Hoy no quería despertar.
Mejor dicho, no quiero despertarme nunca más.
Quiero dormir eternamente, por siempre, infinitamente…
Pero la vida me detesta y unas gotas de agua caen en mi cara.
Abró los ojos al instante, buscando al desgraciado que me despertó de esa forma tan horrible.
Maka.
Bueno, desgraciada.
Pero no se lo digo, porque la educación es primero.
—¿Que querés un sábado a la mañana? –inquiero, molesto.
—Deja de quejarte, Alistar.
—No me estoy…
—No te gastes.
…
Me senté sobre mi cama, cansado de todo y nada al mismo tiempo.
Ayer fue un día agotador. Ir al castillo y la propuesta…
Fue muchisima presión.
No sé que acepte exactamente, pero no me gusta como pinta.
Maka se me queda viendo unos segundos y se retira, sin dirigirme la palabra.
¿Le habrá pasado algo?
Esta rara desde ayer. No me gusta esta sensación extraña, donde parece que he cometido el acto más atroz de la humanidad. Pero sin saberlo. Que problema.
Antes de salir de la cama, chequeo la causa de mis pesadillas.
Las marcas aumentaron. Ahora tengo más venas negras que amenazan con llegar a mis antebrazos. Esta avanzando muy rápido. Demasiado rápido.
Cubro mi impureza con las mangas de mi remera, y hago como si no hubiera visto nada. Es más, pienso olvidarlo apenas salga de mi habitación.
Me pongo los guantes, me aseo, me visto.
Y me voy.
Puf.
No miento cuando digo que no me gusta salir de mi habitación. Si fuese posible, me la pasaría todo el día en mi cama. Sin nadie que moleste.
Pero no le caigo bien al mundo, asi que me obliga a levantarme temprano un sábado.
Luego de desayunar un poco, Tolón me brinda otro sobre.
Estampilla de vainilla.
Sonrío para mis adentros. Zilback y Maka están sentados a mi lado y no quiero que anden husmeando.
Guardo el sobre lentamente dentro de mi chaleco. Pero Zilback no se aguanta y me lo arrebata. Con un movimiento rápido, trato de recuperarlo, sin dañar nada de la mesa. Forcejeamos entre risas e insultos inocentes, pero entonces se lo da a Maka y siento que la realidad me cae de golpe.
Maka.
—Maka, ¿podrías devolvérmelo? —intenté sonar tranquilo.
No lo logré.
Me miró con desdén.
O eso creí.
Tal vez solo estaba confundida.
Tal vez no.
Empecé a repasar mentalmente todo lo que hice mal ayer.
Uno: no hablé lo suficiente.
Dos: no mostré entusiasmo por la educación.
Tres: la Princesa.
Ahí está.
No quiero qie sea eso.
Pero estoy casi seguro que lo es.
Cuando dudó antes de abrirlo, sostuve su mirada.
“No lo hagas.”
“Por favor.”
Zilback seguía insistiendo desde el fondo.
Claro. Él no es el que está a punto de ser expuesto.
—Maka… —tragué saliva— devolvémelo. Por favor.
La última palabra me hizo ver vulnerable.
Cada segundo que leía era una sentencia de muerte para mí.
El ceño se le fue endureciendo.
Ahí supe que algo estaba mal.
Muy mal.
Lanzó la carta sobre la mesa. Me sobresalté.
—De todas las personas del mundo… ¿por qué la ayudas a ella?
Ella.
No dijo su nombre. Ni su título.
Eso significaba algo. Pero no tenía idea de qué.
Se levantó con los ojos brillantes, y yo me sentí más pequeño que nunca.
Jamás en la vida la nombró. Ni una sola vez. No que yo recuerde…
¿Lo habré olvidado?
En tal caso, soy el peor amigo del universo entero.
Zilback ni se inmutó, se quedó sentado, terminando su desayuno. Que conveniente.
—¿Qué te pasa? —pregunté con miedo en mi voz.
Abrió la boca para responderme, y cuando esta a punto de hacerlo, cierra los ojos con mucha intensidad y se marcha.
Me dió la espalda.
Me quede hablando solo.
—¡Maka! —alzó mi voz, a la vez que la persigo—. ¡Maka!
—Déjala Arcade. No tiene caso. —-comentó Zilback a lo lejos.
Algo estaba pasando. Y nadie me lo esta contando. Odio no saber las cosas.
Indignado, me dirijo nuevamente a mi mejor amigo:
—¿Por qué se puso asi? —hable para mis adentros—, sé que se enoja con facilidad, pero ahora no puedo comprender sus razones…
Zil se levantó de su asiento y sacudió su ropa unas cuantas veces. Paso una mano por su cabello negro y dejó salir un largo suspiro
—No te preocupes Arcade. Ella es así —relajó los brazos en forma de derrota y centró la mirada en mí—Ya algún día entenderás.
—Y vos… ¿Por qué hiciste eso? Fue muy molesto, Zilback. Bien pudiste haberme pedido bien el sobre. ¡No hacer un desmadre!
Quería seguir rezongando, pero entonces me interrumpió:
—Deja de ser tan malhumorado. No me culpes. Es ella que no crece de una buena vez.
Lo primero que pasa por mi cabeza es un “que pedazo de idiotez acabo de escuchar” fruto de mi impotencia. Pero luego de pensarlo mejor, yo tampoco soy muy comunicativo ni expresivo. Guardo muchas cosas para mí, hasta mi verdadera identidad y la impureza en mis manos. No doy muchas respuestas a preguntas sinceras, por lo que entiendo si ella no puede decírmelo ahora. ¿Quién soy yo para juzgar, si apenas emito un sonido durante el día?
Trato de calmarme y volver a la normalidad, que luego de unos minutos regreso a ser el Arcade de siempre. Me escondo en la cueva de mi habitación y me siento en mi escritorio para leer la carta que me mando la princesa.
Anoto mentalmente todas las indicaciones que me da. pensando en como voy a cumplirlas todas.
No tengo un traje caro y reluciente, ni unas grandes habilidades de conversación para esas fiestas. Es un alivio saber que no es necesario que aporte, pero a la vez no debo dejar sola a la princesa. Y su padre…
Cubro mi rostro con ambas manos, irritado y estresado de solo pensar en todo lo que tengo que hacer.