Luna Roja

Capitulo 104

La noche se cernía sobre Londres, pero en el apartamento de Vanessa y Emma, la oscuridad era más una sensación interna que la ausencia de luz. Vanessa, aún pálida y con los ojos enrojecidos por el llanto, intentaba recuperar la compostura mientras Emma, frágil pero tenaz, la observaba con una mezcla de preocupación y una profunda desaprobación ante la idea de la traición.

El sonido de la llave en la cerradura interrumpió la tensa calma. Hugo entró, con una mochila al hombro y una expresión de concentración que precedía su viaje inminente a Noruega. Comenzó a recoger algunos objetos personales esparcidos por la sala, preparándose mentalmente para el largo trayecto que tenía por delante con Grace.

—Hugo, espera —dijo Vanessa, su voz un hilo apenas audible.

Él se giró, notando de inmediato la atmósfera cargada. —¿Qué sucede? ¿Está todo bien con Emma? —preguntó, dirigiéndose primero a ella con una mirada de preocupación.

Emma asintió, luego señaló a Vanessa con la cabeza, instándolo a que le prestara atención.

Vanessa respiró hondo, reuniendo toda la fuerza que le quedaba. —Magda se reunió conmigo esta noche —comenzó, y al ver la curiosidad de Hugo, continuó con una confesión que le quemaba en la garganta—. Ella... ella lo sabe todo, Hugo. Sabe lo de Paulino. Sabe cómo murió.

Hugo se quedó inmóvil, la mochila resbalando de su hombro y cayendo al suelo con un golpe sordo. Su rostro se descompuso, la sorpresa mezclada con un terror gélido.

—¿Cómo es posible? —susurró, sintiendo un escalofrío recorrerlo. Él había creído, como Vanessa, que ese secreto estaba enterrado tan profundamente que solo ellos dos lo conocían. Recordaba la noche, los detalles meticulosos, la forma en que habían cubierto cada rastro. La sola idea de que Magda tuviera esa información era como una bomba de tiempo con un contador ya iniciado.

—Tiene una grabación —continuó Vanessa, sus palabras brotaban con una mezcla de pánico y resentimiento—. De mi apartamento en Ciudad Esmeralda. De ese día. Dice que me vio preparar la bebida, añadir las gotas... todo.

Hugo se pasó una mano por la cara, el asombro dándole un matiz más sombrío a su expresión. —¿Una grabación? No había cámaras en ese apartamento, al menos no que nosotros conociéramos. ¡Era un lugar seguro! ¿Cómo pudo Tomás tener una grabación de algo tan... personal? ¿Y Magda cómo la obtuvo? Ella es solo una ama de llaves, por el amor de Dios.

—Tomás era un paranoico —explicó Vanessa, repitiendo las palabras de Magda—. Tenía sistemas ocultos que ni yo misma conocía. Y Magda... ella no es solo un ama de llaves, Hugo. Siempre lo supiste. Ella es la sombra de los Holler, la que mueve los hilos desde las profundidades. Ella lo sabía todo, siempre. Y ahora me está chantajeando.

—¿Qué quiere a cambio de su silencio? —preguntó Hugo, su mente ya trabajando a mil por hora, intentando encontrar una fisura en el plan de Magda.

—Quiere que traicione a Grace —dijo Vanessa, con la voz ahogada—. Que me infiltre en las cuentas que obtuvimos de Tomás en el juicio y que transfiera todo el dinero a una cuenta que ella me proporcionó. Si no lo hago, el video irá a la policía y a la prensa. En cuarenta y ocho horas.

Hugo se desplomó en el sofá, junto a Emma, que observaba el intercambio con creciente angustia. La noticia de que Magda no solo conocía el secreto más oscuro de Vanessa, sino que también lo usaba para manipularla y despojar a Grace, lo dejó aturdido. La red de intrigas de los Holler era mucho más vasta y compleja de lo que nunca había imaginado. El viaje a Noruega ahora parecía solo una pieza más en un tablero de ajedrez donde Magda controlaba el juego.

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A miles de kilómetros de distancia, en las oficinas de un prestigioso bufete de abogados en el centro de Londres, Grace se reunía con su abogado principal, el señor Davies. Aunque su vuelo a Noruega estaba programado para la mañana siguiente, no quería dejar cabos sueltos.

—Señor Davies —dijo Grace, su voz tranquila pero cargada de una nueva autoridad—, necesito que contacte a la Policía Federal de Noruega. Explíqueles mi situación. Mi hijo, el heredero de los Holler, fue internado en San Olav, un lugar que, sospecho, Tomás Holler utilizó más como una prisión que como una escuela. Preveo que mi presencia allí podría generar resistencia, incluso sabotaje.

Davies, un hombre de mediana edad con gafas de montura fina, la miró por encima de sus lentes. —Entiendo, señora Holler. ¿Tiene razones específicas para creer que podría ser seguida o impedida?

Grace asintió. —Magda, la antigua ama de llaves de Tomás, es una mujer astuta y con conexiones profundas. Ella tiene interés en mantener la opacidad de los movimientos de Tomás y, por extensión, en evitar que yo acceda a mi hijo. No dudo que, si se entera de mi viaje, intentará cualquier cosa para detenerme. Necesito que las autoridades noruegas estén al tanto de quién soy, de la situación legal de mi hijo y de la posibilidad de que terceros intenten interferir en mi búsqueda.

—Es una precaución sensata, señora Holler —concedió Davies, tomando notas metódicas—. Presentaré una solicitud formal de protección y cooperación. Destacaré la delicadeza del caso, la historia de secuestro parental y la potencial intervención de elementos criminales vinculados a la fortuna de los Holler. Esto debería allanar el camino y asegurar una respuesta rápida en caso de cualquier incidente.

Grace asintió, su mirada fija en el horizonte de la ciudad. No quería que nada ni nadie se interpusiera entre ella y su hijo. La determinación en sus ojos era la llama de una madre dispuesta a quemar el mundo entero si era necesario.

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De vuelta en el apartamento, después de la conmoción inicial, Vanessa intentaba procesar la información. El rostro de Hugo reflejaba una preocupación profunda, no solo por Vanessa sino por las implicaciones que el conocimiento de Magda podría tener para todos ellos.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 18.02.2026

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