Luna Roja

Capitulo 119

La sede de *Holler Global Investments*, un rascacielos de cristal y acero que dominaba el horizonte financiero de la City de Londres, ya no respiraba el mismo aire de terror que durante el mandato de Tomás. Ahora, los pasillos estaban sumidos en un silencio expectante. Hugo caminaba por la oficina principal, sus pasos resonando sobre el mármol italiano. Se detuvo frente al inmenso ventanal, ajustándose el nudo de la corbata. Se sentía como un impostor en un reino de fantasmas, pero sabía que era la única pieza capaz de sostener el muro que Grace había levantado contra su hijo.

El monitor de la mesa principal se encendió, mostrando la imagen de Grace. Estaba sentada en el pórtico de su villa en las Bahamas; detrás de ella, el azul del Caribe parecía una pintura irreal. A pesar del entorno paradisíaco, sus ojos seguían manteniendo esa chispa de acero que solo los años de supervivencia al lado de un monstruo podían forjar.

—Te queda bien ese despacho, Hugo —dijo Grace, con una sonrisa tenue que no llegaba a borrar la melancolía de su rostro—. Aunque sé que el peso de ese escritorio es sofocante.

—Es más que un escritorio, Grace. Es un campo de minas —respondió Hugo, tomando asiento en la silla de cuero que alguna vez perteneció a Tomás—. He estado revisando las auditorías. Tomás tenía una red de empresas fantasma conectadas a esta holding que son... espeluznantes.

—Por eso te elegí a ti. No necesito a un tiburón financiero, necesito a alguien con alma que sepa dónde enterrar los restos de ese imperio —Grace hizo una pausa, mirando hacia un lado, como si alguien la esperara fuera de cámara—. He firmado los documentos notariales. A partir de hoy, asumes la presidencia plena de las holdings confiscadas. Tienes poder absoluto para liquidar, reestructurar o vender. Confío en ti más de lo que confío en mi propio apellido.

Hugo asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad. —Haré que cada centavo de esta empresa sirva para proteger a Julian y a Gael. No dejaré que Tomás recupere ni un solo ladrillo.

—Sé que no lo harás. Mantente alerta, Hugo. Tomás es como un animal herido: es cuando más peligroso se vuelve.

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A pocos kilómetros de allí, en la penumbra de la residencia de seguridad donde los Holler se reagrupaban, Magda Holler saboreaba un té amargo mientras observaba a su hijo. Tomás estaba de pie frente a una pizarra de cristal, trazando líneas y nombres con un rotulador rojo, su mente trabajando a una velocidad febril.

—¿Has terminado de jugar a los detectives, Tomás? —preguntó Magda con voz gélida.

—Estoy reorganizando mis activos externos, madre. Necesito liquidez si quiero aplastar a los que me traicionaron —respondió él sin volverse.

—Pues vas a necesitar algo más que liquidez. Tus espías son lentos —Magda dejó la taza sobre la mesa con un golpe seco—. Tu exposa, Grace, acaba de entregarle las llaves de *Holler Global* a Hugo. Lo ha nombrado presidente de la holding. Ese... empleado, ese segundón, está ahora sentado en tu oficina, revisando tus archivos y decidiendo el destino de tus propiedades.

Tomás se quedó petrificado. El rotulador rojo se partió bajo la presión de sus dedos, manchando su mano como si fuera sangre fresca. Lentamente, se giró hacia Magda, con el rostro desencajado por una furia que iba más allá de lo racional.

—¿Hugo? —susurró Tomás, y su voz era un siseo aterrador—. ¿Ese perro faldero de Vanessa está dirigiendo mi empresa?

—Bajo las órdenes directas de Grace —añadió Magda, alimentando el fuego con deleite—. Ella no solo te quitó el dinero, Tomás. Te ha quitado el estatus. Te ha convertido en un proscrito mientras tus enemigos celebran en tu propia mesa.

Tomás lanzó los restos del rotulador contra la pared. Se acercó a Magda, apoyando las manos en la mesa, su respiración agitada.

—No voy a permitirlo. Esa empresa es mi herencia, es mi identidad —rugió—. Si Grace cree que una firma en un papel va a detenerme, es que ha olvidado quién soy. Voy a recuperar esa propiedad, madre. Y no lo haré a través de tribunales. Hugo va a aprender que sentarse en el trono de un Holler tiene un precio que su vida no puede pagar. Organiza una reunión con los contactos de la seguridad privada. Si la ley no me devuelve lo mío, lo tomaré por la fuerza.

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Lejos de la testosterona y la guerra de poder, Vanessa intentaba encontrar un momento de paz. Había ido a *Petit Trésor*, una boutique de ropa para bebés en Chelsea que era el epítome del lujo. El lugar olía a lavanda y algodón orgánico, con estantes llenos de prendas diminutas hechas a mano. Gael estaba tan hundido en su dolor que Vanessa sentía que Julian necesitaba algo de color en su vida, algo que recordara que, a pesar de todo, él era un milagro.

Mientras revisaba unos patucos de lana blanca, una sombra elegante se proyectó sobre el mostrador.

—Son un poco ordinarios para un niño, ¿no crees? —dijo una voz melosa y afilada.

Vanessa se tensó de inmediato. Reconocería esa voz en cualquier parte. Se giró lentamente para encontrarse con Nadia Volkova. La abogada lucía impecable en un traje de sastre color crema, pero sus ojos estaban hundidos, un rastro del acoso de Magda que Vanessa no pasó por alto.

—Nadia —dijo Vanessa, manteniendo la calma—. Sorprende verte en un lugar que celebra la vida. Pensé que preferías los cementerios o las salas de interrogatorio.

Nadia soltó una risa seca, recorriendo la tienda con desdén. —Solo estaba de paso. Me preguntaba cómo iba el "proyecto de caridad" de Gael. Ese bebé... Julian, ¿verdad? Es una lástima que su madre no esté presente para ver cómo lo vistes con ropa de rebajas.

Vanessa dio un paso hacia ella, sus ojos echando chispas. —Emma está luchando por su vida. Y Julian es amado, algo que tú nunca entenderás porque para ti las personas son solo activos o pasivos.

Nadia se acercó más, bajando la voz hasta convertirla en un susurro cruel. —El amor no paga las cuentas de hospital, Vanessa. Y tampoco despierta a los muertos vivientes. El Dr. Aris no es muy optimista, ¿cierto? He oído que Emma es poco más que un mueble en esa habitación. Tal vez deberías comprarle a ese niño algo negro, para que combine con el futuro que le espera cuando Tomás recupere lo que le pertenece.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 11.03.2026

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