Luna Roja

Capitulo 98

En la mesa de la defensa, Tomás Holler parecía encogerse bajo el peso de las acusaciones. Al principio del juicio, había mantenido su arrogancia habitual, sus ojos fulminando a Grace y a sus allegados. Sin embargo, a medida que los abogados de Grace presentaban una prueba tras otra—documentos bancarios fraudulentos, grabaciones de chantaje, testimonios de víctimas silenciadas, informes periciales de malversación—su aplomo se fue resquebrajando. Su rostro, antes cincelado por la confianza, ahora mostraba una mezcla de incredulidad, desesperación y una rabia contenida. Los abogados de Tomás, a pesar de sus denodados esfuerzos, apenas podían hacer frente a la avalancha de evidencia irrefutable.

Magda, sentada detrás de Tomás, no se movió. Su expresión era un mármol impasible, sus ojos, sin embargo, brillaban con una intensidad fría, observando el lento e inevitable hundimiento de su hijo. En un momento, sus miradas se cruzaron con la de Grace; no hubo desafío ni piedad, solo una comprensión gélida de la guerra que se había librado.

Horas se convirtieron en días, y el juicio avanzó inexorablemente. Finalmente, llegó el momento del veredicto. La sala enmudeció. El juez se ajustó las gafas, y su voz, antes autoritaria, se tornó grave y resonante al pronunciar las conclusiones finales.

—El tribunal, después de revisar exhaustivamente todas las pruebas presentadas por la acusación y la defensa, ha llegado a una decisión.

Un silencio opresivo se apoderó de la sala, roto solo por el susurro de los periodistas tomando notas frenéticamente. Tomás contuvo la respiración, su rostro contraído. Magda mantuvo su mirada fija en el juez, inmóvil.

—Se declara al señor Tomás Holler culpable de los cargos de fraude a gran escala, malversación de fondos corporativos, chantaje, abuso conyugal continuado, y conspiración para cometer actividades ilícitas.

Las palabras cayeron como martillos. Un murmullo ahogado recorrió la sala. La cabeza de Tomás cayó hacia adelante, sus hombros se encorvaron.

—En consecuencia, el señor Tomás Holler es sentenciado a una pena de treinta años de prisión sin posibilidad de libertad condicional anticipada.

Un jadeo colectivo se escuchó en la sala. Treinta años. La vida de Tomás Holler, tal como la conocía, había terminado.

—Además —continuó el juez, su voz firme—, de acuerdo con las leyes de compensación por daños y perjuicios y la incautación de bienes por actividades ilícitas, todas las propiedades, activos, empresas, y cuentas bancarias a nombre del señor Tomás Holler serán transferidas en su totalidad a la parte demandante, la señora Grace Holler. El señor Holler pierde absolutamente toda su fortuna y sus bienes.

El golpe fue doblemente devastador. Tomás Holler, el hombre que lo tenía todo, el amo de un imperio, ahora no solo era un criminal convicto, sino también un indigente. Su rostro, pálido y sudoroso, se alzó. Sus ojos, inyectados en sangre, se clavaron en Grace, luego en Vanessa y Hugo, con una furia impotente que amenazaba con desbordarse. Un gruñido de rabia escapó de su garganta, pero los guardias ya se acercaban a esposarlo.

Grace, con lágrimas silenciosas rodando por sus mejillas, sintió un peso inmenso levantarse de sus hombros. No era una victoria dulce, sino un alivio profundo, una vindicación de años de sufrimiento. Vanessa la abrazó, compartiendo su dolor y su liberación. Hugo y Gael observaron cómo se llevaban a Tomás, su figura otrora imponente, ahora un hombre quebrado, custodiado por la justicia.

Magda, sin embargo, permaneció en su asiento, sus ojos inescrutables. La caída de su hijo era una herida profunda, un revés impensable. Pero en la frialdad de su mirada, no había desesperación, sino una promesa silenciosa. La guerra de los Holler no había terminado; solo había cambiado de manos, y Magda, la verdadera matriarca, ya estaba planeando su próximo movimiento en las sombras...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 30.01.2026

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