Las semanas pasaron rápidamente o tal vez eso me pareció. Los diciembre siempre se iba a toda velocidad mientras que enero llegaba con la lentitud de un caracol. Jake poco a poco se iba recuperando.
Gracias a Dios, llevaba casi dos meses libre de drogas y asistiendo a las sesiones para adictos en la Iglesia. Yo había sido una de las testigos más cercanas de todo su proceso. En el grupo de apoyo, no solo les daban charlas, los ayudaban a buscar un trabajo y una actividad o varias, que pudiera sustituir la sensación de satisfacción de las drogas. Incluso allí, habían muchos que ni siquiera iban a la Iglesia, pero allí estaban e incluso con el tiempo, muchos se habían convertido mucho después.
A veces pasábamos tiempo juntos en mi casa orando, estudiando la palabra y en otras ocasiones estudiando para la escuela.
Alina y Danla también nos acompañaban en los estudios. Al principio habían mantenido su distancia, pero poco a poco el rencor iba quedándose atrás. No era una gran amistad, pero era una cercanía que poco a poco iba perdiendo incomodidad.
Por otro lado, después del incidente en la escuela, Aiden había vuelto a desaparecer, imaginaba que al no conseguir sus objetivos, había desaparecido. Esperaba que no muriera y pudiera escapar de ese mundo tan horrible en el que se encontraba. Jasper, por su parte, se había vuelto más insoportable desde que Jake se había alejado de su lado, aunque se limitaba la mayoría de las ocasiones a insultarnos, pues la escuela ya no cubría sus malos actos. La realidad es que solo podía sentir pena por él, estaba casi solo. Oraba para que en algún momento se diera cuenta de lo equivocado que estaba.
—Aquí tienen —dijo mamá dejando algunos dulces sobre la mesa de la sala, dónde habíamos montado nuestro centro de estudio.
Nuevos exámenes se acercaban pronto y lamentablemente tenía que seguir estudiando. ¿Por qué eran necesarios tantos exámenes? Ya estaba aburrida de estudiar.
—Gracias, mamá —dije mientras tomaba uno de los dulces de la mesa mientras ella se marchaba hacia el sillón a ver la televisión, aunque sabía que de vez en cuando nos vigilaría, pues, en esta ocasión nos encontrábamos solos Jake y yo.
—Deberías hacer un poco de dieta —sugirió Jake mientras me quitaba mi rico dulce de la mano antes de que pudiera probarlo.
Lo miré con los ojos entrecerrados tratando de matarlo así.
—Eso no se dice, Jake Olsen —susurré mientras mis ojos eran lanzas, pero parecía no afectarlo.
—Sí es necesario, cuando no haces ejercicio —respondió dirigiendome una mirada que me dejó sin aliento. ¿Por qué siempre me afectaba tanto? Nunca lo admitiría—. No te pido que cambies tu figura, pero sí que cuides el peso que ya tienes —añadió tomando el plato por un extremo para jalarlo hacia él, pero lo detuve poniendo mi mano en el plato.
—Haré ejercicio, pero no dejaré de comer dulces —respondí con una sonrisa al tiempo que jalaba suavemente el plato.
Jake se quedó observandome un instante, como si no me creyera y finalmente soltó el plato y seguimos estudiando. Mientras seguía escribiendo en la libreta, podía sentir su mirada sobre mí y aquello me causaba escalofríos.
—Allison —dijo Jake luego de un rato y al levantar la cabeza me encontré con su expresión seria—. Voy a irme a Londres —añadió.
Parpadeé varias veces sin entender qué decía. ¿Había escuchado bien?
—¿Viajar? ¿Por qué?
Jake tomó una bocanada de aire y soltó un suspiro luego.
—Mi padre ha insistido mucho en hablar conmigo —explicó con la mirada fija en la mesa. Era cierto, aún podía recordar todas las llamadas que había rechazado durante su recuperación, pues él era el detonante de su consumo. Su padre era la representación de todo su dolor—. Me he resistido porque él ha sido la principal fuente de mi sufrimiento, pero finalmente decidí que lo mejor es ir y resolver nuestras diferencias.
Esta vez fui yo quien bajó la cabeza. En ese instante miles de preguntas se aglomeraron en mi cabeza. ¿Se marchaba? ¿Era tiempo para irse? ¿Qué sucedería con su adicción? ¿Estaba preparado para enfrentarse al viaje?
—Quisiera que me acompañaras al aeropuerto. Me voy pasado mañana —pidió tomando mi mano y entonces levanté la mirada hacia él. Era muy rápido, creí que el viaje sería dentro de unas semanas o tal vez un mes.
Sus ojos reflejaban nerviosismo y me suplicaba que aceptara, o por lo menos lo veía así. No pude evitar responder con una pequeña sonrisa:
—Claro que iré a despedirte.
Tenía miedo de que se marchara y volviera atrás, que volviese a ver a Jake en aquel estado que lo había dejado las drogas. Sin embargo, me callé todas mis inseguridades y apreté el enlace de nuestras manos para darle la seguridad que él necesita en ese momento.
—¿Irás sólo? —inquirí.
—No, mi madre se ofreció a acompañarme, por lo menos los primeros días —respondió negando con la cabeza.
No sabía si aquella decisión le haría bien o mal, pero me gustaba que no estuviera solo en un momento tan duro. Mi corazón se alegraba al saber que su madre hubiese recobrado su interés por ayudar a su hijo. Era triste que hubieran tenido que pasar por tantas cosas para que ella se diera cuenta del daño que le había hecho a Jake.
Continuamos hablando sobre el viaje, Londres era una ciudad que sólo había conocido por revistas y vídeos que había visto, y según Jake, él tampoco la había visitado, al menos que él se acordara. Aún no estaba definido cuanto tiempo se quedaría allá, pero posiblemente fuese por un largo tiempo.
Aún cuando dejamos el tema, mi mente se mantuvo pensando en ese viaje. Tal vez, no debía preocuparme, pero no podía evitar el pinchazo que sentía mi corazón al pensar en la posibilidad de que Jake retrocediera en su tratamiento.
Cuando bajé en la tarde al salón, me encontré con mi padre, quien, enseguida me hizo un gesto para que me sentara a su lado, él me conocía demasiado bien. Me senté junto a él y después de soltar uno de los múltiples suspiros que había estado conteniendo durante mi tiempo con Jake, le conté sobre el viaje, mis miedos e inseguridades, con él podía ser transparente en todos los sentidos.