El sol comenzaba a ocultarse.
Los últimos rayos de luz atravesaban las grietas del viejo templo cuando Lune terminó de acomodar unas mantas sobre el suelo.
Miró a Aurelios y a Eldran con cautela.
No les tenía miedo.
Pero tampoco confiaba en ellos.
—Pueden quedarse...—dijo finalmente—. Pero no rompan nada
Eldran asintió con una leve inclinación de cabeza.
—Lo prometemos.
Lune no respondió.
Simplemente se dio la vuelta y caminó hacia el centro del templo, donde Noctis ya la esperaba.
Poco después, se quedó dormida.
El templo quedó en silencio.
Solo se oía el viento.
Hasta que una pequeña luz flotó frente a Aurelios.
—Ella llegó...siendo muy pequeña.
Otra luz se acercó.
—No sabía hablar, nos enseño a no tener miedo.
Una tercera añadió:
—Nunca nos pidió nada, solo quería que dejáramos de lastimarnos.
Aurelios permanecía inmóvil.
No sabía que los espíritus podían comunicarse de esa manera.
Entonces una sombra habló.
Su voz era grave, lenta.
—Nosotros odiabamos la luz
Otra respondió.
—Y ellas nos odiaban a nosotros, así era desde siempre.
Noctis dio un paso al frente.
—Hasta que llego Lune.
Silencio.
—Ella nunca preguntó qué éramos, sólo preguntó nuestros nombres...
Bajó ligeramente la cabeza.
—...o nos dio uno.
Aurelios observó a Noctis.
Por primera vez veía a una sombra expresarse sin odio.
Eldran preguntó con calma:
—¿Por qué la protegen?
Todas las luces brillaron al mismo tiempo.
Las sombras también se acercaron.
Y respondieron juntas.
—Porque ella nos protegió primero.
Entonces...
Un ruido.
Ras...
Ras...
Algo caminaba afuera.
Muy despacio.
Como si rodeara el templo.
Aurelios levantó la vista.
—¿Qué fue eso?
Las luces dejaron de brillar.
Las sombras miraron hacia la entrada.
Noctis respondió.
—Ellos.
Otro sonido
Más cerca.
Como uñas rozando la piedra.
Pero nadie intentó salir.
Ni entrar.
Eldran frunció el ceño.
—¿Quiénes son?
Las sombras guardaron silencio unos segundos.
Hasta que una habló.
—No tienen nombre.
Otra añadió.
—Nosotros los llamamos... Los Vacíos.
El ambiente se volvió mucho más frío.
—Antes...ellos cazaban dioses, muchos desaparecieron. Nadie sabía por qué.
Aurelios sintió un escalofrío.
Aquellas desapariciones eran historias antiguas.
Nunca se había encontrado un responsable.
—¿Y ahora...?—preguntó.
Noctis miró hacia donde dormía Lune.
—Ahora...la buscan a ella.
Silencio.
Eldran habló en voz baja.
—¿Por qué?
Una pequeña luz respondió.
—Porque le tienen miedo.
Aurelios frunció el ceño.
—¿Miedo...de una niña?
Noctis asintió lentamente.
—Ella cambia todo lo que toca.
Otra sombra continuó.
—Sí sigue creciendo...nosotros dejaremos de ser lo que fuimos.
Una luz terminó la frase.
—Y ellos dejarán de existir.
El silencio fue absoluto.
Afuera...los pasos continuaban.
Lentos.
Pacientes.
Como depredadores esperando que su presa abandonara el refugio.
Pero ninguno cruzó el umbral.
No podían.
No mientras Lune permaneciera allí.
Eldran observó a la niña dormida.
Respiraba tranquila.
Completamente ajena a la conversación.
—¿Ella sabe todo esto?
Las luces negaron.
Las sombras también.
—No. Y deseamos....que siga sin saberlo un poco más.
Noctis levantó la vista.
—Porque el día que descubra por qué la persiguen...ya no podrá volver a vivir como una niña.
Aurelios permaneció en silencio.
Había venido buscando una anomalía.
Ahora entendía que había encontrado algo mucho más peligroso.
No una amenaza.
Sino la única existencia que incluso aquellos seres temían.
Y mientras afuera las criaturas del Vacío seguían rodeando el templo sin atreverse a entrar...Lune dormía abrazada a una pequeña luz.
Completamente segura.
Como si el templo entero respirara con ella.