Luz en Oscuridad

Capítulo 26

2 años después...
Miré a Jake desde la distancia mientras la alabanza sonaba y los jóvenes danzaban para Dios. Él se encontraba en una esquina cerca de la puerta casi sin ser visto. Mi piel estaba fría como una rana, porque sabía que en el momento en que terminara la alabanza tendría que pararme frente a todos los jóvenes para hacer mi primera predicación y aunque estaba ansiosa por hacerlo, no era tan fácil. Jake me sonrió desde la distancia y me guiñó un ojo. Aquello me bastó para sentir su apoyo.

Finalmente pasé al frente para pararme en el púlpito y desde aquella posición todo era demasiado grande para una persona tan pequeña como yo. La Iglesia parecía alargarse cada vez más, como si hubiera comenzado a crecer de repente.

Tomé aire para calmarme, dirigí mi mirada hacia arriba y en un rápido movimiento fijé mis ojos en la palabra. Si volvía a mirar a todos los que estaban pendientes de mí, posiblemente no podría hablar.

—Buenos días, hermanos —Fue mi primera frase en un intento de aplicar mis nervios—. Les invito a buscar en sus Biblias la palabra en Isaías 2: 5 y dice así "Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová" —añadí.

Seguidamente oré para que la palabra fuera eficaz y llegara a los corazones de todos los presentes. Al principio comencé un poco más apoyándome de la guía que había hecho, pero a medida que avanzaba en mis palabras iba tomando confianza y las palabras fluían de manera rápida, pero eficaz.

—Jóvenes, hoy quiero hablarte acerca de la luz, pero no cualquier luz, sino la de nuestro Dios, una luz que guía e ilumina en medio de la oscuridad que muchas veces atravesamos. Quiero enfocar este mensaje de dos formas distintas. El primer enfoque en el mundo, porque en el mundo hay muchos pecados y no me refiero solamente a lo que sucede de esa puerta para fuera —dije señalando la entrada de la Iglesia—, porque podemos estar sentados aquí, pero tener el mundo dentro de nuestros corazones. A veces estamos luchando con la envidia, el amor por un no creyente, adicciones de que no son precisamente drogas o que pueden serlo, y muchas veces queremos luchar solos, pero no podemos y hoy yo te digo: ¡Ven, joven, caminemos a la luz de Jehová! ¡Esta es la única forma en que puedes ser libre del mundo que existe en tu interior!

» En segundo, lugar, quiero decirte, que, si te has librado del mundo, ayudes a los que necesitan venir a la luz, porque la única forma de salir de la oscuridad es su luz —continué con mayor seguridad mientras señalaba la cruz—, que nos ha sido dada para que iluminemos a otros, así que, levántate joven que hoy estas aquí y se la luz que guía hasta la que quita toda oscuridad, porque si no haces esto, de nada te sirve estar sentado aquí. Es nuestro deber iluminar, porque si no lo hacemos quiénes somos realmente. ¿Estamos siguiendo realmente al Dios vivo?

Continué con mi predicación, que no fue muy larga, aunque me pareció eficaz. Aquellas palabras formaban parte de mi vida y de quien había decidido ser. Terminé aquella predicación envuelta en lágrimas, rodeada del poder de Dios, un poder que quebranta el corazón.

Cuando mis ojos se fijaron en los jóvenes que allí estaban vi que muchos estaban llorando y otros con los ojos cerrados. Dios estaba allí tocando corazones, el

Finalmente llamé al frente a quienes venían por primera vez a la Iglesia y quisiese aceptar a Cristo, aunque la mayoría de los rostros me parecían conocidos. Caminé entre los bancos de la Iglesia en busca de rostros desconocidos hasta que me topé con uno que sí me era conocido, no obstante, no era de la Iglesia. Katherine estaba sentada en uno de los bancos con una figura muy diferente a como la había conocido. sabía que debíamos hablar, que sus ojos cansados no significaban nada bueno, pero también pude ver una súplica para que no la revelara frente a todos. Miré a Jake para saber si se había dado cuenta y este asintió. Sabía que debía impedir que ella huyera, no podía dejarla ir así.

Al final continué con el culto, y una vez este terminó, me acerqué a Katherine, quien había permanecido en el banco.

—Hola, Allison —saludó ella con una voz trémula.

—Hola, Katherine —respondí intentando sonreír— ¿Cómo has estado?

Ella guardó silencio mientras su mirada se enfocaba en sus zapatos de tacón. Katherine no había perdido su estilo sofisticado, pero sí su modo altivo y su maquillaje intentaba ocultar sus ojeras, pero allí estaban.

—No he estado para nada bien —respondió levantando la mirada, sus ojos estaban llenos de lágrimas—. Me casé con un hombre para escapar de casa... parecía bueno y me hizo miles de promesas, que pronto se convirtieron en promesas vanas... Aún vivo con él porque no tengo a dónde ir, pero estoy cansada de que me engañe y sea un alcohólico que llega a casa cada noche borracho —añadió con la voz quebrada.

—Katherine...

—Si estoy aquí es porque ya no puedo más —respondió con los ojos al punto de las lágrimas. La abracé fuerte para darle apoyo y sentí como comenzó a llorar desconsoladamente— Ya no tengo las fuerzas para seguir viviendo. Estoy aquí en busca de una esperanza, porque he pensado en quitarme la vida muchas veces —susurró ella entre sollozos.

—Viniste al lugar correcto —respondí al tiempo que le daba unas palmaditas en la espalda.

La abracé por un largo rato, mientras dejaba que ella llorara. No podía imaginar lo duro que era aquello para ello.

Cuando nos separamos, Jake se acercó a nosotras. Le ofrecí aceptar a Jesús como su Señor y Salvador, pero a pesar de todo negó con la cabeza. Aquello me decepcionó un poco, pero no me rendiría, que hubiera venido en busca de ayuda era un paso importante.

Jake, le ofreció un hospedaje en el centro de acogida, y aunque al principio se negó, después aceptó. Sabía que ella lo necesitaba, aunque quisiera negarse a ayudarla. Jake mismo se encargó de llevar a Katherine al lugar donde se quedaría.




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