MADRUGAR NUNCA FUE DIVERTIDO (CAPÍTULO 3)
Raquel se despertó abruptamente. Al principio, no entendió qué la había sacado del sueño profundo, pero luego lo escuchó de nuevo: un canto estridente y desafiante. Un gallo. Alzó la vista, enfadada, y miró hacia la ventana. La luz que se filtraba a través de las cortinas indicaba que ya era de día.
¿Qué demonios hacía un gallo cantando a esta hora? Y en un lugar como este, tan apartado. El sonido era tan claro y nítido que parecía que el gallo estuviera parado justo al lado de su cama. Sin pensarlo mucho, saltó de la cama y salió corriendo al exterior, buscando al culpable de su mala suerte.
Las puertas del motel chirriaron al abrirse, y Raquel casi tropezó al dar un paso afuera. El gallo seguía cantando, desafiando su paciencia. En su mente, maldijo el hecho de que se encontraba en un pueblo alejado de todo, donde las sorpresas como estas no cesaban.
"¡Cállate!" le gritó al gallo, corriendo hacia el pequeño corral donde parecía estar el origen de su sufrimiento matutino. Cuando lo encontró, el gallo la observó con una expresión que Raquel juró que era desafiante. Pero, cuando ella se acercó, el gallo, en lugar de quedarse quieto, empezó a correr en círculos, como si estuviera burlándose de ella.
“¡Te vas a enterar!” Raquel gritó mientras trataba de atraparlo, pero el gallo, ágil y rápido, consiguió evadirla una y otra vez. Por fin, tras varios intentos fallidos, el gallo se paró a pocos metros, mirándola fijamente. Raquel, sudando y casi sin aliento, levantó la mano para intentar otra jugada, pero en un último acto de burla, el gallo salió disparado en la dirección opuesta, hacia el campo.
"¡Maldito!" Raquel masculló, derrotada, mientras lo veía alejarse con su victoria bien ganada.
Con un suspiro de frustración, regresó al motel, pensando en lo ridículo de la situación. ¿Un gallo? ¡De verdad! ¿Era esto lo que le esperaba en su nueva vida?
Se metió al baño para ducharse, intentando calmarse. El agua caliente sobre su piel le ayudaba a relajarse un poco, pero algo en el ambiente de ese pueblo la tenía nerviosa. Sin embargo, la tranquilidad se desvaneció cuando el agua dejó de salir del grifo. Raquel frunció el ceño, girando la perilla, pero el chorro simplemente dejó de caer. Pensó que quizás algo no iba bien, así que intentó de nuevo. Nada.
"¡No puede ser!" gritó, exasperada. En ese preciso momento, el agua salió a chorros helados, golpeándola de golpe. Raquel soltó un chillido y se dio un golpe en la cabeza con el borde de la ducha.
"Esto es el colmo…" murmuró entre risas nerviosas mientras trataba de no perder la compostura. Pasaron varios segundos antes de que el agua volviera a ser caliente, y cuando eso ocurrió, suspiró aliviada.
Después de su peculiar ducha, Raquel se cambió rápidamente y salió del motel. Cuando llegó a la cafetería, Javier ya estaba allí, con una taza de café en la mano. Le hizo un gesto a Raquel, y ella caminó hacia él, saludando con un asentimiento de cabeza.
"Vaya mañana, ¿eh?" comentó Javier, observando su expresión cansada.
Raquel sonrió, pero su mente seguía en el motel y en las cosas extrañas que sucedían en el pueblo. "Sí, es… un poco rara. Un gallo, el agua fría, y luego la ducha que casi me mata."
Javier rió entre dientes. "Eso suena como una de esas películas de terror baratas."
Raquel levantó una ceja. "Lo peor es que es todo demasiado real."
Fue entonces cuando la puerta de la cafetería se abrió con fuerza, y una mujer entró con paso firme. Raquel la reconoció inmediatamente. Lucía Montoya.
Lucía caminó hacia la barra sin notar a Raquel al principio. Pero, al ver que Raquel la observaba, se giró lentamente, una sonrisa de superioridad curvando sus labios.
"Vaya, si no es la famosa reportera caída en desgracia", dijo Lucía, su tono cargado de sarcasmo. "¿No te has quedado atrás con eso de salir en las revistas de la prensa del corazón?"
Raquel levantó una ceja, sintiendo cómo se activaba su vena competitiva. "Ah, sí, las revistas. Es lo único que me ha quedado, ¿no? ¿Tú sigues igual de perdida con esos negocios que no te llevan a ninguna parte?"
Lucía la fulminó con la mirada. "¿Me hablas de negocios? ¿Qué clase de reportera se queda sin trabajo? No te preocupes, te he visto por las revistas. Seguro que no es fácil caerte tan bajo."
"Y sin embargo, aquí estamos, Lucía. No pareces estar mucho mejor que yo", replicó Raquel, sabiendo que la rivalidad entre ellas seguía tan viva como cuando eran niñas.
Lucía sonrió, pero no era una sonrisa amigable. "A lo mejor no, pero por lo menos no me paso los días llorando por lo que podría haber sido."
Raquel soltó una risa sarcástica. "No hace falta que hables de cosas que ni tú entiendes, Lucía. Ya te va bien, ¿no? Seguro que tu vida es una película de éxito."
"Por supuesto, mucho mejor que la tuya", dijo Lucía con tono burlón. "Aunque, si estás buscando algo de éxito, deberías pensártelo. Aquí las cosas no son como en la ciudad."
Raquel no respondió, sabiendo que cualquier palabra que saliera de su boca solo aumentaría la tensión. Javier, que había estado observando en silencio, intentó calmar la situación.
"Bueno, chicas, ¿qué les parece si dejamos las peleas para otro momento?" dijo, levantando una mano en señal de paz.
Pero Lucía, con una última mirada cargada de desprecio hacia Raquel, se giró y se alejó de la cafetería sin decir nada más. La tensión siguió en el aire, pero Raquel no pudo evitar sentir una extraña satisfacción. Después de todo, ella había ganado ese pequeño enfrentamiento.
Javier ya fuera de la cafetería, le explicó que el padre de Lucía, Diego Montoya, estaba intentando montar un hotel cerca de las cascadas.
El comentario hizo que la curiosidad de la mujer le despertara. Ese hombre tenía mucho poder, le dejó un sabor a preocupación. Pero antes de pensar en eso, tenía que centrarse en el trabajo.