Luz Sangrante Sombra Amante

2.- «ℰl trato»

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El demonio observó la habitación con desdén. El desorden, los papeles arrugados, el sonido lejano de los pájaros... todo parecía ridículamente mundano. Y aun así, era preferible al infierno. "Me gusta este lugar",pensaba mientras acariciaba la madera del escritorio con las yemas de sus dedos.

— Supongo que ya no tengo que aclarar lo que soy, ¿verdad? — suspiró profundamente. Sus hombros estaban tensos, su voz era grave. — No vine a arruinar tu piadosa vida, hermana. Vine a construir la mía. El mundo humano... es un paraíso comparado con allá abajo.

Usó el título como burla. Lo sabía.

Sora bajó la mirada a su mano cerrada. En su palma, el collar roto. Su voz, cuando habló, sonó controlada, pero afilada.

—Eres un fugitivo.

No era una pregunta. Era un juicio. Su rostro seguía imperturbable.

¿Y piensas que puedes esconderte aquí, entre nosotros?

Retrocedió un paso, sin soltar el collar. La tensión en sus ojos y en su ceño era nueva.

Este mundo también muerde, demonio. Crees que puedes adaptarte... pero lo terrenal es más cruel de lo que imaginas.

Una sonrisa sombría cruzó sus labios.

Aunque supongo que eso ya lo sabes. Por eso estás aquí.

Sora lo observó un instante más. Luego, con tono neutral:

—¿Cómo te llamas?

El demonio ladeó la cabeza. Algo parecido a un poco de diversión y sorpresa cruzó su mirada.

—Mi nombre...

Se detuvo. Luego, como si pesara cada sílaba, lo dijo en voz baja.

—Sonriun.

hubo un pequeño silencio,su nombre flotando entre la tensión.

¿Y tú qué harás, hermana? —dijo luego, con una sonrisa ladeada—. ¿Me denunciarás? ¿Llamarás a los santos para que me purifiquen con un balde de agua bendita?

Dio un paso al frente. Su presencia llenó la habitación como una sombra cuando no hay luz que la aparté.

¿O vas a guardar mi secreto?

El tono era más que burla. Era una advertencia.

Sora no retrocedió. Al contrario, levantó la barbilla con calma.

¿Delatarte? ¿A quién le importa? Aquí solo soy un sirviente. Nadie me escucharía.

Avanzó hasta quedar casi frente a él.

Pero, digamos que guardo tu secreto. ¿Qué gano yo?

Levantó la mano con el collar roto, sin tocarlo. Era claro lo que el gesto decía: No tengo miedo.

Sonriun se quedó en silencio. Luego soltó una mueca que no era ni sonrisa ni desprecio.

Tienes agallas para alguien que vive a base de pan sin sal.

Caminó unos pasos, dándole la espalda. Dudaba. Luego habló más bajo, como si pensara en voz alta.

No vine a dar libertades,apenas salí de el infierno, arrastrándome como una rata. Solo quiero que no me encuentren. Ni los tuyos, ni los míos, ni los del Cielo. Si tú puedes hacer eso,no lo sé, con magia...

Volvió hacia él. Sus ojos ardían como brasas agonizantes.

...entonces te sacaré de aquí. No saldrás ileso, pero saldrás libre.

Se acercó, ahora más cerca que nunca. Su voz fue un susurro áspero.

¿Trato hecho, monjita?

El silencio entre ambos era denso.

Sorath lo miró. Lento, deliberado, se quitó el velo del hábito. Lo dejó caer como si dejara atrás una vida entera.

La palabra "libertad" sonó como una campana en su interior,llamándolo inmediatamente.

Su cabello pálido cayó como el mar ondeando. Sus ojos, firmes. Su voz, clara,simple. Contundente.

—Sí. Tenemos un trato.

Los ojos de Sonriun se abrieron un poco. No de respeto. De otra cosa.

El cabello blanco, la piel translúcida, esos ojos como hielo sobre agua... Era inquietante. Hermoso. Demasiado hermoso.

...Vaya —murmuró, sorprendido sin querer—. Con razón te escondías...

Lo observó. Algo no encajaba.

Frunció el ceño.

Tú... tú eres una mujer, ¿cierto?

Su voz no era segura. Más bien, dudosa. Su mirada volvió a cruzarse con la de Sora.

El silencio fue inmediato. Pero no vacío. Tenso. Denso.

La mirada de Sora no se desvió. No parpadeó. Solo sonrió.

Una sonrisa fría.

Como una hoja afilada envuelta en terciopelo.

Y entonces, lentamente, alzó una mano hacia su oreja izquierda…
Y la reveló.

Puntiaguda.

Delicada.

La luz tenue la iluminó apenas, como si supiera que estaba presenciando un secreto que no debía ver la luz del día.

Sonriun enmudeció.

Su rostro cambió. El sarcasmo desapareció.

Ya no veía a un humano.

Lo que tenía frente a él… no pertenecía a este mundo. No era de esté mundo.

—Tú… —empezó a decir. Pero la palabra se le quebró en la garganta.

Sora bajó la mano. El velo en el suelo. La cruz aún atrapada en su palma.

—Ahora entiendes por qué debo esconderme —dijo. Su voz, tranquila. Perturbadora.

Y entonces, Sonriun sonrió. No con burla. Con algo que parecía respeto o entendimiento.

—Vaya, elfo... —dijo al fin—. Eres incluso más fugitivo que yo.

Fin... Continuara con el capítulo 3.




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