Luz en Oscuridad

Capítulo 9

Salí más temprano hacia la escuela en un intento de evitar a mamá, que aún estaba enojada, no deseaba su mirada fulminante nuevamente sobre mí. Paseé por las calles, donde comenzaban a deambular las personas y pasé por unos cruasanes para desayunar, pues solo había tomado jugo antes de salir.

Al llegar al estacionamiento de la escuela quedé de piedra, pues allí se encontraba Jake agachado, pero lo impresionante era que acariciaba a un gato, con tal dulzura, que no podía creer que proviniera de él. Trataba aquella criatura como si fuese de vidrio o algún otro elemento demasiado delicado para ser manipulado.

Sus ojos se dirigieron hacia mí unos instantes después y soltó al gato, que maulló en protesta. Dejé mi bicicleta a un lado y me acerqué a Jake, quien se encontraba a una breve distancia. Al mismo tiempo este se puso en pie.

—¿Qué haces aquí tan temprano? —inquirió él con su característico tono cortante.

Podría haberle preguntado lo mismo, pero aquella no fue la interrogante que dejé escapar.

—¿Cómo es posible que puedas cuidar de un gato con tanta ternura y ser tan cruel con las personas?

Jake puso su mirada en el suelo mientras sus ojos se movían de manera inquieta como si mi interrogante hubiera generado más preguntas que respuestas. Volvió a subir su mirada escondiendo lo que le afectaba tras un manto de hielo, el que siempre demostraba y por tercera vez pude ver aquel lugar que había construido tras una enorme muralla.

—¿Por qué siento que intentas comprenderme? —inquirió dando un paso hacia mí en un intento de intimidarme, pero, no retrocedí. Lo observé desde mi postura sin cambiar mi expresión.

—Porque es lo que quiero —contesté encogiéndome de hombros mientras lo miraba directamente a los ojos—. Quiero comprender por qué actúas de esta forma tan grosera con todos a tu alrededor sin apenas conocerlos, por qué todos tus amigos y tú son crueles —respondí.

Sabía que la crueldad de los seres humanos, muchas veces no tenía un por qué o al menos, no sencillo de explicar, pero aún así, quería saberlo.

—Jamás podrías entender lo que nosotros sentimos, no has crecido como lo hicimos —respondió él entre dientes. El enojo brotaba de sus ojos como manantiales.

A continuación, se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo con mis palabras.

—Quizás no sepa cómo crecieron, pero te puedo decir que no justifica ninguna de sus acciones —contesté con firmeza—. A pesar de todo por lo que hayas pasado, siempre puedes elegir quién quieres ser.

Él se giró hacia mí nuevamente, con ojos sombríos.

—¿Qué sabrás de caminos a elegir? No sabes de daño, ni de sufrimiento. Tienes un mundo blanco y perfecto —dijo en un murmullo acusatorio y me dio la espalda nuevamente.

—Mientras busques a quien culpar por tus decisiones, nunca podrás darte cuenta de tus errores —contesté.

Esperé alguna respuesta por su parte, pero este no se volteó ni tan siquiera un poco, sino que sus pasos lo fueron alejando de mí hasta que lo perdí de vista.

Sí que sabía de daño y sufrimiento. Conocía de malas decisiones y sus consecuencias, conocía de amores y del desamor también. Todos estábamos quebrados de alguna forma, algunos más que otros y yo jamás olvidaría todo el dolor que alguna vez había provocado. Cerré los ojos mientras frases que contenían recuerdos dolorosos venían a mi mente, no para atormentarme, sino para recordarme ese pasado que no me permitía dejar de ser humilde.

«Allison, deja eso ahí», decía mi madre con lágrimas en los ojos.

«Tenemos que hablar, Ally», me pedía Heydi una y otra vez.

«¡Déjame en paz, no te soporto!», gritaba yo con una furia que nunca antes había sido mía.

«¡Cuidado!», el grito de alerta de alguien antes de aquel inminente destino.

Abrí los ojos para observar el lugar por donde Jake se había marchado. Deseaba de todo corazón que al fin abriera los ojos y se diera cuenta de sus errores, así como en su momento yo me había percatado de los míos, solo en ese instante había logrado salir de esa oscuridad que me había absorbido hasta ese instante.

El resto del día Jake fue esquivo, parecía que huía de la peste o de algún otro virus infeccioso. Me dedicaba de vez en cuando alguna mirada pensativa que disimulaba cada vez que se daba cuenta de que lo había pillado.

—Ally, pareces distraída —me dijo Alina durante la clase de Biología.

—No es nada, solo pensaba en los próximos exámenes —contesté quitando importancia, pero la verdad es que no podía dejar de pensar en mi conversación con Jake.

Siempre que veía personas como él, perdidas, sin saber hacia donde ir, mi corazón se conmovía de mil formas distintas. Dentro de mí se encendía una llama que me gritaba que debía ayudarlo.

*******
Jake
«Eres el heredero de esta empresa, nadie está por encima de ti», recordé aquella frase que siempre repetía mi abuelo mientras cerraba mi casillero con enojo. Esa frase que debería haber traído comodidad a mi vida, pero solo me había causado problemas.

¿Cómo se atrevía Allison a cuestionar lo que alguna vez había aprendido por las malas? Ella fingía saber mucho del mundo, y comprender a todos, pero dudaba que con la inocencia que salía por cada uno de sus poros pudiera comprender la oscuridad que habitaba en mí. La odiaba por querer entenderme sin conocer nada de mí y al mismo tiempo tenía miedo que descubriera mis fantasmas.

—Hola, Jake —saludó Katherine enganchándose a mi brazo mientras me dedicaba una mirada coqueta, en la que yo siempre veía falsedad.

¿Amigos? Yo no tenía amigos, solo futuros socios que compartían parte de mi pasado y futuro. A todos nos habían enseñado que las personas solo eran transacciones o mercancía, por lo que, sabíamos con claridad que papel desempeñaba cada uno en la vida del otro.

—Hola, Katherine —saludé con intento de voz neutra, aunque pude percibir que había dejado escapar algo de mi enojo, pero ella ignoró ese matiz.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.