Dónde anteriormente se habían reunido todas las personas que habitaban en el pueblo, al caer la noche quedó completamente vacío. Cada persona ya se encontraba en su casa, continuando con sus vidas y tomando el hecho de que nada ha sucedido.
No sé veía a ninguno de ellos en las calles a esa hora, cómo de costumbre todos seguían una regla que a la noche se prohibía salir, excepto que solamente en las calles se encontraba la persona que estaban de acuerdo en arrebatarle la vida. En medio de una de las estrechas calles de piedra desgastadas de aquel sitio, yacía el cuerpo de una menor sin vida. De aquel cuerpo salía una extensión rojiza que se abría paso sobre la piedra.
No estaba sola allí, alguien sostenía su cuerpo entre sus brazos, negándose a querer soltarla. Sus llantos desconsolados no provocaban lastima ni empatía por las personas de aquel lugar, por más que la hayan escuchado, no decidieron darle importancia.
Según los demás, era necesario asesinar a alguien que no podria vivir en su entorno o no fuese normal.
Al enterarse que la muerte de aquella chica estaba confirmada y que su hermana no haya pisado más aquel lugar, les era una gran noticia que les provocaba emocion, por lo cual entre toda la vecindad decidieron festejarlo.
Y sin que fuera suficiente, al saber que podría pronto nacer o haber personas como ellas, iban a hacer unos grandes cambios en dónde vivían. Hacer al pueblo uno más seguro, tal como sus creencias.
Aún así, habían pensado que todo les iba a ser mejor, que podrían tener más tranquilidad y calma entre ellos. Pero no era así para quien se escondía lejos de aquel lugar, estaba convencida que esa idea no les iba a durar mucho.