Luna Roja

Capitulo 109

El hospital de Oslo se alzaba como un bloque de cristal y acero frente a un fiordo que comenzaba a congelarse. Dentro, el silencio solo era interrumpido por el rítmico y reconfortante *bip* de los monitores. Hugo yacía en la cama, con el hombro vendado y una palidez que contrastaba con las sábanas blancas, pero su respiración era profunda y estable. La cirugía había sido un éxito; la bala no había tocado arterias principales, aunque el daño muscular requeriría meses de terapia.

Grace estaba sentada a su lado, sosteniendo su mano con una delicadeza casi sagrada. No se había movido de esa silla en diez horas. El cansancio le pesaba en los párpados, pero el alivio era un combustible más poderoso.

—Hugo... —susurró ella al ver que él abría los ojos lentamente.

Él parpadeó, enfocando la luz tenue de la habitación. —Sigues aquí —dijo con la voz ronca.

—No me iría a ningún lado —respondió Grace, acercándose para besar su frente—. Me salvaste la vida, Hugo. Literalmente pusiste tu cuerpo frente a una bala por mí. No sé cómo se agradece algo así. No existen palabras.

Hugo intentó moverse, pero una mueca de dolor cruzó su rostro. Grace lo detuvo suavemente. —No tienes porque agradecerme Grace. Lo hice porque... porque no mereces algo así. Eres buena.

Grace sintió un nudo en la garganta. En ese momento, Hugo no era solo su protector o el hombre que la ayudó a cruzar fronteras; era su ancla.

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Mientras tanto, en una celda de detención preventiva en una delegación policial de las afueras de Oslo, Magda Holler mantenía una postura impecable a pesar de las circunstancias. No llevaba joyas, y su abrigo de piel le había sido confiscado, pero su mirada seguía siendo la de una mujer que gobernaba imperios.

—Necesito a mi abogado. Ahora —le dijo al oficial noruego con un inglés gélido—. No diré una sola palabra más sin la presencia de mi representante legal.

Horas después, el abogado de la familia, un hombre de rostro cetrino y maletín de cuero gastado llamado Soren, entró en la sala de interrogatorios. Magda se inclinó hacia él, asegurándose de que las cámaras no pudieran captar el movimiento de sus labios con claridad.

—Escúchame bien, Soren. No tenemos mucho tiempo —siseó Magda—. Necesito que viajes a Londres de inmediato. Hay un edificio abandonado en una ubicación que te voy a dar. Hay un pequeño cofre , en su sitio que te diré.

El abogado asintió, tomando notas mentales.

—Dentro de ese cofre hay una unidad USB —continuó Magda, con los ojos brillando de una manera perturbadora—. Es mi seguro de vida. Contiene pruebas que hundirían no solo a mis enemigos, sino a medio parlamento si fuera necesario. Es lo único que me sacará de aquí. Ve, tráelo y no se lo entregues a nadie más que a mí.

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El viaje de Londres a Oslo fue para Vanessa un borrón de ansiedad y lágrimas contenidas. Dejó a Emma bajo el cuidado estricto de los médicos y de Gael, y voló hacia el norte con el corazón en un puño. Al llegar al hospital, corrió por los pasillos, ignorando las miradas curiosas del personal médico hasta llegar a la habitación 402.

Al abrir la puerta, vio a Hugo despierto, conversando en voz baja con Grace. Al verla entrar, Hugo se incorporó un poco, sorprendido.

—¡Hugo! —exclamó Vanessa, rompiendo en un llanto incontrolable.

Se lanzó hacia él, pero se detuvo justo a tiempo para no lastimar su hombro herido. Se arrodilló al lado de la cama y lo rodeó con sus brazos con una ternura infinita. Hugo, usando su brazo izquierdo, la estrechó contra él.

—Estás aquí, amor... —murmuró él, hundiendo el rostro en el cabello de ella.

—Casi te pierdo... estúpido, casi te pierdo —sollozó Vanessa, apartándose solo un poco para mirar sus ojos—. No vuelvas a darme un susto así. Te amo, Hugo. Te amo tanto que me dolía el pecho en el avión pensando que no llegaría a decírtelo. Eres lo más importante que tengo, eres mi vida entera.

Grace, conmovida y sintiendo que ese era un momento privado, se levantó silenciosamente y salió de la habitación, dejando que el amor y el alivio de la pareja llenaran el espacio. Hugo acarició la mejilla de Vanessa, secando sus lágrimas con el pulgar.

—Estoy aquí, princesa. No me voy a ninguna parte. Tenemos una vida que empezar, ¿recuerdas?

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Tres días después.

La nieve caía con más fuerza sobre Oslo. Magda recibió la visita de Soren en el locutorio de la prisión. Ella esperaba verlo con una sonrisa de complicidad, pero el rostro del abogado era una máscara de preocupación y miedo.

—¿Lo tienes? —preguntó Magda, golpeando el cristal con los nudillos.

Soren negó con la cabeza, evitando su mirada. —Llegué al edificio ayer por la noche, Magda. Encontré el sitio. Estaba forzado.

Magda sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. —¿Qué estás diciendo?

—El cofre no está, Magda. El hueco está vacío. Alguien se me adelantó.

El rostro de Magda se transformó. La elegancia desapareció, dejando paso a una furia animal. Sus uñas rasparon la mesa de metal. No necesitaba preguntar quién había sido. Solo había una persona que podía haberlo echo , alguien que había pasado tiempo observándola, aprendiendo sus debilidades mientras fingía ser una aliada sumisa.

—Vanessa... —gruñó Magda, y el nombre sonó como una maldición—. Esa rata ... Ella sabía del cofre. Lo usó para ganarse su libertad y ahora me ha robado mi último recurso.

Magda se levantó de la silla con tanta violencia que esta cayó hacia atrás. Los guardias se tensaron de inmediato.

—¡Juro por la memoria de mi linaje que la voy a destruir! —gritó Magda, pegando su rostro al cristal, con los ojos inyectados en odio—. ¡No importa si estoy tras las rejas! ¡Vanessa no vivirá para ver nacer a ese bastardo! ¡Voy a quemar todo lo que ama hasta que no quede más que ceniza!

El abogado retrocedió, asustado por la locura que emanaba de la mujer. Magda fue arrastrada de vuelta a su celda, pero sus gritos de venganza resonaron por todo el bloque, una promesa de sangre que el destino estaba listo para cobrar.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 18.02.2026

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