Lune: El Susurro de los Espíritus

Capítulo 2: Donde sí miran

El dinero no alcanzaba.

Maren lo sabía desde hacía días.

Las bolsas estaban más livianas.

El pan, más fino.

El fuego, más corto.

Y ahora...

ya no estaba sola.

Lune dormía en la cama.

Tranquila.

Como si el mundo no pudiera tocarla.

Maren la observó desde la puerta.

…No puedo… —susurró.

Pero no terminó la frase.

A la mañana siguiente, preparó un bolso.

No era grande.

Solo lo necesario.

Vamos a salir —dijo.

Lune la miró.

Asintió.

El camino fuera de Nareth era distinto.

Más transitado.

Más ruidoso.

Más… observado.

Por primera vez, Lune vio algo nuevo:

Símbolos.

Tallados en piedra.

Colgados en puertas.

Pintados en telas.

Ojos.

Alas.

Manos elevadas al cielo.

¿Qué es eso? —preguntó.

Maren tardó en responder.

…Dioses.

La ciudad era todo lo contrario a la aldea.

Había ruido.

Había rezos.

Había miradas hacia arriba.

Gente arrodillada.

Gente suplicando.

Gente creyendo.

Lune se detuvo.

Algo en su pecho se tensó.

No entendía por qué.

Pero… no le gustaba.

Maren la llevó hasta una plaza.

Había una fuente en el centro.

Agua limpia.

Bancos de piedra.

Gente pasando… sin mirar demasiado.

Quédate aquí —dijo Maren.

Su voz era suave.

Demasiado suave.

Voy a volver.

Lune asintió.

Se sentó.

Esperó.

Pasó una hora.

Luego otra.

El sol cambió de lugar.

La gente cambió de caras.

Pero Maren...

no volvió.

La noche cayó.

Lune seguía en el mismo lugar.

No lloraba.

No se movía.

Solo esperaba.

Día 2.

El hambre apareció.

El frío también.

Algunas personas la miraban.

Nadie se detenía.

Va a volver… —susurró.

Pero su voz no sonaba segura.

Día 3.

El sol volvió a salir.

Y algo cambió.

No afuera.

Dentro.

Lune bajó la mirada.

Sus manos estaban vacías.

…No va a volver.

No fue una pregunta.

Fue una certeza.

El aire a su alrededor se volvió más pesado.

No visible.

Pero… presente.

Los dioses… —murmuró.

Miró los símbolos.

Las estatuas.

Los ojos tallados en piedra.

…no hacen nada.

No gritó.

No rompió nada.

Pero algo en ella…

se apagó un poco.

Y aun así…

no odiaba del todo.

No podía.

Porque entonces…

algo tocó su mano.

Suavemente.

No era humano.

No era visible del todo.

Pero estaba ahí.

Una luz tenue.

Pequeña.

Como una chispa flotando en el aire.

Luego otra.

Y otra.

Lune levantó la vista.

…¿Qué son?

No hubo respuesta.

Pero las luces se movieron.

Lentas.

Invitándola.

Lune dudó.

Miró una última vez la plaza.

El lugar donde esperó.

El lugar donde fue dejada.

Y se levantó.

Las luces la guiaron fuera de la ciudad.

Lejos del ruido.

Lejos de los templos llenos.

Lejos de los ojos que miraban hacia arriba…

pero nunca hacia abajo.

El camino se volvió silencioso.

Vacío.

Olvidado.

Hasta que lo vio.

Un templo.

Antiguo.

Cubierto por el tiempo.

Puertas cerradas.

Sin gente.

Sin rezos.

Abandonado.

Eso decía el mundo.

Pero cuando Lune se acercó…

las puertas se abrieron solas.

El aire adentro era distinto.

Más cálido.

Más… vivo.

Las luces entraron primero.

Lune las siguió.

Y por primera vez desde que fue dejada…

no se sintió sola.

Las puertas se cerraron detrás de ella.

Sin ruido.

Sin testigos.

En la ciudad, los dioses eran adorados.

En ese lugar…

algo más la estaba esperando.



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En el texto hay: magia, fantasia oscura, misterio

Editado: 13.05.2026

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