Luna Roja

Capitulo 120

La adrenalina es un combustible traicionero; te hace sentir invencible mientras te empuja hacia el abismo. Vanessa lo sabía muy bien mientras veía a Nadia Volkova alejarse de la boutique con pasos de pantera. Sin pensarlo dos veces, Vanessa se deslizó tras ella, manteniendo una distancia prudencial, ocultándose entre los grupos de turistas que abarrotaban las aceras de Chelsea.

Nadia subió a un sedán negro de vidrios polarizados que la esperaba en la esquina. Vanessa, con el corazón martilleando contra sus costillas, detuvo un taxi con un gesto desesperado.

—Siga a ese coche, por favor —le dijo al conductor, arrojando un billete de cincuenta libras sobre el asiento—. Y no lo pierda de vista, se lo ruego.

El trayecto fue un laberinto de giros por el distrito financiero hasta detenerse frente a un rascacielos de arquitectura brutalista: el *Obsidian Tower*. Era un edificio de cristales ahumados que parecía absorber la luz del sol en lugar de reflejarla. Vanessa vio a Nadia bajar del coche y entrar en el vestíbulo, donde dos guardias de seguridad con aspecto militar le franquearon el paso de inmediato.

Vanessa no era tonta. Sabía que si intentaba entrar, sería interceptada antes de llegar al ascensor. Decidió jugar la carta de la paciencia. Cruzó la calle y entró en una pequeña cafetería con ventanales altos, estratégicamente situada frente a la entrada del edificio. Pidió un café que no pensaba beber y sacó su teléfono, anotando la dirección exacta.

"Aquí estás, Tomás", pensó Vanessa, observando la imponente torre. "Escondido en tu castillo de cristal mientras el resto del mundo sangra por tu culpa". No se movería de allí. Si Nadia estaba allí, Tomás estaba cerca. Y si Tomás estaba cerca, el peligro era inminente.

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En el Hospital , la tarde caía con una pesadez asfixiante. Gael estaba sentado al lado de Emma, como cada día, sosteniendo su mano y leyéndole en voz alta artículos sobre el desarrollo infantil que ella tanto quería conocer . El suave murmullo de las máquinas de soporte vital era la banda sonora de su vida estancada.

De repente, un golpe suave en la puerta interrumpió el silencio. Un enfermero entró empujando un carrito con una caja inmensa, envuelta en papel de regalo plateado y rematada con un lazo de seda negro.

—Señor Gael, esto acaba de llegar a recepción. Dice que es para usted y la señora Emma —dijo el enfermero, dejando la caja sobre una mesa auxiliar antes de retirarse.

Gael frunció el ceño. No esperaba nada, y el color del lazo le produjo un escalofrío instintivo. Se acercó a la caja, sintiendo un nudo en el estómago. Al desatar el lazo, el papel cayó como piel muerta, revelando una caja de madera oscura. Al abrirla, el horror lo golpeó de frente.

Dentro de la caja, sobre un lecho de cenizas reales, yacía un bebé de juguete. Pero no era un juguete normal. El muñeco de vinilo había sido sometido a una tortura sistemática: tenía agujeros de quemaduras de cigarrillo por todo el cuerpo, las extremidades estaban cosidas con alambre de espino y los ojos habían sido arrancados, dejando cuencas negras y vacías. En el pecho del muñeco, un pequeño puñal de plata estaba clavado, sujetando una nota.

Gael sintió que el aire se volvía ácido. Con manos temblorosas, tomó el papel. La caligrafía era elegante, casi artística, pero el mensaje era puro veneno:

> *"La carne es débil, Gael, y el legado es frágil. Disfruta de la paz mientras dure, porque lo que se rompe con fuego no se puede reparar con lágrimas. Julian es el siguiente paso en mi redención. — T.H."*

—¡Maldito seas! —rugió Gael, lanzando la nota al suelo. Su respiración se volvió errática y la sangre le subió al rostro en una oleada de furia ciega.

Miró a Emma, que seguía inmóvil, ajena al horror que acababa de entrar en su santuario. Gael apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. El mensaje era claro: Tomás no se había rendido. Estaba observando, estaba cerca, y su locura ya no tenía límites.

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Mientras tanto, en el ático de la torre *Obsidian*, el ambiente era de una calma tensa y artificial. Nadia Volkova se movía por la cocina con la precisión de un cirujano, preparando una bandeja con dos copas de cristal de Murano y una botella de un Chateau Margaux de una cosecha inalcanzable.

Magda Holler estaba sentada en el sofá de terciopelo, observando el horizonte londinense. Su rostro reflejaba el cansancio de quien lleva décadas sosteniendo un imperio de mentiras.

—He pensado que necesitábamos esto, Magda —dijo Nadia, acercándose con la bandeja—. Después de nuestra última... conversación, creo que ambas hemos estado bajo demasiada presión. Tomás está fuera de control, y si nosotras no estamos unidas, este barco se hundirá con todos nosotros dentro.

Magda se giró, entrecerrando los ojos con sospecha. —No sabía que la empatía formara parte de tu currículum, Nadia. Siempre pensé que preferías el veneno a la diplomacia.

Nadia esbozó una sonrisa melancólica, casi convincente. —Aprendí de la mejor. Pero incluso las depredadoras necesitan una tregua. Por el bien de la familia, y por nuestra propia supervivencia

Magda guardó silencio durante un largo momento, analizando cada gesto de la abogada. Finalmente, suspiró y aceptó que la tensión constante la estaba agotando. —Está bien. Un brindis por la supervivencia. Pero no creas que he olvidado quién eres, Nadia.

—Nunca lo pediría —respondió Nadia con suavidad.

Nadia sirvió el vino tinto, cuyo aroma llenó la estancia. En ese preciso instante, el teléfono de Magda comenzó a vibrar sobre la mesa de centro.

—Es el equipo de seguridad de Suiza —dijo Magda, frunciendo el ceño—. Debo atender esto.

Magda se puso de pie y se alejó hacia el ventanal para tener privacidad, dándole la espalda a la habitación. Fue un error fatal. En un movimiento fluido y ensayado mil veces en su mente, Nadia sacó un pequeño frasco oculto en la manga de su chaqueta. Con un pulso de acero, vertió tres gotas de un líquido incoloro y denso en la copa de Magda. El líquido se disolvió instantáneamente en el vino oscuro, sin dejar rastro, ni olor, ni advertencia.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 11.03.2026

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