Soy un alma que vaga,
un alma perdida,
sensible, intentando sobrevivir
al caos del mundo.
Me dirán cobarde,
me dirán frágil,
pero jamás podrán decir
que lograron apagarme.
Nada puede destruirme.
Yo lo hago cada día.
Nadie puede herir lo que ya está roto...
y aún así, sigue siendo luz.
No busco salvación,
busco calma.
Poder aprender a vivir entre la oscuridad
sin volver a caer.
Y aun perdida,
poder encontrarme.
Vivimos en un mundo injusto. No es novedad.
El verdadero cambio es ser justo con uno mismo.
El mundo se pudre,
y todo lo que toca lo arrastra.
Yo quiero estar fuera de ese alcance.
Quiero ser parte de la naturaleza:
que, incluso herida por el humano,
sigue floreciendo,
una y otra vez.
Me enoja pensar que el odio gana
y no el amor.
Que es más fácil juzgar
que comprender.
Que muchos no son quienes dicen ser,
que todo se finge
y confiar cuesta cada vez más.
Pero siempre fui leal a mi intuición.
Siento las energías,
las miro a los ojos,
y confío
en mí.
Sigo en este mundo por inercia.
Camino con los pies descalzos
sobre un piso lleno de vidrios,
pero no pienso frenar.
¿Soy sensible y frágil?
Entonces ¿por qué me siento tan fuerte?
Si veo la tristeza del mundo
¿por qué quiero aprender a vivir en ella?
Me emociona cada gesto,
cada palabra en el aire.
Mis ojos se llenan de lágrimas,
pero no logran caer.
Pero vivo con la voluntad intacta,
con la fe de aprender a ver la vida
de otra forma.
Y aun sabiendo
que el mundo nunca dejará de doler...
elijo quedarme.
Sé que no soy perfecta,
y no intento serlo.
Solo quiero ser mejor.
Aprender de mis errores
y de mis caídas.
Tengo fallas
de las que después me arrepiento.
Eso me hace humana.
No nace desde la maldad,
sino desde el desgaste.
Me desbordo fácil,
emocionalmente.
Es una lucha diaria conmigo misma.
Es difícil,
pero aun así
trato de repararme.
Tengo mis tormentas,
también la calma.
Cambio cada día,
a cada momento.
Vivo en la dualidad:
mi mente nunca se detiene,
nada me entretiene
cuando todo me distrae.
No busco encajar.
No busco amor.
No busco compasión.
Busco encontrar el camino.
No sé adónde quiero llegar,
solo sé
que quiero llegar.
No siento que exista,
no siento que viva.
Solo sobrevivo.
El mundo gira
y yo no puedo seguirle el paso;
la vida avanza
y sigo en el mismo lugar.
Lo poco que tengo para no hundirme
es lo simple y lo hermoso:
la música, los libros, los animales, la naturaleza...
y estas palabras que escribo
con el corazón ardiendo.
Busco crear sabores que me hagan sentir.
Amo la comida, porque por un instante
me devuelve la felicidad.
Amo el sonido del agua,
la lluvia que cae y borra lo malo.
Me gusta el pasto bajo mis pies,
porque ahí encuentro paz.
Pero también,
para sobrevivir...
para sentirme viva...
a veces busco el dolor.
Hago lo contrario
de lo que deseo.
Me autosaboteo,
me lastimo,
me perjudico.
Soy mi peor enemiga
y al mismo tiempo
mi mejor compañía.
¿Quién podría entenderme,
si ni yo misma
termino de hacerlo?
Nadie enseña a vivir
cuando la esperanza sangra.
Nadie te explica
cómo sostenerse
cuando tiembla el alma.
A veces creo que la vida
no me está esperando...
y aun así camino
como si pudiera alcanzarla.
Tengo miedo de soltar,
pero más miedo de quedarme quieta.
Si la herida habla
es porque algo en mí
todavía quiere ser escuchado.
No todo dolor es enemigo:
hay dolores que avisan
que aún sigo viva,
que mi historia
no terminó.
Porque incluso si mi luz parece muerta...
debo admitirlo:
todavía arde.
Montevideo, 28/11/25
✦