Luna Roja

Capitulo 116

—La utilidad se agota —advirtió Magda, acercándose a él—. No dejes que la atracción que sientes por ella te nuble el juicio. He visto cómo la miras. Es hermosa, sí, pero es una serpiente. Y las serpientes muerden la mano que las alimenta en cuanto se sienten fuertes.

—Sé perfectamente quién es Nadia Volkova —respondió Tomás, su voz endureciéndose—. No confío en ella más de lo que confío en una tormenta, pero me gusta el peligro que emana. Además, tiene acceso a activos que aún necesito recuperar. Cuando deje de ser necesaria, yo mismo me encargaré de ella. Pero por ahora, déjala jugar.

Magda asintió, aunque sus ojos no perdieron la desconfianza. —Está bien. Pero que sepa que la estaré vigilando. Si da un paso en falso, no importará lo mucho que te guste; terminará en una zanja.

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De vuelta en el hospital, Vanessa caminó hacia la habitación de Emma. El silencio allí era diferente al del resto del hospital; era un silencio cargado de una espera dolorosa. Al ver a Emma, tan pequeña y vulnerable entre tantos aparatos, Vanessa sintió que sus piernas fallaban. Se dejó caer en la silla junto a la cama y rompió a llorar, ocultando el rostro entre las sábanas.

—Perdóname, Emma... —sollozó—. Perdóname por no haber podido evitar nada de esto.

Vanessa tomó la mano de su amiga, acariciando su piel pálida. —Gael está destrozado, pero está siendo fuerte por el bebé. Tienes un hijo precioso, Emma. Necesita a su madre. Yo... yo te prometo que voy a cuidar de él, que no dejaré que nada malo le pase. Voy a cuidar de Gael y de todo lo que has construido. Pero tú tienes que hacerme una promesa también. Tienes que luchar. No puedes dejarnos solos en este mundo tan oscuro. Vuelve, por favor.

La máquina de ritmo cardíaco seguía emitiendo su pitido constante, la única respuesta que Vanessa recibió.

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A miles de kilómetros de distancia, el sol de las Bahamas caía sobre la terraza de una villa de lujo que dominaba el mar Caribe. Grace observaba a Thiago, quien corría emocionado por la arena blanca de la playa privada, seguido por un guardaespaldas que mantenía una distancia prudencial.

A pesar de la belleza del lugar, Grace sentía un peso en el pecho. Sacó su teléfono y leyó de nuevo el mensaje de Hugo: *"Emma ha entrado en coma. El bebé está en neonatología. La situación es crítica"*.

Una lágrima solitaria rodó por su mejilla. —Lo siento tanto, Emma —susurró al viento salino—. Estás pagando el precio de una guerra que nunca pediste.

Se sentía culpable por estar en el paraíso mientras sus amigos se hundían en el infierno, pero sabía que su prioridad era Thiago. Si Tomás lograba rastrearlos, las Bahamas se convertirían en otro campo de batalla.

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Horas más tarde, Vanessa bajó a la cafetería del hospital para intentar despejar su mente. El café estaba amargo y frío, pero necesitaba la cafeína para mantenerse en pie. Mientras removía el azúcar con la mirada perdida, su teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa.

Era un número oculto.

Vanessa frunció el ceño y contestó, con el corazón empezando a latir con fuerza. —Diga...

Al otro lado, no hubo palabras inmediatas. Solo se escuchaba el sonido de una respiración pausada y, de fondo, el débil sonido de la ciudad. Entonces, una risa rancia, profunda y cargada de una malicia pura llenó el auricular. Era una risa que Vanessa conocía demasiado bien. Una risa que le heló la sangre y le hizo recordar cada segundo de terror que había vivido.

—Tomás... —susurró ella, con la voz temblando.

La risa se intensificó durante unos segundos, una carcajada triunfante que parecía celebrar la tragedia que rodeaba al hospital. Luego, sin decir una sola palabra, la comunicación se cortó con un clic seco.

Vanessa se quedó con el teléfono pegado a la oreja, temblando violentamente. El mensaje era claro: él estaba fuera, él sabía dónde estaban, y esto solo era el comienzo de su venganza...



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 11.03.2026

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