Luz donde me perdí

Capítulo 15: "Ecos del pasado"

Me había escapado del castillo.
No puedo creer estar haciendo esto.
En un día tengo que volver a trabajar y me estoy dirigiendo a mi muerte con cada paso que doy.
El ser misterioso debe estar al tanto de Maka y Zilback, ya que ambos estaban ausentes por asuntos reales esta noche.
Fui por la parte trasera del castillo —la entrada de los sirvientes— para no encontrarme con guardias. Tuve muchas dificultades para llegar al otro extremo del jardín, puesto que habían varios guardias vigilando.
Me encogí de hombros, haciendo un esfuerzo en vano de calentarme más con el saco. Si bien los días eran calurosos, las noches podían ser heladas.
No estaba tan a la deriva desde hace un año. Se sentía extraño.
Por suerte, nadie me conoce. No soy importante como para que me reconozcan en el pueblo.
Apagué mi mente y me fui directo al pueblo.

Caminé sin rumbo durante varias cuadras. Cada calle parecía parecerse más entre si, haciendo que me confunda. Las manos me ardían y según el reloj que le robe a Zilback, no falta mucho para la hora acordada.
La ansiedad se manifestaba sobre mi a la misma velocidad que cae un relámpago. Cada ruido que escuchaba me hacía girar la cabeza, aterrado de verme en una situación peligrosa.
Sin embargo, ¡ya estaba en una!
Había poca gente en los alrededores. Aún habían algunos puestos abiertos, pero no todos. La mayoría ya estaba cerrando.
Note que cada negocio llevaba un número, por lo que aproveche para poder encontrar el “bar 2201.”
Ya me adentré al centro, lugar abarrotado de personas. Aquí estaban los restaurantes y bares. Debe de ser por aqui.
Las piernas me pesaban y mi respiración era acelerada. Pensé en todas las cosas que podrían salir mal y entre en pánico.
Los pueblerinos me miraban al pasar, algunos hacían muecas y otros parecían sorprendidos. ¿Por que la gente siempre me mira?
Aceleré el paso, tratando de concentrarme. Pero no hubo caso.
Y en medio de la multitud, es cuándo la vi.
Una niña pequeña de cabello largo suelto, blanco como el mío.
—¡Diya! —grité mientras corría hacia ella.
Las lágrimas amenazaban con salir feroces por mis ojos, pero las retuve con todas mis fuerzas. Empujé a la gente al pasar y me volví una fiera descontrolada.
En cuánto llegue a ella, la abracé con todas mis fuerzas.
—¡Diya! —exclamé— O por dios, estas bien. Pensé que habias..
Se dió vuelta y vi su cara.
Ojos claros, cabello rubio platinado y pecas.
No era Diya.
Era otra niña.
Me alejé de inmediato, petrificado y de lo más avergonzado.
—¿Pero y a usted qué le sucede? —gritó quien parecía ser su madre.
—Lo siento.. lo siento mucho —murmuré con rapidez—. Me confundí de persona..
Y corrí.
Me aleje de esa situación con todo lo que tenía. Las manos me ardían de una manera impresionante para ser marcas tan finas. No podía pensar. Desconecté y corrí sin descanso.
Quería gritar pero no salía nada de mi garganta.
Sentí un fuego en mi pecho que me hacía querer estallar.
Está muerta. Y yo estoy loco.
Fin de la discusión.
Pronto estaré con ella y no tendré nada de que preocuparme.
Imaginé que estaba en la habitación, pintando.
No funcionó.
Me tiré del cabello desesperado, necesitaba una distracción, una salida…
Boom.
No tengo idea de que paso, pero me encontraba en el suelo, con la cabeza latente y el cuerpo adolorido.
Si fue una persona, ya se marchó.
Estaba en el suelo, destrozado y moribundo.
Si alguien que conozco me viera asi…
Miré hacia arriba y vi un pequeño cartel en la pared.
“2201”
2201… 2201…
¡El bar 2201!
Me levanté de golpe, provocandome un mareo que me hizo perder el equilibrio por unos segundos. Ya más estable, vi que el bar se llamaba “Doña Marola”.
¿Es en serio?
¿Por qué le ponen un nombre tan estúpido?
Fruncí el ceño y entré con brusquedad al dichoso bar.
El ruido me golpeó de lleno apenas crucé la puerta.

