Picando la ultima fruta y colocándola en el tazón, admire con ojos críticos mi nueva obra. Tengo que admitir que el gusto por el arte que tiene Laura ha ido perforando lentamente cada poro de mi cuerpo.
Con pasos largos llegue al garaje, que se había convertido en el nuevo estudio de Laura.
- Ma, traje fruta -dije colocando el recipiente lejos de cualquier rastro de arcilla esparcido por la mesa- Nuestra increíble escultora debe mantener su salud para que esta familia no caiga en la locura.
- Oh nena, como siempre llegando en el momento justo para salvar a tu madre de la hambruna -el suave tintineo de su risa lleno la habitación- Ven aquí y ayúdame a formar el largo de las alas.
Al ver su clara intención de tener mano de obra gratuita, sonreí mientras comenzaba a recoger mi larga melena y me colocaba un delantal. La arcilla en mis manos comenzó a tomar forma lentamente.
Podía sentir como Laura examinaba cada una de mis acciones, como una maestra con su pupila.
- Cada día me sorprende como tus habilidades para esculpir mejoran, cariño -dijo con un suspiro, mientras observa el tazón de frutas en sus manos- Aun no entiendo por qué no quisiste ir a un colegio de artes, los profesores te hubieran amado -sus ultimas palabras salieron como un débil murmullo.
Mis ojos se quedaron fijos en mis manos que seguían amasando la arcilla.
Esculpir.
Es una habilidad que seguí desarrollando con el paso de los años, cuando ya no temía sostener un cuchillo.
En realidad, quien amaba esculpir pequeños muñecos de madera, era una figura mas baja que mi yo de 9 años, un niño con el que compartía rasgos y sangre.
Siempre he sabido que es mi forma de no olvidarme de él, no una habilidad por la que quiera ser admirada.
Pero esto es algo que Laura no necesita saber, es suficiente que piense en mi negativa como un capricho.
Las siguientes palabras de la pequeña dama frente a mí, me sacaron de mis pensamientos.
- Nena tienes que decirme cuando piensas en traer a tus amigas, necesito prepararme para que prueben un poco de mis delicias.
Mis labios no pudieron evitar curvarse en una suave sonrisa. Sabia que era la forma en que Laura intentaba que mi circulo social se expandiera, siempre ha intentado ayudarme a encajar en un grupo.
Pero estoy segura de que se sorprendería si supiera que la primera impresión que mis dos nuevas amigas tenían de mí era la de una mujer ruda.
- Veré si pueden venir el fin de semana Ma, no te preocupes.
- Genial, cariño. Seguiré pensando que preparar ese día para que…
El tintineo alegre en su voz continuo toda la tarde.
***
Los días pasaron como un borrón, y al fin llego la tan esperada clase de educación física del jueves.
Los murmullos emocionados de los leones a mi lado resonaban por todo el coliseo, mientras mi incomoda figura se movía lentamente hasta el rincón más apartado. Inesperadamente, una pequeña y delicada mano se aferro a mi holgada camisa. Bajando mi cabeza, me tope con los sonrientes ojos de muñeca de Odette.
- Te atrape -dijo con total orgullo.
Las comisuras de mis labios no pudieron evitar torcerse cuando una melena rojiza apareció junto a nosotras.
Erika, que de alguna manera logro apoderarse de un balón, se paro frente a mí con una clara determinación en sus ojos. Antes de que pudiera hablar, comenté.
- No creo que la maestra Harris nos permita jugar libremente el primer día de clases.
- ¡Oh! No te preocupes querida, ya hablé con la maestra y nos dejara jugar un partido después de unos cuantos estiramientos -dijo la leona con sus chispeantes ojos reflejando su emoción.
- ¡Genial Emma!, Erika podrá enseñarte como juegan algunos miembros del equipo -Odette siguió la emoción de su amiga.
Mientras tanto, solo podía tragarme el suspiro que estaba a punto de salir de mis labios. Para mi suerte, la maestra Harris se presentó, interrumpiendo a las dos leonas a mi lado.
- La mayoría de aquí me conoce, por lo que iré directo al grano. Como todos los años comenzaremos con una rutina de estiramientos y después se dividirán en dos grupos de hombres y mujeres -su fuerte voz llego a cada uno de nosotros- Realizaremos una carrera de 5 vueltas por toda la cancha, necesito saber que tanto han estado cuidado de sus cuerpos, y por último a petición de su compañera, abra un partido en el que participara toda la clase -dijo mientras señalaba con el mentón a Erika- Y… -cuando pensé que había terminado sus ojos se fijaron en mí- Señorita Müller, ¿verdad? -después de ver mi afirmación continuo- ¿Segura que podrá entrenar con esa ropa? Aunque el verano se esté acabando, los días aún son calurosos.
Sabia que se refería a mi gran y ancho pantalón de deporte, pero prefería soportar las pocas miradas de ahora, a las constantes miradas indiscretas que me seguirían durante toda la clase.
- Estoy bien, no siento mucho calor -dije con una sonrisa.
Quizá al ver que no cambiaría de opinión, la Maestra Harris dejo el tema aparte.