Como algo cotidiano, la princesa saludó a todos y cada uno de los invitados que se le acercaban a hablar. La educación que tenia era increíble. Podía llevar conversaciones de cualquier tema sin problema. Incluso de aquellos que ella no tenía ni idea. Sentía que me miraban raro, pero no podía dejarme flaquear. Tape mis malos pensamientos en lo más profundo de mi ser y deje que mi cuerpo estuviera en un modo automatico.
Momentos después, nos dirigimos a paso airado hacia la mesa dulce. Yo por dentro, estaba super agradecido. Me moría de hambre y me vendría genial algo de azúcar. Pero al llegar al festín, lo menos que encontre fue algo de chocolate. En su lugar, estaba repleto de comidas que yo jamás he visto en mi vida.
La princesa notó mi cara de decepción y me lanzó una mirada comprensiva.
—Es un festín muy variado —comentó, tratando de convencerme— ¿seguro que no querrás probar algo?
Di un último vistazo a ese “gran variado festín”, hice una mueca y negué con la cabeza. Me tome muy en serio lo de hablar poco. Lo usaría totalmente a mi favor.
Aunque… la princesa tenía otros planes.
Ladeó su cuerpo a un lado a la par que comía disimuladamente un postre que parecía ser de vainilla. Una postura relajada.
—Esto —señaló el postre entre sus manos—, es affogato —concluyó. Me incliné para verlo mejor—. Lo mejor de lo mejor.
—Se ve… —busqué adjetivos para halagar al postre, pero simplemente no las encontré. Decidí ir por algo más neutral— interesante…
Lanzó una mirada fugaz a algo detrás de mi y dejó de inmediato el postre que había estado comiendo.
Extraño. Pero no de mi incumbencia.
—¿Hoy comió su postre favorito, Alistar?
Que siguiera recordando eso me ponía feliz. Esboce una risa corta y cambié el peso de mi pierna a la otra.
—No, princesa. No tuve tiempo de comer mi postre favorito —recondando el postre que abandonó, le hice un gesto con la cabeza al pequeño pote— ¿No lo va a terminar?
Entrelazó sus manos por encima de su falda y sonrió educadamete.
—No. He comido suficiente.
—Como diga, majestad.
Pronto, unas campanas grandes sonaron y los invitados se dirigieron a otro salón.
Mire a la princesa en busca de instrucciones, pero ella ya estaba en el camino mezclandóse con los demás. El sistema de alerta dentro de mi se activo y aceleré el paso a buscarla.
No me dejaban pasar. Todos iban a camino de tortuga, alborotados y pegados, dificultando el paso. Mucha realeza y riqueza, ¡pero cero proporción del espacio-tiempo!
En consecuencia, aceleré aún más mi paso por la fuerza. Pedía “permiso” y “perdón” cada dos por tres sin parar, fracasando en avistar a una princesa con cabellera rubia y aspecto angelical.
En medio de mi desesperación, choque contra el hombro de una persona robusta y alta. Casi me tropiezo si no llegaba a recuperar el paso. Volteé mi cuerpo para pedir disculpas. Parecía un príncipe.
—Lo siento, señor. No lo he visto.
Me sonrió despreocupado a la vez que se sacudía el traje. Exagerado.
—No hay problema —me echó un vistazo y frunció el ceño— ¿te conozco?
El corazón me empezó a palpitar tan fuerte, que lo sentía en todas partes. Si este tipo conocía a mi padre, entonces todo sería en vano.. Me pasé una mano por el pelo mientras caminaba de espaldas lentamente, escapando.
—Para nada. Jamás nos hemos visto.
—Entiendo. Mi equivocación.
Con eso dicho, asentí con la cabeza y me fui a zancadas de la situación.
Si alguien de aqui conocía a mi padre, entoncés la bendición se anularía y podría decirles a todos quién soy…
Entre en una desesperación descomunal. Llevaba la respiración agitada y las marcas comenzaban a arden de nuevo. Todo daba vueltas. Aún así, la encontraría. Haría lo que fuera necesario.
Es ahi cuando noto la cabellera rubia de mi objetivo, y no vuelvo a tener los pies sobre la tierra hasta estar a su lado. Tenia una expresión preocupada, no podía notarse a simple vista, pero cuando te pasas la vida observando desde lo lejos, desarrollas una habilidad extraordinaria para leer a las personas.
La princesa dió vuelta y se sorprende, seguido de una risa femenina controlada. Escondió toda su preocupación.
—¡Aqui estas! Quedate a mi par. Tenemos que hacer la fila.
—¿Fila? ¿Para que?
—Para saludar a mis padres.