mansión, Magda. También de sus empresas, sus cuentas bancarias, sus bienes. Tomás Holler no tendrá nada cuando termine con él.

La sangre de Magda hirvió. —Estás loca si crees que te saldrás con la tuya, Grace. Tomás no se quedará de brazos cruzados. Subestimas el poder de un Holler.

—Yo no subestimo nada —respondió Grace, dando un paso adelante, su voz adquiriendo un tono más agudo—. Ya no tengo miedo de Tomás. Su reinado de terror ha terminado. Y créeme, Magda, yo sé muy bien lo que se necesita para destruir a un hombre como él. Lo he vivido en carne propia.

La tensión entre las dos mujeres era palpable, una lucha de voluntades por el destino de un imperio y el legado de un hombre...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

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