La biblioteca no dormía.
Nunca lo hacía.
Aurelios seguía ahí.
De pie.
Inmóvil.
Los símbolos en las paredes cambiaban sin descanso.
Registros antiguos.
Eventos olvidados.
Errores corregidos.
Nada coincidía.
—No hay precedentes… —murmuró.
—Eso suele significar dos cosas.
La voz no era suya.
Aurelios no se sobresaltó.
Solo giró lentamente.
En la entrada, una figura lo observaba.
Alto.
Sereno.
Presencia pesada… pero contenida.
El director.
Su nombre era Eldran Kaelis.
Un dios medio cercano al rango mayor.
No necesitaba demostrar poder.
Su existencia… ya imponía orden.
—O no estás buscando bien —continuó—
—o estás mirando algo que no debería estar ahí.
Aurelios sostuvo su mirada.
—Ambas son posibles.
Silencio.
Eldran avanzó.
Lento.
Seguro.
—Clase suspendida. Biblioteca activa. Tú no sueles perder el tiempo.
Pausa.
—Habla.
Aurelios no dudó.
—Entidad no clasificada.
—Interacción imposible entre espectros opuestos.
—Ausencia total de conflicto entre luces y sombras.
Eldran se detuvo.
Eso…
sí llamó su atención.
—Repite eso último.
—No hay agresión entre ellos.
Silencio.
Más denso esta vez.
—…Muéstrame.
Los registros volvieron a moverse.
Aurelios extendió la mano.
Los símbolos se reorganizaron.
Escenarios conocidos:
• Luz consume sombra
• Sombra distorsiona luz
• Ambos colapsan
Nada nuevo.
Nada estable.
Nada como lo que vio.
Eldran entrecerró los ojos.
—Eso rompe una ley base.
—Lo sé.
—Entonces no es un fenómeno.
Pausa.
—Es una causa.
Aurelios lo miró.
—Eso implica un origen.
—Exacto.
Eldran caminó lentamente por la sala.
—¿La viste directamente?
—Sí.
—¿Reaccionó a ti?
—No.
—¿Los espíritus?
—Uno abandonó su lugar… y no regresó.
Eldran se detuvo.
Eso no era menor.
—Entonces no solo altera… —murmuró—
—también atrae.
Muy lejos de ahí…
El templo estaba vivo.
No con tensión.
Con risa.
Lune corría.
Por los pasillos.
Entre columnas.
Sobre el suelo que ya conocía de memoria.
Una luz la seguía.
Otra la adelantaba.
Otra giraba a su alrededor.
—¡No así! —rió— ¡más rápido!
Las luces respondieron.
Brillando más.
Moviéndose mejor.
Incluso… jugando.
Noctis estaba ahí.
No corría.
Pero se movía con precisión.
Apareciendo donde Lune iba a caer.
Donde iba a girar.
Donde iba a detenerse.
Como si siempre supiera.
—¡Te vi! —dijo Lune, señalándolo.
La sombra no respondió.
Pero se quedó más cerca.
Otra sombra, más inestable, intentó acercarse.
Antes… eso habría sido peligroso.
Ahora…se detuvo sola.
Como recordando.
Lune se acercó.
—Está bien…
La sombra tembló.
Pero no atacó.
Se quedó.
Aprendiendo.
En la biblioteca…
Eldran cerró los ojos un instante.
—No es un error —dijo finalmente.
—No —respondió Aurelios.
—Entonces es una variable nueva.
Pausa.
—Y eso…no debería existir.
Aurelios lo miró.
—¿Procedimiento?
Eldran abrió los ojos.
—Observación.
—¿Intervención?
Silencio.
Más largo.
—Aún no.
En el templo…
Lune se dejó caer al suelo.
Cansada.
Riendo.
Las luces flotaron a su alrededor.
Las sombras se acomodaron cerca.
No había distancia.
No había conflicto.
Solo… presencia.
—Me gusta aquí… —murmuró.
Y por primera vez desde que llegó…no pensó en irse.
Muy lejos…
dos dioses observaban algo que no entendían.
Y una niña…
vivía algo que no debería ser posible.