Luz en Oscuridad

Capítulo 10

Llegué exhausta a la escuela, mi bicicleta se había roto y había tenido que tomar el autobús, lo que había significado tener que soportar las bromas de los otros estudiantes, que si bien no sobrepasaban las de Jasper, me molestaban. Guardé las cosas que no necesitaba en mi casillero y me dirigí a la clase de Biología. Era horrible que nos tocara la clase de disección, no me parecía necesario tener que abrir a un pobre sapo solo para ver sus órganos internos, los cuales ya estaban retratados casi a detalle en los libros. Los seres humanos podían llegar a ser crueles en muchas ocasiones y esta era una de ella.

El profesor comenzó dando una pequeña explicación de cómo debíamos realizar la disección, y con cada una de sus palabras, me sentía peor.

—¿Quieres que lo haga por ti? —inquirió mi compañera de laboratorio al tiempo que me lanzaba una mirada de compasión.

—Sí, por favor, solo de pensar en hacerlo, me pongo verde —contesté mirando al pobre sapo que descansaba, ya muerto, en nuestra mesa, y mi compañera soltó una suave risita.

Miré en otra dirección para evitar cuanto pudiera la masacre que haría mi compañera de laboratorio y mis ojos se fijaron en Jake, quien se encontraba unas mesas por delante de la mía. Desde nuestro enfrentamiento se había mantenido algo distante, pero, a pesar de ello, sentía que cada vez estaba más cerca.

De repente, su compañero de mesa, alzó el sapo con la intención de lanzarlo a la chica que se hallaba en la mesa de su lado, pero antes de que pudiera llevar a cabo su plan, fue detenido por Jake, quien sujetó su mano y le lanzó una mirada que hizo que este casi temblara. Sonreí levemente ante su gesto, quería creer que sus actitudes estaban cambiando, pero mi expresión se volvió seria cuando este posó su mirada sobre mí y desvié mis ojos con nerviosismo, no quería que supiera que lo estaba mirando.

Con horror observé el baño de sangre que había hecho la chica a mi lado, no obstante, tuve que fingir interés o el profesor Marcus me regañaría.

—Debieron ver como llevaba los pelos —dijo Danla entre risas mientras nos relataba como su compañero de laboratorio había terminado cubierto por sangre al intentar hacer la disección.

Solté una carcajada al imaginarlo, y aunque estaba segura de que no hubiera sido de mi agrado presenciar aquella escena, sí que era en cierto modo graciosa.

—¿Hoy irán a la pista de patinaje? —inquirí cambiando de tema.

Había conseguido un trabajo de medio tiempo en una pista de patinaje cerca de la escuela. Trabajaba después de la escuela y podía emplear el dinero para ayudar a mis padres. No era que estuviéramos hasta el cuello, pero me gustaba tener mi libertad económica.

—Por supuesto, solo que iremos un rato más tarde, porque tenemos clases de Educación Física y no quiero ir sudada hasta allí —explicó Alina.

Después que entregara mi turno en el trabajo podríamos patinar y pasar un rato alejadas de la escuela. La verdad es que salía muy poco desde que me había mudado y una distracción de la escuela convenía de vez en cuando.

Luego de terminar las clases, salí de la escuela. Estaba decidida a tomar un taxi para llegar al trabajo, ya que en autobús no tendría tiempo de tomar un descanso, mi turno empezaba en menos de media hora.

Salí disparada hacia la calle en busca de un taxi. En ese momento vislumbré el color amarillo entre los vehículos. ¡Era un taxi, y era mío!

Me acerqué a la orilla de la asera lista para sacar mi mano cuando escuché de repente un zumbido a mi lado. Mis pulmones se contrajeron mientras el oxígeno dejaba de circular por ellos, no podía creer que lo que mis oídos escuchaban era una abeja. Moví mi cuello lentamente hasta que vi aquellos colores tan característicos del insecto.

—¡Una abeja! —grité mientras el pánico se apoderaba de mí al tiempo que echaba a correr.

De repente me vi desprovista del suelo, lo que me hizo tropezar en dirección a la avenida. Antes de caer, alguien me sostuvo por la espalda ayudándome a reincorporarme y me encontré cara a cara con Jake, él era mi salvador.

—¿Estás bien? —inquirió él paseando su mirada por mi rostro.

Lo miré mientras intentaba aplacar la agitación de mí. Casi no comprendía lo que había pasado. Todo había sido tan rápido que estaba desconcertada. Solo entendía que de alguna forma Jake me había salvado de morir atropellada.

—Sí, muchas gracias —contesté con un asentimiento de la cabeza, y solo entonces, me liberó de su agarre y dió un paso atrás.

—¡¿Cómo se te ocurre correr como una loca?! —exclamó él volviendo a su actitud hosca.

Lo miré con desconcierto, en un momento hablaba tranquilamente y al otro ya estaba gritando.

—Yo...yo ví una abeja —respondí señalando el lugar dónde antes había visto a aquel ser diminuto—. No quería que me picara —añadí mientras los recuerdos del hospital y la anafilaxia me llenaban de un temor que no estaba dispuesta a admitir.

La mirada de Jake se suavisó y fue tan increíble que mi estómago se llenó de revoloteos.

—¿A dónde ibas? —inquirió con voz más relajada.

—A la pista de patinaje. Estoy trabajando allí —respondí al tiempo que llevaba una de mis manos hasta mi estómago para que aquellos revoloteos terminaran.

—Te llevo entonces —resolvió Jake.

—No quiero molestarte —respondí negando con la cabeza.

No era prudente irme con él, tanta amabilidad de su parte era demasiado extraña como para confiar. Por el lado positivo, no me gastaría el dinero del taxi, pero la prudencia me decía que era una locura hacerle caso a uno de los matones de la escuela.

—No me molesta, yo también voy a la pista —contestó con una mirada que me dejaba claro, que no estaba dispuesto a ceder. Me causaba demasiada confusión que el chico que hasta el momento había intentado librarse de mí, ahora insistía para llevarme.

Finalmente tuve que ceder, pues estaba claro que él no lo haría y ya había perdido demasiado tiempo.




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