La pelota venía hacia mí, un cosquilleo recorría todo mi cuerpo, una adrenalina que anticipaba a la acción. Seguí la pelota con la mirada hasta que estuvo sobre mí. Tomé impulso con las piernas para saltar y la golpeé hacia el lado contrario de la malla. El silbato del profesor de Educación Física marcó un punto para mi equipo.
—Bien hecho —elogió el profesor de Educación Física.
Di un salto de celebración y choqué las manos con mis compañeras de equipo. Educación Física siempre era mi asignatura predilecta, era en lo único que era buena en la escuela, además de arte.
La felicidad duró muy poco tiempo. Katherine —según las gemelas, novia de Jake y miembro del grupo elite— sacó el balón y este chocó directamente contra mi nariz haciéndome caer al suelo con un dolor intenso en el tabique.
Oí cómo el silbato del profesor marcaba falta para Katherine y la expulsaba del juego.
—Profesor, solo fue un accidente —Oí que decía Katherine mientras discutía con el profesor.
—No importa, es una falta en el juego —respondió el profesor.
Katherine protestó, pero el profesor fue firme con su expulsión del juego y ella soltó un bufido.
—¿Allis, estás bien? —inquirió Alina acercándose a mí mientras me incorporaba.
Llevé la mano a mi nariz para asegurarme que no se hubiera roto, ya que el dolor era profundo.
—Sí, estoy bien.
Gracias a Dios no me sangraba la nariz, era un milagro con el pelotazo que había recibido.
El profesor también se acercó a mí para revisar que estuviera bien y aunque estaba segura que estaba bien, el profesor me pidió que descansara, así que tuve que ir a sentarme en un banco de las gradas mientras el juego continuaba.
No era la primera, ni última maldad que me haría aquel grupo. Ya me habían desaparecido algún libro y encerrado en el baño. Me había quedado, pero el director no hacía nada contra ellos, mucho menos los estudiantes, quienes parecían adorarlos, aunque en el fondo sabía que no era así, solo les tenían el suficiente miedo para no enfrentarlos. Era normal que tuviesen temor, yo los había enfrentado una vez y estaba llevando una racha de castigos por su parte.
Mamá y papá no conocían de todas las maldades. Si ellos se enteraban de ello, los padres de las gemelas también lo harían y ellas querían evitarlo a toda costa. Las comprendían, ya habían cambiado de escuela unas dos veces por el bullying, no quería que esa carga estuviese sobre sus padres.
Cuando terminamos las clases, Danla propuso ir a tomar un café. No era fanática a aquel líquido, pero a la cafetería que íbamos servían un café con leche deliciosa.
—¡Uy! —exclamé, sintiendo que comenzaba a faltarme la respiración cuando vi a una abeja acercarse a mí en el parqueo de la escuela— ¡Aléjate! —grité, corriendo para escapar de aquel insecto.
—Alli, es solo una abeja y ya se fue —respondió Danla mirándome como si creyese que acababa de hacer el ridículo.
Miré en la dirección donde estaba la abeja y respiré aliviada de que se hubiera marchado.
—Es que soy alérgica a las abejas —expliqué a las gemelas soltando un suspiro.
Ellas me miraron con asombro, pero no añadieron nada más. Finalmente fuimos por el café. No nos demoramos tanto, pues mamá quería que llegara temprano, seguramente quería que la ayudara en su limpieza general, la cual hacía una vez cada dos semanas, eran exhaustivas. Solo de pensar en estar moviendo los muebles de un lado a otro me quedaba sin fuerzas.
*****
Al entrar en la sala de mi casa, escuché la voz apagada de mamá hablando sobre recetas. Me acerqué a la cocina, de dónde provenía la voz y vi que estaba siendo grabada mientras hacía un platillo.
Lo que me dejó boquiabierta fue que, el hijo de la amiga de mi madre estaba detrás de la cámara. La mirada de mi madre se desvió un momento hacia mí, pero enseguida volvió a la cámara mientras daba una nueva instrucción para la receta.
Mamá se había graduado de un curso de cocina, era excelente cocinando e inventando nuevas recetas. Cuando había sido despedida de su trabajo y quedado embarazada, encontró en YouTube un nuevo hogar y fuente de ingreso. Actualmente tenía muchos seguidores, más de los que alguna vez habría imaginado, incluso había publicado un libro con sus propias recetas. Siempre me había sentido orgullosa de lo luchadora que era. Su lema era prohibido rendirse.
—Allison, ahí estás —saludó mamá girando su cabeza en mi dirección después de terminar el video—. Invité a Edward a comer y mientras te esperábamos, quiso ayudarme con mi nuevo video para YouTube, le estoy muy agradecida —añadió parándose junto al invitado mientras sostenía una sonrisa, que dejaba en claro que la señora Elisabet estaba maquinando un nuevo plan.
—Hola, Edward —saludé con una sonrisa que disimulaba mi sorpresa.
—Hola, Allison, te ves muy bien —respondió él con una sonrisa sincera.
—Gracias —contesté sintiendo como mis mejillas se enrojecían. Con mi cuerpo los elogios no eran seguidos, así que, cuando los recibía me sentía extraña.
Pedí permiso para ir a cambiarme y al llegar a mi cuarto me dejé caer sobre mi cama mientras soltaba un suspiro. Solo quería ponerme una de mis cómodas pijamas, pero no podría teniendo visitas en la casa. Solté un suspiro y tomé fuerzas para levantarme de la cama.
Después de rebuscar adelante y atrás en mi armario, me puse un vestido que tenía un corpiño negro y una falda blanca con flores del mismo color del corpiño, y me recogí el cabello en una sencilla coleta. Era una ropa bastante presentable, pero sin llegar a ser formal.
—Hasta que, al fin bajas, Alli —susurró mamá, acercándose a mí cuando aparecí en la sala nuevamente. Solo había tardado unos veinte minutos en cambiarme, no me parecía tanto tiempo—. Voy a ir al mercado de la esquina a buscar un poco de zanahorias para la ensalada, vigila los frijoles que dejé en la olla, por favor —añadió en voz alta.