La llamada de Grace a Vanessa había sido inesperada, una voz monótona y urgente al otro lado de la línea, pidiéndole una reunión discreta. Vanessa, aún tambaleándose por los eventos recientes , sintió una punzada de preocupación. ¿Qué querría Grace? ¿Más problemas? Sin embargo, la curiosidad y la necesidad de respuestas eran más fuertes que el miedo. Aceptó.
Se encontraron en un pequeño y elegante restaurante en un barrio apartado de Londres, un lugar con mesas bien espaciadas y un ambiente susurrante, perfecto para conversaciones privadas. Vanessa llegó primero, eligiendo una mesa en un rincón. Cuando Grace apareció, su semblante era serio, sus ojos, aunque cansados, brillaban con una determinación feroz. No había rastro de la mujer sumisa y atemorizada que Vanessa había conocido.
—Gracias por venir, Vanessa —dijo Grace, tomando asiento frente a ella, sin preámbulos. Sus manos se entrelazaron sobre la mesa, un gesto que denotaba una tensión interna a pesar de su compostura exterior.
—No sé qué es lo que quieres, Grace —respondió Vanessa, un nudo en el estómago—. Pero después de todo lo que ha pasado, estoy dispuesta a escuchar.
Grace asintió, su mirada escrutando el rostro de Vanessa. —¿Sabes quién es realmente Magda? Me refiero a su verdadera relación con Tomás.
Vanessa frunció el ceño. —¿Su ama de llaves? ¿Su mano derecha? Así es como la conocía.
Una sonrisa amarga cruzó los labios de Grace. —Ella es mucho más que eso. Magda es la madre de Tomás Holler. Su madre biológica. Me lo reveló ella misma. Una verdad que mantuvieron oculta durante décadas para proteger la fachada del "respetable" imperio Holler. Imagínate el shock.
La revelación golpeó a Vanessa con la fuerza de una ola. Se quedó sin aliento, su mente procesando la magnitud de ese engaño, de la retorcida red de mentiras que había sido la base de la familia Holler.
—¿La madre de Tomás? —murmuró, la incredulidad tiñendo su voz—. Eso… eso lo cambia todo.
—Lo cambia todo, sí —confirmó Grace. Se inclinó un poco más hacia Vanessa, su voz bajando a un susurro urgente—. Pero hay algo más, algo mucho más grave, que necesito contarte. Y necesito tu ayuda. Tengo un hijo con Tomás. Un hijo que debería tener dieciocho años ahora. Tomás me lo arrebató poco después de nacer, lo secuestró, lo escondió… Y no sé dónde está.
Los ojos de Vanessa se abrieron de par en par, la imagen de un bebé arrancado de los brazos de su madre, de un adolescente viviendo en la oscuridad, la asaltó. El impacto fue tan fuerte que tardó un momento en encontrar su voz.
—¿Un hijo? ¿Tomás secuestró a su propio hijo? ¿Y lleva desaparecido dieciocho años? —Cada palabra era un eco de horror.
Grace asintió, las lágrimas asomando a sus ojos, pero se negó a dejarlas caer. —Sí. Siempre lo supe, siempre lo busqué, en silencio. Ahora, con todo lo que está pasando, sé que esta es mi única oportunidad para encontrarlo. Para recuperarlo. Vanessa, eres la única persona en la que confío. Necesito tu ayuda.
Vanessa, a pesar del vértigo de la información, no dudó. La imagen de ese niño, ahora un joven, arrebatado a su madre, tocó una fibra sensible en ella. —Grace, te prometo que te ayudaré. Haré lo que sea necesario para encontrar a tu hijo. Tenemos que sacarlo de donde sea que Tomás lo tenga. No está solo.
Un pequeño rayo de esperanza apareció en la mirada de Grace. La alianza, forjada en la tragedia y la necesidad, estaba sellada.
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Mientras tanto, en la delegación de policía, Hugo se presentó sin avisar, impulsado por una mezcla de rabia y la necesidad de enfrentar al hombre que había sembrado tanto dolor. Los guardias, que ya conocían su rostro por el escándalo, le permitieron el paso a la "celda de lujo" de Tomás Holler.
Tomás estaba sentado en un sillón, leyendo un periódico, con una expresión de tedio. Al levantar la vista y ver a Hugo en la entrada, su rostro se desfiguró en una mueca de ira
—¿Tú? ¿Qué haces aquí, gusano? —escupió Tomás, arrojando el periódico a un lado.
Hugo entró, cerrando la puerta tras de sí con un golpe seco. Su mandíbula estaba tensa, y sus ojos irradiaban una furia contenida. —Vengo a verte a la cara, Holler. A verte encerrado, aunque sea temporalmente. A verte pagar, aunque sea un poco, por todo el daño que has causado.
—¿Daño? —Tomás soltó una carcajada cínica, levantándose lentamente—. El único daño aquí lo sufrirá tu patética existencia, y la de tu amante. Créeme, esto es solo un inconvenio. En cuanto salga, tú y Vanessa lamentarán haber nacido.
La arrogancia de Tomás, su total falta de arrepentimiento, encendió la última chispa de control en Hugo. La sangre le hirvió. La imagen de Vanessa, de Emma, de todas las vidas destrozadas, pasó por su mente.
—Eres un monstruo, Holler —dijo Hugo, su voz apenas un gruñido—. Un cínico sin alma.
Y sin pensarlo dos veces, sin dar tiempo a Tomás a reaccionar, Hugo dio un paso al frente y le estampó un puñetazo brutal en el rostro. El sonido del impacto resonó en la pequeña habitación, y Tomás se tambaleó, su cabeza girando. Se llevó una mano a la mejilla, donde un moratón comenzaba a aparecer rápidamente, y sus ojos se encendieron con una furia homicida.
—¡Me las pagarás! ¡Juro por todo lo que soy que te haré pedazos! ¡A ti y a esa zorra de Vanessa! ¡Los destruiré a ambos! —rugió Tomás, la sangre brotando de su labio roto.
Hugo lo miró con desprecio, el dolor en su puño un pequeño precio por la satisfacción de ver la cara de ese hombre desfigurada por algo más que su propia maldad. Se dio la vuelta y salió, dejando a Tomás holler solo con su odio y sus promesas vacías de venganza...