Voces superpuestas, risas fuertes, vasos chocando, cartas deslizándose sobre la madera.
El bar estaba lleno. Demasiado lleno.
El aire era cálido, espeso, cargado de humo y alcohol. Olía a comida, a cerveza derramada y a algo dulce que no supe identificar.
Me sentí fuera de lugar de inmediato, como una mancha en un cuadro que no me pertenecía.
Nadie me miró.
Y, sin embargo, tuve la absurda sensación de que todos podían verme.
Avancé con cuidado, manteniendo la cabeza baja.
Buscando a alguien inusual, alguien que se viera tenebroso.
El problema era que, todos se veían tenebrosos.
Vestidos de prendas de cuero, pelaje de animal, algunos tenían escudos, otros llevaban gorros con cuernos…
Parecían vikingos, nada más que menos literales.
Cada carcajada me hacía tensar los hombros, los golpes en las mesas me ocasionaban sobresaltos.
Caminé lentamente, esquivando hombres fornidos borrachos y mujeres extasiadas bailarinas.
Hasta que lo vi.
Encapuchado hasta los huesos, sin manera de verle el rostro, sentado en la mesa más apartada del bar. A sus costados, dos personas lo escoltaban. Una mujer morena alta y con musculatura, con el cabello trenzado más largo que vi en mi vida. A su lado, un hombre blanco, con varias cicatrices viejas en su piel, lentes y una coleta baja.
Trague saliva.
Van a comerme vivo.
—Siéntese, Alistar.
Tome la silla y obedecí.
Escondí las manos en mis bolsillos. No quiero causar un accidente.
El bullicio del fondo no me dejaba concentrarme. Sé que tengo que escucharlo atentamente, pero es imposible.
Ni hablar del calor que hace aquí dentro. Es tan sofocante que ya no puedo diferenciar si sudo por ello o de nervios.
—Espero que no haya sido una molestia para usted venir hasta aquí con tan poca anticipación.
—N-No. Para nada… —repliqué.
¡Casi me muero!
Nunca jamás volveré a hacer estas cosas. Me arrepentí. Prefiero ser un ignorante. ¿Por qué no le pasan estan cosas a alguien más capacitado?
—Lo hemos citado esta noche por un motivo de su interés —le dió un sorbo a su copa de vino—. Gracias a su nuevo trabajo, ha sido mucho más fácil encontrarlo.
Asentí ligeramente.
Ya sabía yo que no tenia que aceptar ese trabajo. Solo hizo que me encontraran.
Una de mis piernas rebotaba bajo la mesa de manera incontrolable. Si no puedo mover las manos, mínimo moveré una pierna.
—Sabemos la verdad sobre usted y su familia —mi cuerpo se puso rígido—. Fuimos a buscarlo a la Casa Principal, pero… —se cruzó de brazos sobre la mesa—, me temo que no estaba allí.
Maldición.
Si lo saben todo, eso significa que ya pueden verme de verdad.
Aunque no estoy seguro si el resto de personas podrán verme así o no.
Pero eso no importa ahora. Tengo obligaciones que cumplir.
—¿Podría ir al grano? —exigí, apenas elevando la voz.
Observé como una moza me traía una copa de vino. Le sonreí amablemente, agradeciendole por la bebida.
Aún así, no pienso tomar esa aberración.
El olor se metió por mis fosas nasales, de manera que tuve que aguantarme las muecas de disgusto. Olerlo de lejos era una cosa, pero ¿frente a mi? Totalmente diferente.
—Somos un grupo de personas unidas por el deseo de derrocar al Rey Triam Martel Morte Russ, quién pese a ser de los mejores en cuánto estatus, es el peor gobernador de los cuatro reinos —explicó.
—¿Y que tengo que ver yo con eso? —inquirí.
No podía verle el rostro, pero estaba seguro que estaba sonriendo.
Me encogí de hombros, temiendo la respuesta.
—¿Usted estaría encantado de descubrir el paradero de su hermana perdida, no es cierto? —asentí— Nosotros podemos…darle una mano con eso. —hizo una pausa—Siempre que colabore.
—¿Que colabore? —repetí— ¿Cómo? —pregunté con la voz más baja de lo que pretendía.
La mujer morena a su izquierda se movió en su lugar. El crujido del suelo viejo fue lo que rompió el eterno silencio.
La figura encapuchada tomó otro sorbo de vino y dejó girar la copa entre sus dedos, con una calma irritante.
—No es necesario precipitarse, Alistar. Después de todo, esto no es más que el comienzo.
Fruncí el ceño.
—No he aceptado todavía.
Una risa breve escapó de debajo de la capucha. Entrelazó las manos sobre la mesa, como si la conversación le resultara entretenida.
Tragué saliva. Me quedé inmóvil, intentando comprender qué había dicho que pudiera parecerle gracioso.
—Oh Alistar –dijo suavemente—. Usted aceptó en el momento que entró aquí.
Lo miré, boquiabierto. ¿Estaba delirando? Apenas había abierto la boca desde que me senté.
Sentí el temblor en las manos, inútil de ocultar bajo la tela de mis bolsillos. Parpadeé varias veces.
—No es cierto —dije con rapidez—. Todavía no he…
—Volveremos a vernos muy pronto, Arcade Leigh Alistar. Ha sido un gusto conocerlo.
La figura se levantó y acomodó la capa con un gesto preciso. Sus escoltas se alinearon detrás; alcancé a notar cómo intercambiaban una mirada cargada de algo parecido a diversión.
Me puse de pie de inmediato y avancé antes de que se marchara.
—¡Espere! ¡Un segundo! —jadeé— ¿Cómo es su nombre? ¿Y a qué se refiere con pronto?
Me dio la espalda. Desde la distancia, su presencia seguía imponiéndose: áspera, densa, como maleza creciendo donde no debía.
—El tiempo es clave, luz retirada —respondió—. Y temo que los de su familia lo saben muy bien.
La figura desapareció entre la multitud junto sus escoltas.
Quedé sin aliento, vacío y con más preguntas que respuestas.
El bullicio me consumía, los roces y empujones me flaqueaban, y las manos me ardían más que nunca. El dolor que sentía era demasiado fuerte como para soportarlo. Me picaban los brazos, la nuca, todo el cuerpo. Parecía un perro pulgoso rascandose sin pudor.
Basta.
Me fui a trompicones del bar, aguantando la respiración.
Era hora de volver.
Fue suficiente aventura por hoy.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.