El espíritu no dudó.
Se movió desde la escuela.
Rápido.
Guiado por algo que no entendía…
pero que reconocía.
Aurelios lo siguió.
Eldran también.
Ninguno habló.
No hacía falta.
El trayecto fue largo.
Más silencioso a cada paso.
Hasta que llegaron.
El templo.
Antiguo.
Deteriorado.
Olvidado por el mundo.
Pero no vacío.
Aurelios entrecerró los ojos.
—Aquí…
—Sí —respondió Eldran—
—Aquí está.
El espíritu entró.
Sin resistencia.
Ellos no.
Se detuvieron en la entrada.
No había barrera visible.
Pero ambos sintieron algo.
No rechazo.
Advertencia.
Silencio.
Y entonces…
una voz.
—¡YA LES DIJE QUE NO!
Ambos se miraron.
No era una voz divina.
No era una presencia antigua.
Era…
una niña.
Dentro del templo…
Lune estaba de pie.
Frente a dos entidades.
Una luz.
Una sombra.
Ambas inestables.
Ambas tensas.
Ambas… culpables.
—¡No pueden pelear así! —dijo Lune, claramente enojada—
—¡Se lastiman entre ustedes!
La luz titiló.
La sombra se contrajo.
Ninguna respondió.
Pero tampoco huyeron.
—¡Y después vienen conmigo como si nada! —continuó—
—¡No funciona así!
Silencio.
Lune cruzó los brazos.
Molesta.
—Si van a estar acá… tienen que llevarse bien.
Pausa.
—O no se acerquen.
El aire cambió.
No hubo explosión.
No hubo poder visible.
Pero el peso de sus palabras…
se sintió.
La luz bajó su intensidad.
La sombra se estabilizó.
Ambas…retrocedieron ligeramente.
No por miedo.
Por elección.
Por… aceptación.
Lune suspiró.
—…Bien.
Se giró.
Y entonces los vio.
Las dos presencias en la entrada.
Aurelios.
Eldran.
Silencio.
Nadie se movió.
Las luces del templo se tensaron.
Las sombras… también.
Pero no atacaron.
Noctis apareció al lado de Lune.
Más denso.
Más presente que nunca.
No agresivo.
Pero listo.
Aurelios observaba.
Sin parpadear.
—No hay conflicto… —murmuró.
Eldran no respondió.
Porque ahora lo veía.
No era teoría.
No era un error de lectura.
Era real.
—Les diste una orden —dijo finalmente.
Lune inclinó la cabeza.
—No es una orden.
Pausa.
—Es lo que tienen que hacer.
Silencio.
Esa respuesta…
no encajaba en ningún sistema.
Aurelios dio un paso adelante.
El templo reaccionó.
No violentamente.
Pero sí claramente.
Las luces se concentraron.
Las sombras se alinearon.
No como enemigos.
Como… defensa.
Eldran levantó una mano.
—Suficiente.
Aurelios se detuvo.
—No vinimos a intervenir.
Miró a Lune.
—Solo a entender.
Lune lo observó.
No había miedo en sus ojos.
No había respeto.
Pero tampoco rechazo.
Solo… curiosidad.
—¿Ustedes también van a pelear? —preguntó.
Silencio.
Aurelios no respondió.
Eldran… casi sonrió.
—No.
Pausa.
—No si podemos evitarlo.
Lune asintió.
—Entonces pueden quedarse.
Como si fuera lo más normal del mundo.
Como si ese lugar…
le perteneciera.
Aurelios no apartó la mirada.
—Confirmado… —murmuró—
—No los controla.
Pausa.
—Ellos… eligen.
Eldran lo corrigió, en voz baja:
—No.
Mirando a Lune.
—Ellos confían.
En el centro del templo…
una niña había logrado algo que ningún dios había podido.
No dominar.
No destruir.
Sino…
detener el conflicto.